¿Qué tal dejar de entregar dinero a los bancos -y dárselo a quien produce?

Si a alguna persona se le ocurriese que, como medida de reducir los efectos de la crisis global, los gobiernos imprimiesen dinero y se los entregaran directamente a los ciudadanos, por lo menos durante la duración de la crisis, sería, rápidamente, acusada de loca o ignorante en asuntos económicos y financieros. Sin embargo, el autor de la propuesta es el presidente del órgano fiscalizador de los servicios financieros del Reino Unido, públicamente reconocido como unos de los formuladores de políticas financieras más influyentes del mundo.

De hecho, desde el año pasado, el presidente de la Autarquía de Servicios Financieros (FSA) británica, Adair Turner, ha criticado lo que llama la complacencia generalizada de los banqueros centrales ante la profundización de la crisis sistémica global, al mismo tiempo en que propone nuevas ideas que combinen la creación de dinero por los bancos centrales con los procesos de tomas de decisiones gubernamentales, de modo de inyectar dinero nuevo directamente a los sectores no-financieros de la economía -consumo, inversiones y empleos-, sin pasar por los bancos.

Evidentemente, la sugerencia de Turner está lejos de representar una salida efectiva para la crisis, que no podría dispensar una profunda reforma del sistema financiero, con una reintroducción de una regulación seria, capaz de reorientar las finanzas hacia la economía real, y la devolución plena de la capacidad de emisión de moneda y crédito a los Estados nacionales soberanos. Semejante desenlace no constituiría una dádiva de banqueros convertidos a la realidad, sino tendría que venir de las acciones coordinadas de por lo menos un grupo determinado de Estados nacionales, que decida retomar unilateralmente su prerrogativa y pase a invertir en proyectos de largo plazo. Y, claro, Turner no sugiere que los tesoros nacionales impriman el dinero, manteniendo el privilegio de los bancos centrales. Aún así, el hecho de que una propuesta tan radical sea colocada en la mesa por alguien de su calibre puede denotar una aceptación de la realidad -o un intento de sacar las discusiones de las propuestas realmente efectivas y necesarias.

Uno de los raros periodistas que han comentado las propuestas de Turner es el veterano Anatole Kaletsky, que ya ah ocupado posiciones relevantes en varios órganos del Establishment británico, como los periódicos Financial Times y The Times y la revista The Economist y, actualmente, tiene una columna semanal en el sitio electrónico de la agencia Reuters, además de ser el economista en jefe de la empresa de análisis de inversiones GaveKal Dragonomics.

En una columna del 9 de agosto de 2012, Kaletsky dio voz a Turner, bautizando la propuesta como “Facilitación Cuantitativa para las Personas (o FPQ, para abreviar)” aludiendo a la denominación de megainyecciones directas de dinero en los bancos norteamericanos y británicos, hechas por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra. En su columna del 7 de febrero pasado, volvió al tema, comentando el discurso hecho por Turner en la víspera.

Veamos lo que escribió:

“La noche del miércoles (6 de febrero) puede ser señalada como el momento de la ‘ropa nueva del emperador’ de la Gran Recesión, en la cual el mundo, repentinamente, percibe que sus líderes están sufriendo de una ilusión con la cual no se tiene que condescender. Esta ilusión actual es el fatalismo económico: la idea de que nada puede ser hecho para quebrar la parálisis de la economía global y, por tanto, una ‘nueva normalidad’ de desempleo en masa y niveles de vida declinantes es inevitable, en los próximos años y décadas.

“El hecho de de que tal fatalismo económico no se haya sentido es el mensaje central de un discurso verdaderamente histórico, pronunciado el miércoles por Adair Turner, presidente de la Autarquía de Servicios Financieros de Gran Bretaña y uno de los más influyentes formuladores de políticas financieras del mundo. Turner argumenta que existe un método virtualmente infalible para estimular las actividades económicas y que los políticos y los banqueros centrales no pueden tratarlas como un tabú: dinero nuevo debería entregarse a los ciudadanos o gobiernos de los países que están sumidos en el estancamiento y semejante financiamiento monetario de recortes de impuestos o gastos gubernamentales debería seguir hasta que las actividades económicas se recuperen”.

En seguida, Kaletsky explica como funcionaría la medida:

“Un simple experimento mental demuestra por que tales políticas de ‘dinero-helicóptero’, que Turner llama financiamiento monetario abierto (FMO, siglas en inglés), serían mucho más efectivas que el FQ convencional practicado actualmente por los bancos centrales. Consideremos a la Reserva Federal. En el momento, la Fed imprime 85 mil millones de dólares de dinero nuevo todos los meses y los distribuye a los bancos e inversionistas de Wall Street, comprando títulos. Y la Fed ha prometido que esta ‘facilitación cuantitativa’ mensual seguirá hasta que el desempleo caiga, de forma clara y sustentable, declinando a niveles normales. Ahora, supongamos que, en lugar de esto, la Fed divide su producción mensual del 85 mil millones de dólares en 300 millones de cheques de 283 dólares cada uno y los mande a cada hombre, mujer y niño en los EUA. Supongamos, aún, que la Fed prometiera seguir mandando esos cheques, que corresponderían a más de mil dólares mensuales para una familia de cuatro integrantes, hasta que los EUA lograsen su meta de desempleo -y que el presidente de la Fed añadiese que aumentaría el valor de los cheques a 1500 dólares o 2000 dólares mensuales, para cada familia, si los mil dólares anteriores se revelasen insuficientes. No hay dudas, de que esta inundación de dinero gratis estimularía los gastos de los consumidores y reviviría el empleo -y no hay dudas de que sería infinitamente más efectivo que el distribuir el dinero a los inversionistas de títulos y bancos, mediante el FQ.”

Para Kaletsky,

“Turner rompió el tabú sobre el financiamiento monetario. El efecto para el debate económico en todo el mundo podría ser irreversible y profundo. El artículo de Turner presenta los argumentos para las diversas variantes del dinero-helicóptero, con inusitada sofisticación académica, detalles financieros y contexto histórico. Todavía más importante, su artículo rebate, sistemática y rigurosamente, todas las objeciones-normas al dinero del helicóptero. Muestra que los vínculos entre el financiamiento monetario y la hiperinflación son teóricamente cuestionables e históricamente injustificados. De hecho, las objeciones más serias involucran a la política y no a la economía. El riesgo principal es que los gobiernos abusen de su capacidad de imprimir dinero, tratando el dinero-helicóptero no como una medida de emergencia, sino como una herramienta para la distribución de bienes políticos. Pero este riesgo puede ser manejado con debate abierto y racional sobre las tasas apropiadas de creación de dinero, y no por la simulación de que el financiamiento monetario nunca ocurrirá y, en paralelo, efectuar tales operaciones de forma encubierta, sin una debida responsabilidad pública o un análisis económico racional. Aunque Turner sea muy diplomático para hablar, esto es exactamente lo que los bancos centrales han hecho desde la crisis financiera de 2008 y Japón viene haciendo hace 20 años (…)”

Kalestsy, concluye, enfatizando

“(…) La opción entre austeridad fiscal o bancarrota nacional, frecuentemente presentada por los políticos, es una falsa dicotomía. Una alternativa a la bancarrota nacional no es la austeridad y el estancamiento permanente; es el financiamiento de los recortes de impuestos e inversiones públicas de los gobiernos con dinero impreso y, con él, la promoción de crecimiento económico. Ahora, que Turner rompió el tabú sobre el dinero-helicóptero, la canción de la salvación monetaria debería ser oída, en breve, en todo el mundo”.

Como los magnates de la City de Londres, ni Turner ni Kalestsky cuestionan el modelo oligarca de bancos centrales bajo control privado, que está en la raíz del embrollo financiero global y, bajo este aspecto, la propuesta de “dinero-helicóptero” (término acuñado por el que fuera presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke), bien pudiera ser un intento de cambiar algunos anillos por la preservación de las manos ávidas de los oligarcas globalizados…

Una forma más eficiente de aplicación del financiamiento monetario sería la creación de grandes volúmenes de crédito “etiquetado”, para emplearse directamente en grandes proyectos de infraestructura, desarrollo científico y tecnológico y programas educativos y de salud pública, cuya influencia para la reversión de la crisis y una reconstrucción de las economías sería inmediata y directa, con riesgos controlables del surgimiento de brotes inflacionarios.

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