Crisis: Se necesita ir más lejos

Día tras día, se acumulan evidencias de que la crisis sistémica que se cierne sobre la estructura financiera y monetaria de la “globalización” se aproxima a una etapa terminal. A partir del 2008, los mentores de la financierización de la economía mundial calcularon que podrían respaldar el casino global con billones de dólares y euros de los gobiernos nacionales. Pero la crisis llegó a las principales economías, en condiciones solamente antes vistas en naciones subdesarrolladas. La realidad es que en Europa y en los EUA, el agravamiento de la crisis acecha como un torbellino en alta mar.

Está situación propicia que próceres de la alta finanza global propongan medidas impensables. Una de ellas, sugerida en un Working Paper del Fondo Monetario Internacional (FMI), en agosto último, sería una reedición del llamado “Plan de Chicago”, de la década de 1930, el cual consistía en la separación de las funciones comerciales y de las inversiones de los bancos (posteriormente consolidada en la Ley Glass Steagall de 1933) y en la exigencia de que los bancos mantuviesen reservas del 100% de sus depósitos, acabando con el llamado sistema de reserva fraccional, que permite a los bancos emitir créditos en volúmenes muchas veces superior a los depósitos.

Otra propuesta radical es la del presidente de la Autarquía de Servicios Financieros (FSA), Adair Turner, el “sherif” de la City, quien propone nada menos que inyectar dinero nuevo directamente a los sectores no-financieros de la economía, sin pasar por los bancos -que han recibido y atesorado billones de dólares y euros de gobiernos nacionales, para evitar una reacción en cadena de quiebras del sistema.

Aparentemente, están ofreciendo la mano para no perder el brazo, pero, como lo decía Albert Einstein, “ningún problema puede ser resuelto por el mismo estado de conciencia que los creó, se necesita ir más lejos”. Esto significa que al igual de que no hay manera de seguir financiando a los bancos, no hay soluciones de corte “keynesiano” o “neokeynesiano”, favorecidas por algunos, capaces de revertir la crisis y reorientar a la economía mundial en los caminos del pleno desarrollo. Definitivamente, no hay salida para la crisis, dentro de las “reglas del juego”.

E ir más lejos significa que un grupo de naciones necesita reunir el coraje para romper con el sistema e imponer de inmediato el poder soberano de la emisión de moneda y crédito, condición sine qua non, para retomar las riendas de los Estados nacionales soberanos. La siguiente cumbre del G-20, en San Petersburgo, Rusia, en septiembre próximo (cuando el termómetro de la crisis promete estar con el mercurio hasta arriba), podría ser el palco apropiado para que, por ejemplo, algunos países relevantes -como los BRICS- tomaran medidas conjuntas convergentes para semejante propósito. En este caso, ir más lejos implica superar el déficit de estadismo que ha marcado el enfrentamiento de la crisis.

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