Reserva Federal: la crisis del centenario

En la víspera de Navidad, el Sistema de Reserva Federal cumplió cien años. En este lapso de tiempo, el banco central privado de los EUA “navegó” a través de dos guerras mundiales y de la Gran Depresión de la década de 1930. Sin embargo, llega a su centenario en condiciones desastrosas y con una profunda crisis de identidad. Por primera vez en la historia, el banco cambió completamente su misión, dejando de ser el controlador de la inflación y actor en las políticas contra el desempleo, para convertirse en una fuente de liquidez ilimitada, con un presupuesto descomunal y distorsionado, del orden de una cuarta parte del PIB del país.

Antes de la crisis de 2007-2008, la “Fed” no solamente ignoró todas las señales de alerta del inminente colapso financiero, sino, cosa más grave, acompañó, si es que no favoreció, los comportamientos más especulativos y arriesgados. Con la deflagración de la crisis, se empeñó en salvar de la insolvencia a casi todos los megabancos, dejando que continuaran funcionando como antes. Está inmensa liquidez inyectada está drogando la economía y creando visiones tan sicodélicas como irreales, sobre un resultado color de rosa de la crisis económica y financiera global.

Quizá, para demostrar que la “Fed” todavía está al comando de las finanzas, su presidente Ben Bernanke, en la última reunión del Comité del Mercado Abierto, anunció que, a partir de enero, el banco disminuirá en 10 mil millones de dólares mensuales las inyecciones de liquidez conocidas como “facilitación cuantitativa” (quantitative easing), pasando a comprar 35 mil millones de dólares en títulos del Tesoro, en lugar de 40 mil millones de dólares, y 40 mil millones de dólares en títulos de valores respaldados en activos especulativos (asset backed securities), en vez de los habituales 45 mil millones.

Sin embargo, para asegurar el apoyo de Wall Street a la medida, explicó que la decisión no alteraría de modo alguno la política monetaria acomodaticia de la “Fed”. De hecho, a diferencia de las reacciones desestabilizadoras de mayo último, cuando Bernanke ventiló un posible cambio en la política de “facilitación”, esta vez, los mercados recibieron la noticia con un aumento significativo en las bolsas de valores.

Bernanke quería garantizar también a los bancos que las tasas de interés permanecerán en cero por los menos hasta el 2015, si es que no hasta 2016, y que la “Fed” seguirá comprando títulos del gobierno en grandes cantidades. En particular, aseguró que continuará manteniendo en su poder las centenas de miles de millones de dólares de activos tóxicos ya adquiridos y los que se comprarán en el futuro. A este ritmo, la “Fed” llegaría hacia finales de 2014 con activos del orden de 5 billones de dólares -una razón de apalancamiento de 100 a 1 en relación a su base de capital.

No obstante, el verdadero desafío para la “Fed” es de carácter geoeconómico y geopolítico. El banco central pretende seguir manteniendo al dólar como moneda de reserva mundial o transformarlo en algo que podría imprimirse a voluntad, mediante el método que los estadounidenses llaman “fiat money”, o dinero fiduciario.

Una cosa es cierta: las dos políticas no pueden ser practicadas de forma simultánea y a largo plazo. Aunque el dólar se base en el poder político, más que económico, del gobierno de los EUA, su credibilidad y, por tanto, su valor intrínseco, disminuye gradualmente en proporción inversa a su cantidad -cada vez mayor- en circulación.

Tarde o temprano, se llegará a una situación de ruptura. Ya se ven señales de esto en China. A pesar de que Pekín parecía limitarse a emitir meras declaraciones retóricas de incomodidad con las políticas de la “Fed”, los pagos de las importaciones del país con yuans ya llegan al doble de los pagos en euros. Solamente a lo largo del último año, la proporción de utilización del yuan en el comercio chino con el resto del mudo pasó del 12% al 20%.

En breve, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Bahrein podrían crear una moneda común, aunque de momento, anclada al dólar. Un cierto número de países africanos estudia una iniciativa semejante. Aunque pudieran parecer medidas marginales, en el contexto del sistema monetario internacional, representan claras señales de impaciencia con un dólar del cual no se sabe ya más su valor real. Son movimientos que podrían avanzar en la creación de un sistema alternativo, rumbo a una canasta de monedas.

Ante todo esto, conviene no felicitar a la “Fed” por su centenario -se puede confundir y pensar que llegó también el momento de sustituir al Tesoro y meterse de cabeza en la impresión de títulos del gobierno.

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