La Reserva Federal inunda de dólares-morfina

Si bastase crear liquidez a partir de la nada para fomentar la economía y superar la crisis estaríamos hace tiempo en la tierra de la abundancia, especialmente en el caso de Estados Unidos. Por desgracia, las cosas no son tan simples.

Sin embargo, la reciente decisión del Sistema de la Reserva Federal de mantener las enormes inyecciones mensuales de liquidez al sistema financiero revela, sencillamente, que el banco central estadounidense se muestra incapaz de interrumpir su función de abastecedor de “morfina” a un sistema cada vez más “enviciado.” Es cierto que las bolsas de valores han respondido de una manera bastante animada con la elevación de sus índices, pero no se puede decir que esto sea una señal positiva.

Lo cierto es que la misma “Fed”, luego de la reunión de su Comité de Mercado Abierto, tuvo que admitir que “si se continuase con la apertura de las condiciones financieras (con el aumento de las tasas de interés), que se han observado en los últimos meses, la mejoría de la economía y del mercado de trabajo se podría hacer más lento.” La consecuencia inevitable de esta “filosofía” es que Estados Unidos seguiría practicando su “política monetaria acomodaticia,” con la inyección de 85 mil millones de dólares al mes para la compra de nuevos títulos del Tesoro y derivados respaldados por activos.

El presidente del banco, Ben Bernanke, cuyo mandato está por terminar, reiteró que la “facilitación cuantitativa” (quantitative easing, en inglés) seguirá mientras el desempleo de Estados Unidos no se reduzca por debajo de 6.5 por ciento. Como se espera que esto no suceda antes de finales de 2014, hasta entonces, tendremos cerca de un billón y medio de dólares nuevos en los mercados internacionales.

Sin embargo, el número correspondiente a septiembre del boletín trimestral del Banco de Compensaciones Internacionales (BIS) provoca seria dudas sobre los “beneficios” de la “facilitación,” al detallar sus repercusiones desastrosas, en especial en las economías emergentes. El boletín menciona que en mayo pasado, cuando la “Fed” ventiló apenas la hipótesis de un cambio de política monetaria, los intereses de los títulos de la deuda se dispararon, desatando a su paso una cascada de efectos negativos en muchos sectores financieros de varias partes del mundo. Hubo una corrida de venta de títulos, con la consecuente caída de los precios. En los mercados emergentes, el retiro de capitales provocó una fuerte devaluación de algunas de sus monedas.

El análisis del BIS resalta que, inclusive después de las garantías otorgadas por la “Fed”, por el Banco Central Europeo (BCE) y por el Banco de Inglaterra, en julio, el aumento de los intereses a largo plazo se mantuvo, mientras que los mercado esperaban una apertura en la situación financiera de todo el mundo.

La situación es extremadamente volátil. A pesar de este aumento ya de por sí desestabilizador, los intereses a largo plazo permanecen bajos y empujan a los inversionistas a productos y operaciones financieras de alto riesgo. En consecuencia, crece la emisión de títulos y de préstamos en los sectores financieros más expuestos y arriesgados -de la misma forma como ocurrió poco antes del estallido de la crisis mundial de 2007-2008. Por ejemplo, la proporción de “prestamos apalancados,” créditos bastante parecidos a las hipotecas de alto riesgo -concedidos a acreedores ya altamente endeudados y de confiabilidad dudosa-, llega ya a 45 por ciento del mercado de financiamientos “in pool,” distribuidos entre un grupo de bancos. Obsérvese que este porcentaje es 10 veces superior al alcanzado antes de la quiebra de Lehman Brothers.

Vale señalar, a contra corriente, que la política monetaria de algunos miembros del grupo BRICS y otros países emergentes importantes tiene como una de sus metas principales el aumento de sus reservas de oro. Se estima que este año tan sólo China debe comprar por lo menos 1 000 toneladas del metal, lo que duplica sus reservas. En conjunto, China, Rusia e India han comprado cerca de 70 por ciento de todo el oro producido en 2013. En 2012, Rusia aumentó sus reservas de ese metal 8.5 por ciento, lo que las llevó a un total aproximado de 1 000 toneladas. India cerró 2012 con cerca de 560 toneladas. En este particular, Brasil es la excepción del grupo, pues sus reservas, a finales de 2012, no llegaban a 70 toneladas y el Banco Central Brasileño no parece interesado en hacer compras importantes de ese metal.

Esta no es una atracción súbita por el metal precioso, sino una estrategia de política monetaria y geoeconómica coherente. En todo el mundo, la mayoría de los países está consciente de que el dólar estadounidense se debilita y se vuelve más inestable cada día que pasa, a causa de la creación descontrolada de moneda nueva que hace la “Fed.” ¿Estamos llegando al momento de ajuste de cuentas? ¿Habrá llegado la hora de la adopción de la célebre “canasta de monedas” y del oro, propuesta por los BRICS para sustituir el Dólar? Y, Europa, ¿qué tiene que decir al respecto?

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