¿Qué se puede esperar de una presidente Marina?

En seguida, un breve esbozo de algunos tópicos destacados de la plataforma de gobierno de Marina Silva.

Economía: Tanto ella como sus principales asesores económicos ponen énfasis en dos líneas principales: la autonomía del Banco Central (BC) y la mantenimiento del “tripíe macroeconómico” -reducción de las metas de inflación, superávits fiscales y cambio fluctuante. De conseguir que se apruebe en el Congreso la autonomía formal del BC, esto implicaría la profundización de la política financiera y monetaria que se ha venido practicando en las últimas décadas, con la que el servicio de la deuda pública ha adquirido la atención total (con índices en el presupuesto federal de más 45 por ciento), lo cual deja muy poco margen para diversas inversiones, en particular, de infraestructura física, las cuales serán confiadas al sector privado.

El programa de Marina manifiesta una preocupación con la reducción de la participación de la industria de la transformación en el PIB a causa de la desindustrialización precoz por la que pasa la economía nacional; es obvio que el país necesita revertir esa desindustrialización pero será difícil darle siquiera un impulso, si la influencia de los mercados financieros en la creación de esta política pública no fuera considerablemente reducida.

Energía: Marina Silva hizo toda su carrera en torno del programa de “desarrollo sustentable,” concepto que tiene múltiples definiciones, frecuentemente convertido en lugar común, pero que suele incluir un acento en fuentes de energía llamadas renovables, en especial, biocombustibles, eólica y solar (las plantas hidroeléctricas y nucleares han sido crecientemente blanco de presiones de los ambientalistas). Y ya anunció que pretende ponerlas en primer lugar en su posible gobierno.

Otra intención anunciada es poner en algún segundo plano la exploración del petróleo y del gas natural del estrato pre-sal, y poner en primer lugar los biocombustibles y las demás fuentes que favorezcan la pretendida “transición a la economía de ‘bajo carbono'” (el fetiche más reciente de los ambientalistas, que significa una menor utilización de los combustibles fósiles).

Por otro lado, el énfasis en fuentes de generación de electricidad de poca eficiencia, como la eólica y la solar, tiende a aumentar los costos y las incertidumbres del abastecimiento, debido a su inconstancia e irregularidad, ya que dependen de la presencia de vientos y de luz solar. Esto podría representar un problema más para la industria, considerando que los altos costos de la energía ya representan uno de los principales problemas del sector.

Relaciones internacionales: Debido a su proximidad con el mercado financiero, una presidente Marina tiende a prestar oídos a los que han criticado un supuesto “aislamiento” de Brasil, entendiéndose como tal el establecimiento de relaciones bilaterales con Estados Unidos y la Unión Europea, en detrimento del Mercosur. De suceder esto, podría ser un atraso más en la ya de por si lenta integración de la infraestructura de América del Sur, por la cual los agentes del mercado tienen una muy escasa afinidad. Además, por si fuera poco, existe el peligro del enfriamiento de las relaciones en el ámbito del grupo BRICS.

La “democracia directa” de las multitudes: en sus feroces embestidas “contra todo eso que está ahí” y en la insistencia en presentarse como una opción a las conchabos de la política tradicional brasileña, Marina se ha comprometido a promover diversas instancias de “democracia directa,” como plebiscitos, referendos, consejos participativos y otras formas de participación directa del electorado en los procesos políticos. Como los partidos de su coalición no serán una gran bancada en el Congreso, sería preciso esperar para ver cómo se las arreglaría para asegurar condiciones de gobierno, sin incurrir en las prácticas que condena.

Las posiciones de Marina se asemejan mucho a las del filósofo pro-terrorista, Antonio Negri, conocido como Toni, que atribuye a las “multitudes” el papel de nuevos protagonistas en la reformulación del poder político y de la misma geografía global, la que, en su visión, emergerá con el debilitamiento y de la probable desintegración de los estados nacionales, como define en el libro Imperio (2000), escrito en sociedad con el estadounidense Michael Hardt.

En una entrevista concedida al periódico O Globo el 11 de octubre de 2003, Negri destacó que “hablamos sobre todo del sujeto, de la multitud, Hablamos del común… Hablamos de la única esperanza que tenemos, que es la construcción de bienes comunes. Se centra en la democracia y en la multitud.”

En una conferencia sobre las manifestaciones de junio de 2013 y sus consecuencias, organizada por la Fundación Casa de Rui Barbosa, en Río de Janeiro, el 28 de julio de 2014, Negri comentó sobre los gobiernos del PT, destacando los favorable pero haciendo hincapié en que aun no representa las aspiraciones de las multitudes: “Pero es evidente el problema institucional, por no decir electoral, que es central. Todos los observadores externos pensaron que el PT se abriría a los movimientos de multitudes, y por lo que me dicen eso no sucedió. Existe esa posibilidad de romper con ese bloque. (…) Hay dos formas de gobierno incrustadas en la misma: hasta qué punto ese corazón más pesado brasileño es todavía esclavista o no, o el más ligero es capaz de modificar al otro. El partido que hace la revolución es el mismo que reprime su continuidad procesal.”

En verdad, Marina demuestra una inclinación por favorecer la vinculación directa entre “democracia· y “multitud,” haciendo a un lado ciertas instituciones representativas de la sociedad. Entre ellas, a pesar de su origen sindicalista, los mismos sindicatos, domo demostró en la propuesta de extinción del impuesto sindical, en el proyecto de ley PL 136/2001, que presentó cuando fue senadora, aunque haya sido archivado.

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