En un artículo publicado en su blog Web of Debt el 27 de junio, la abogada estadounidense Ellen Brown, fundadora del Public Banking Institute, prolífica autora de esclarecedores libros y artículos sobre el problema global de las deudas públicas, comenta la solución “mágica” y silenciosa encontrada por Japón para resolver el suyo: simplemente “cancelar” una buena parte de la deuda.
El truco es relativamente simple, aunque exija una considerable dosis de voluntad política para contrariar la hegemonía de la alta finanza global en las políticas públicas de la mayoría de las naciones. Brown explica:
“Japón parece haber encontrado una (alternativa). Mientras que el gobierno de los EUA está ocupado inflando su deuda ‘soberana’ y los intereses debidos a ella, Japón ha cancelado su deuda a una tasa de 720 mil millones de dólares (80 billones de yenes) por año. ¿Cómo? Vendiendo su deuda a su propio banco central, el cual devuelve los intereses al gobierno. Al paso que la mayoría de los bancos centrales cerraron sus programas de facilitación cuantitativa y está planeando vender sus propios títulos federales, el Banco de Japón sigue comprando agresivamente la deuda de su gobierno. Y una deuda libre de intereses, debida a sí misma y rolada año tras año, es efectivamente nula –un ‘jubileo’ de la deuda. Como lo observó el administrador de fondos Eric Lonergan en un artículo de febrero de 2017:
“El Banco de Japón está en proceso de tener la mayor parte de la deuda pendiente del gobierno de Japón (actualmente, tiene cerca del 40%)). Las acciones del BdJ son parte del balance consolidado del gobierno. Así, las acciones son, de hecho, el equivalente contable de una cancelación de la deuda. Si yo recompro mi propia hipoteca, yo no tengo una hipoteca.»
“Si la Reserva Federal siguiese la misma política y comprase 40% de la deuda nacional de los EUA, la ‘Fed’ estaría en posesión de 8 billones de dólares en títulos federales, tres veces el valor de los activos resultantes de sus programas de facilitación cuantitativa. Ocho billones de dólares en dinero creado ¡por una tecla de computadora! Los monetaristas quedarían horrorizados. Seguramente, ¡eso provocaría una hiperinflación sin control!
“Pero si la experiencia de Japón sirve como indicador, esto no pasaría. Japón tiene una tasa de baja inflación récord, 0.02%. No es 2%, la meta de inflación de “Fed”, sino 1/100 del 2 por ciento –casi cero. Igualmente, Japón tiene una tasa de desempleo de 2.8%, la más baja en 22 años y, en abril de 2017, el yen estaba en una alza anual de casi 6% frente al dólar.
“Vender la deuda del gobierno a su propio banco central no fue lo bastante para elevar los precios japoneses, aunque esta fuera una intención manifiesta del BdJ. En cuanto a esto, la economía va bien (…).
“Esto no significa que todo es idílico en Japón. Cuarenta por ciento de los trabajadores japoneses no tienen empleos seguros de tiempo integral, pensiones y seguros de salud adecuados. Pero el argumento aquí es que la emisión del banco central de dinero digital en gran escala, usada para recomprar la deuda el gobierno, no causó inflación en los precios, la supuesta preocupación que ha evitado que otros países hagan lo mismo. La facilitación cuantitativa, simplemente, no causa inflación a la oferta de dinero circulante. En Japón, como en los EUA, la FQ (QE, en inglés) es apenas un cambio de activos que ocurre en las cuentas de reservas de los bancos. Los títulos del gobierno se cambian por reservas, que no pueden ser gastadas o prestadas en la economía de consumo, solamente ser prestadas a otros bancos o usadas para comprar más títulos gubernamentales.
“El Banco de Japón está bajo fuertes presiones para juntarse a los otros bancos centrales y comenzar a abrir la oferta del dinero, revirtiendo los ‘acomodos’ hechos después de la crisis bancaria de 2008. Pero el está manteniendo firme y llevando adelante su programa de títulos. (…)
“En lugar de relajar sus compras de títulos, los otros bancos centrales bien podrían seguir la lección de Japón y cancelar sus propias deudas de los gobiernos. Entramos a un nuevo siglo y a un nuevo milenio. Antiguas civilizaciones celebraban un cambio de guardia con una amplia cancelación de las deudas. Es hora de un jubileo del siglo XXI para las aplastantes deudas de los gobiernos, que podrían, entonces, trabajar para asegurar algún alivio de las deudas para sus ciudadanos”.

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