La nueva crisis alimentaria es una emergencia global

El anuncio de la pérdida de cosechas de granos en los EUA, debido a la gran sequía que azota al país, está prendiendo las señales de alerta en todo el mundo, por la amenaza de provocar una crisis alimentaria todavía peor que la de 2007-2008. En ese entonces, ocurrieron manifestaciones tumultuarias y violentas protestas populares en más de 30 países, motivadas por el alza repentina de los precios de los alimentos -lo que ya está ocurriendo.

Por encima de todo, el problema debería ser enfrentado como una llamada de atención para la necesidad de una solución efectiva de la crisis global, que atienda, más que a un sistema financiero completamente disfuncional y desvinculado de la economía física, las verdaderas emergencias globales y necesidades de las poblaciones que son las víctimas mayores de la crisis.

Además de las causas naturales, representadas por la sequía, la mayor en el último medio siglo en los EUA, la crisis se agrava por la desviación de gran parte de los granos (maíz, principalmente) hacia la producción de biocombustibles.

Ante tal escenario, el G-20 y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) parece que se están movilizando para evitar una nueva y catastrófica crisis alimentaria.

Según los estimados del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la cosecha de maíz tendrá una caída del 13% este año, el menor volumen de producción de los últimos seis años. Aparte de esto, la sequia hizo que las condiciones de la cosecha a inicios de este mes, fueran las peores desde 1988 (cuando hubo una pérdida del 20% de la producción total de granos), pues el 69% del territorio del Medio oeste se encuentra bajo sequía severa o moderada. En cuanto a la soya, 47% de la cosecha se encuentra en condiciones malas o muy malas, y los ganaderos están enviando sus animales a la matanza antes de tiempo, debido al alto costo de mantenerlos hasta la edad ideal. (Daily Telegraph, 10 de agosto de 2012).

El mes de julio fue especialmente caluroso en relación a los registros históricos en los EUA, y los daños causados a los cultivos están forzando a los agricultores a abandonar un área total mayor que la suma de los territorios de Luxemburgo y Bélgica. La USDA informó también que, con las quiebras de las cosechas, los gigantes mundiales del sector alimenticio, la Kraft, Tyson y Nestlé, ya amenazaron con pasar el aumento de los costos a los consumidores.

Según el economista en jefe de la USDA, Joseph Glauber, “estamos en camino de ver los precios llegar a niveles muy altos”, lo que podría traer graves consecuencias en el escenario internacional (Daily Mail, 12 de agosto del 2012).

A mitad de este escenario, el G-20 está planeando un encuentro para coordinar una respuesta al alza de precios, a llevarse a cabo en la semana del 27 de agosto, en preparación de una reunión más amplia, para septiembre u octubre, para discutir acciones para enfrentar la crisis. Según reporte de la agencia Reuters del 12 de agosto pasado, el encuentro podría ser la primera edición del recién creado Foro de Reacción Rápida del G-20, pensado como un instrumento para promover debates preliminares sobre las condiciones anormales del mercado de alimentos, entre funcionarios gubernamentales de los países miembros del bloque con poder de decisión. El Foro es parte del Sistema de Informaciones del Mercado Agrícola, entidad subordinada al G-20 y creada el año pasado a iniciativa de Francia, como respuesta a la crisis de alimentos de 2007-2008.

Al mismo tiempo, el viernes 10 de agosto, la FAO instó a los EUA a suspender inmediatamente la producción de biocombustibles a partir del maíz. El presidente de la entidad, el brasileño José Graziano da Slva, clasificó como un “daño gigantesco” la conversión del 40% de la cosecha del maíz anual de los EUA en biocombustibles. Según dijo, la suspensión de la producción de combustible a base de maíz reduciría la presión sobre el mercado, haciendo posible la utilización del grano para la alimentación humana y como ración animal (Deutsche Welle, 11 de agosto de 2012).

Una actitud simbólica, pero que podría apuntar hacia el camino de una solución concreta para la cuestión alimentaria a escala global, provino de la segunda mayor institución de crédito de Alemania, el Commerzbank: el 10 de agosto, el banco informó que ya no participaría en la especulación con los precios de alimentos básicos en el mercado financiero mundial. El banco justificó su decisión en base a “razones morales”, ante el hecho ampliamente reconocido de que las transacciones a futuro de alimentos tienen un peso significativo en las variaciones de los precios.

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