Foro de Astana discute nuevas coordenadas económicas

El Foro Económico de Astana no tiene la atracción ni la publicidad de su homónimo de Davos, que hace más de tres décadas se ha exhibió como el símbolo de la “globalización” de la economía mundial. Quizá, no muchos localicen de inmediato el lugar donde se viene realizando desde hace cinco años, la capital de Kazajstán. Sin embargo, en su quinta edición, realizada entre el 21 y el 25 de mayo pasado, bajo el tema general “Las transformaciones económicas globales: desafíos y perspectivas”, el evento reunió a más de 8 mil personas, con 2 mil delegados de 92 países, entre políticos, empresarios, científicos, académicos, periodistas y especialistas de diversas áreas con la finalidad de debatir sobre la necesidad de nuevos marcos de referencia para la reconstrucción de la civilización global, sacudida por la crisis económico-financiera.

Entre los participantes, se encontraban 11 laureados con el Premio Nobel, siete de Economía (Robert Mundell, John Nash, Robert Aumann, Eric Maskin, Finn Kydland, Christopher Pissarides y Edward Prescott), tres de Química (Ada Yonath, Roger Komberg y Kary Banks Mullis) y uno de Medicina (Richard John Roberts).

En el área política, además del presidente anfitrión Nursuitan Nazarbayev, se destacaron el premier turco Recep Tayyip Erdogan, el premier de Georgia Nika Gilauri, el presidente de Ecuador Rafael Correa, el ex-premier italiano Romano Prodi, el ex presidente alemán Horst Köhler, el ex-presidente polaco Alexander Kwasniewski, entre otros.

Los periodistas Lorenzo Carrasco, presidente del consejo editorial de este informativo, y Paolo Raimondi, nuestro corresponsal en Roma, participaron en el Foro, como conferencistas en la sesión sobre “Una nueva moneda de desarrollo”, coordinada por Yuri Gromyko, director del Instituto de Estudios Avanzados de la Academia Rusa de Ciencias.

Las discusiones, divididas en 55 sesiones temáticas, tuvieron como directrices fundamentales el establecimiento de un pronóstico para la crisis sistémica global y la búsqueda de nuevas coordenadas para su superación, en base a lo que el presidente kazajstanés Nazarbayev llamó “principios globales”: evolución, en vez de revolución; justicia, igualdad y consenso; tolerancia y confianza global; y multipolaridad constructiva. Las conclusiones generales del evento serán presentadas en la próxima cumbre del G-20 en Los Cabos, México a celebrarse entre el 19 y 20 de este mes de junio.

El pensamiento constante fue destacar la necesidad del establecimientos de un nuevo paradigma de desarrollo socioeconómico en escala global, un nuevo “lenguaje de desarrollo”, el cual permita la transición hacia una nueva arquitectura financiera en una situación donde el dólar norteamericano deje de detentar la hegemonía global como moneda de referencia. En este contexto, se discutió la exigencia de que las relaciones económicas e internacionales se basen en un “principio de justicia”, como lo resaltó Carrasco en la sesión sobre “Moneda de desarrollo”.

Los nuevos conceptos necesarios incluyen la selección de nuevos parámetros de evaluación del desarrollo, y una nueva moneda de referencia. No obstante, a pesar del consenso de que el dólar no responde más a las necesidades del comercio global y de la economía internacional, se dejó observado que los círculos de poder que gravitan en torno de la hegemonía del “sistema del dólar” se empeñan en preservar el status quo con el recurso de la fuerza, inclusive, con una desestabilización del euro, lo que daría una sobrevida a la posición de poder de la moneda norteamericana y haría más difícil su sustitución por una canasta de monedas.

Estos nuevos criterios de evaluación no son solamente monetarios, sino que deben incluir también factores como: tasa de inversiones en investigaciones y desarrollo; consumo energético; flujos de bienes; creación de nuevos espacios de desarrollo, etc.

Un de los eventos más destacados en el Foro fue la discusión en torno al papel de los grandes proyectos de infraestructura como “motores” de un proceso de superación de la crisis y el establecimiento de nuevos paradigmas de desarrollo. Entre aquellos, el más citado fue el Corredor de desarrollo Transeuroasiático (TCD, en inglés), fajas territoriales de 100-150 kilómetros de tamaño, establecidas a lo largo de ejes de infraestructura moderna de transportes, energía, comunicaciones y servicios de agua, salud y educación, con la construcción de nuevas ciudades planeadas, que pueda funcionar como un proceso catalizador de desarrollo en toda la vasta región euroasiática, de China a Europa, vía Asia Central y Rusia.

Se identificaron tres ejes básicos en el TCD: el eje norte, en torno a la modernización de la Ferrovía Transiberiana; uno central, a través de Kazajstán; y el eje sur, conectando a China con Turquía. También se evaluó el proyecto de enlazar a Siberia con América del Norte, mediante un túnel bajo el estrecho de Bering. La tecnología preferente para establecer los ejes de transporte es la de los trenes de levitación magnética (Maglev), dominada por China, país que tiene actualmente la red más extensa del mundo en esta modalidad.

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