La nueva burbuja de los mercados de divisas

Los mercados de divisas extranjeras parecen vivir una estrecha y peligrosa euforia. De acuerdo con los datos más recientes de las principales instituciones económicas internacionales, como el Banco de Compensaciones Internacionales (BIS), el promedio de las operaciones diarias de estos mercados alcanzó en 2013 los espantosos 5.3 billones de dólares, un aumento de 35 por ciento respecto a los niveles de 2010.

Para evaluar adecuadamente este número, es necesaria una comparación con la economía real. El comercio mundial de bienes y mercancías, a lo largo de 2013, entre los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es decir, prácticamente todo el planeta, alcanzó los 17.3 billones de dólares. La diferencia es enorme.

Los mercados de cambio, naturalmente tienen un papel importante e insustituible para el comercio internacional y una gran variedad de transacciones financieras relacionadas con él. Los contratos de cambio de moneda extranjera y de garantías y seguros acompañan los movimientos comerciales y de pago internacionales. Sin embargo, esas operaciones representan tan sólo una fracción mínima de las transacciones diarias de dichos mercados, los que, en tan sólo cuatro días de operaciones mueven valores superiores a los del comercio internacional ¡de un año entero! En otras palabras, la abrumadora mayoría de las transacciones de los mercados cambiarios está vinculada a operaciones financieras especulativas, actividades financieras que se convierten en fines en sí mismos, en las que destacan los “derivados de balcón,” (OTC, en la jerga de los mercados) en todas sus formas.

Muchos defensores de la “falta de escrúpulos creativa de las finanzas” ven en la explosión de los mercados de cambios un efecto positivo de una supuesta capacidad de autorregulación de los mercados como resultado de cambios y de reglas introducidas en ambos lados del Atlántico luego de la crisis financiera. La verdad es que, en lugar de esto, el crecimiento explosivo de esta burbuja fue provocado por otros factores.

Primero, la decisión del Banco de Japón de seguir la “política monetaria acomodaticia” de la Reserva Federal de Estados Unidos con grandes emisiones de liquidez en los mercados, lo que tuvo por resultado un aumento significativo de las operaciones en yenes.

Segundo, un impulso generalizado por la diversificación de inversiones en busca de mejores oportunidades, aun en las más arriesgadas como las acciones y títulos emitidos en monedas de países emergentes.

Además de esto, ha ocurrido un aumento vertiginoso de operaciones realizadas por instituciones financieras que no son los bancos comerciales tradicionales, las cuales pasaron a dominar casi todo el mercado de monedas extranjeras. Se trata de bancos considerados “menores,” que no están sujetos a los mismos controles de las instituciones mayores y de los fondos de inversión de riesgo. Estos nuevos protagonistas de los mercados cambiarios ostentan actualmente la parte del león de los mercados cambiarios, con un aumento de 48 por ciento desde 2010 y un registro 2.8 billones de dólares de operaciones diarias, más de la mitad del mercado actual.

Finalmente, hasta los inversionistas institucionales pequeños participan en actividades altamente especulativas, gracias a las nuevas técnicas de negociación que utilizan algoritmos que permiten que los ordenadores realicen numerosas operaciones a partir de pequeñas variaciones de valores en tiempos infinitesimales (lo que se está dando en llamar operaciones de alta frecuencia).

Obsérvese que desde 2010 el dólar estadounidense ha aumentado su papel dominante como moneda de referencia en los mercados de cambio internacionales, mientras que la participación del euro ha disminuido.

Por otro lado, al tiempo que los bancos menores y los fondos de inversión de riesgo mueven más la mitad de los mercados, la parte restante la domina casi en su totalidad un grupo de diez megabancos comerciales internacionales, encabezados por el Deutsche Bank, con una participación de 15 por ciento. Lo siguen cuatro bancos estadounidenses (Citibank, JP Morgan Chase, Goldman Sachs y Morgan Stanley) con 27 por ciento; tres británicos (Barclays, HSBC y RBS), con el 23 por ciento: y dos suizos (UBS Y Crédit Suisse), con 14 por ciento. Para el Deutsche, esta es una prueba más de su peligrosa distinción como el número uno de los derivados de balcón del mundo.

Como se percibe, los mercados cambiarios se prestan a grandes manipulaciones y constituyen un fermento eficiente de las especulaciones a escala mundial. Además de los fraudes ya comprobados relacionados con la manipulación de la tasa Libor, están en marcha, en varios países, investigaciones sobre posibles (y francamente bastante probables) manipulaciones de los criterios de determinación de las tasas cambiarias de referencia.

¿Sería realmente de interés para la Unión Europea permitir que el euro participe en esos juegos? O ¿no sería apropiado que se tomasen medidas para garantizar la máxima transparencia de los mercados de cambio, y no sólo de ellos?



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