Los estragos de la Reserva Federal en países emergentes

En la reunión anual informal de los banqueros centrales en Jackson Hole, en Wyoming, EUA, celebrada a finales de mes pasado, la gran noticia fue la ausencia del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke. El todo-poderosos Ben no se apareció, porque seguramente todo mundo le habría presionado para lograr tener pistas en torno a las futuras acciones de la “Fed” en cuanto a la “flexibilización cuantitativa” (QE, siglas en inglés), este hermoso eufemismo para calificar las vigorosas inyecciones de liquidez al sistema bancario.

Hay que recordar que, el año pasado, Bernanke discurrió con gran énfasis el asunto de la “teoría de una nueva política monetaria no-convencional”. Poco después, ésta se concretizó en los EUA, con una tercera ronda de QE, involucrando la liberación mensual de 85 mil millones de dólares por la “Fed”, para la compra de nuevos títulos del Tesoro y de otros papeles menos solventes, cono los derivados respaldados en activos.

Sin embargo, semejante opción no puede durar para siempre, de modo que la pregunta es ¿cómo detener las impresiones de la Reserva Federal? ¿Cuáles serían las consecuencias? En Europa, a costa de un precio muy caro, ya se entiende que los daños de una finanza viciada son enormes y tiene una influencia no menor sobre el endeudamiento público. En los EUA, después de un año de liquidez “facilitada”, los resultados concretos para la economía son casi nulos.

Pero se generaron muchos efectos desestabilizadores, especialmente, en economías emergentes. En estas, la liquidez oriunda de los países occidentales ha estimulado un gran apetito de riesgos, creando burbujas inmobiliarias, carteras de crédito fácil y especulación con monedas, “commodities”, materias primas y productos agrícolas. En la práctica, la política dela QE acabó revelándose como una trampa que llevó a las tasas de interés a casi cero y todavía acarrea grandes daños, ajustados por la inflación, a los inversionistas tradicionales. Hasta entre los directivos de la “Fed”, no son pocos los que argumentan que tal política no ha ayudado a la recuperación de la economía doméstica. Otros, empero, resaltan que el banco central atiende a los intereses de los EUA y que otros países deben tomar nota de esto.

En el mes de mayo anterior, cuando Bernanke mencionó la posibilidad de cercar la QE, los mercados entraron, rápidamente, en fibrilación -como si estuvieran enviciados por drogas, que, después de mantenerlos “bajo control”, con dosis mayores, súbitamente se las retiraran.

En las economías emergentes, la expectativa de un cambio en la política monetaria de la “Fed”, está causando una fuga de capitales, al punto de que ya se habla de una “crisis de verano” para países como India, Brasil, África del Sur, Turquía e Indonesia. Desde el inicio del año, sus monedas sufrieron fuertes devaluaciones: 9% para la rupia indonesia, 15% para la hindú, y 20% para el real.

Aparentemente, el presidente del Banco Central de Brasil tuvo que abandonar el encuentro de Jackson Hole para preparar un plan de emergencia de 60 mil millones de dólares para sostener su moneda.

Desde principios de mayo, las reservas de los bancos centrales de los países emergentes perdieron 81 mil millones de dólares, debido a la fuga de capitales y a los intentos por estabilizar los mercados de divisas. Y sus mercados accionarios tuvieron daños que se aproximan al billón de dólares.

En Jackson Hole, la propia directora-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Legarde, en referencia a las nuevas crisis de las economías emergentes, tuvo que admitir que “estamos en una nueva y peligrosa fase, que podría alterar la frágil recuperación”, y que las reverberaciones actuales en los mercados financieros “podrían voltear hacia donde se originaron” -los EUA.

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