La locura de abandonar el euro y la "desvalorización competitiva"

Luego de las recientes explosiones populares de varios países europeos, las elecciones alemanas de septiembre quizá tengan reservadas algunas sorpresas incomodas. En Alemania, ya surgió, hasta un nuevo partido que propone abandonar el euro.
Por nuestra parte, afirmamos que es preciso decir de forma clara y con firmeza que abandonar el euro no es la solución de los problemas continentales, sino el inicio de una pesadilla, cuyos efectos podían ser mucho peores que cualquier otro escenario. No somos cantores de las maravillas del Tratado de Maastricht, ni de la “perfección geométrica” del euro. Somos conscientes de que muchas cosas están equivocadas y que queda mucho que mejorar. Pero sería una locura rematada hacer pedazos el proceso político y económico de la unidad europea.

En general, la propuesta de abandonar el euro se justifica con el argumento de recuperar la soberanía monetaria nacional y, con ello, la oportunidad de emitir moneda y nuevos títulos de deuda, así como promover devaluaciones competitivas. Este es el caballito de batalla de los “euroescépticos,” con lo cual revelan su ignorancia sustancial de los principios elementales de la economía.

Argumentan que el regreso a las monedas nacionales permitiría, precisamente, su devaluación para hacer más competitivos en los mercados internacionales los productos nacionales. De esta forma, el aumento de las exportaciones se convertiría en la fuerza motriz para volver a echar a andar la producción, hacer crecer el empleo y la economía en general.

La verdad es que es al contrario. El regreso a las monedas nacionales, en cualquier país de la Unión Europea, (UE), mantendría denominados en euros o en dólares el monto de la deuda pública y privada, que en gran parte está en manos de extranjeros Sólo los ahorradores nacionales podrían convertir sus ahorros en títulos denominados en las nuevas monedas nacionales, pero los demás títulos de deuda quedarían como antes. La reconversión total, por ello, sería equivalente a una declaración de incumplimiento nacional. Sólo con intereses más elevados que los actuales se podría financiar la deuda existente y aumentarla. Recuérdese que luego de la crisis de 1992 y de la devaluación de la lira, los intereses de los títulos italianos a corto plazo aumentaron a 17por ciento.

Todas las importaciones, empezando con el petróleo y el gas, se pagan en dólares o en euros. Para Italia, entonces, sería la descomposición final de su hacienda, Los aumentos de los costos de importación y de financiamiento de la deuda darían lugar, inevitablemente, una inflación galopante, con la pérdida abrupta del poder de compra.

Es difícil imaginar cómo se podría, en estas circunstancias, ampliar la cuota de mercado para sus exportaciones. Para hacerse competitivo, dentro de esta lógica, sería preciso tener en cuenta una vez más los costos que recaen sobre la fuerza de trabajo. Un nuevo vórtice recesivo implicaría que con menos renta, menos consumo, menos producción, menos ingresos fiscales y menos disponibilidad presupuestal.

La economía italiana, a la estela de la alemana, no puede competir en los sectores relacionados con las técnicas más antiguas, mientras que las economías emergentes trabajan con salarios muy bajos. En lugar de esto, se debe concentrar en nuevas técnicas y determinar los precios y los mercados de acuerdo a su calidad y capacidad de innovación. Abandonar el euro, hasta para una economía menor, provocaría una reacción en cadena que conduciría, gradualmente, al derrumbe de la UE, y pondría en marcha una guerra comercial proteccionista inevitable. Todos perderían, inclusive Alemania. ¡Sería una desestabilización mundial! La historia europea del siglo pasado provocó acontecimientos que la gran mayoría de personas jamás pensaría que serían posibles.

Es evidente que la situación actual no es tolerable. No se puede permitir que millones de ciudadanos sean conducidos a grados de pobreza y desesperación tales que les sea preferible el infierno. En nuestra humilde opinión, necesitamos “más Europa.” El compromiso prioritario del gobierno en formación de Italia debe ser mostrar mayor determinación en el consenso europeo, para hacer más eficaz y solidario el programa político y económico de la Unión.

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