La integración de América del Sur por grandes obras de infraestructura

N. del E. -Este artículo se publicó en la edición de octubre-diciembre de la revista financiera italiana La Finanza.

“Para nosotros, latinoamericanos, la mayor tragedia de nuestra historia sería el fracaso de la unidad continental y la ruptura del Mercosur.”

Con estas palabras, el senador brasileño Roberto Requião, ex-gobernador del estado de Paraná, de paso por Roma y ante un grupo de delegados brasileños al Foro de Civilizaciones, de Rodas, Grecia, llegó a la evocación del lema “independencia o muerte,” que inspiró la revuelta de los brasileños contra el dominio colonial portugués, actualizándolo a “integración o muerte,” en el sentido de que la soberanía y la supervivencia como naciones no serían posibles a largo plazo si los diversos países de América del Sur permanecen “presos” dentro de sus propias fronteras.

Afirmaciones fuertes y apasionadas sin duda, aunque en nuestro estilo latino, expresadas en la Sala de las Mercedes de la Cámara de Diputados de Roma, en ocasión de un seminario copatrocinado por La Finanza, en el cual se presentó también el libro América del Sur: Integración e infrastructura, coordinado por el ingeniero Darc Costa, presidente de la Federación de Cámaras de Comercio e Industria de América del Sur.

Otros integrantes de la delegación brasileña fueron el profesor Carlos Lessa, uno de los más prominentes economistas brasileños, ex rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y ex-presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), y el periodista y editor Lorenzo Carrasco, incansable impulsor cultural y político de la integración de América Latina y uno de los organizadores de la sesión del Foro de Rodas dedicada al tema “Las visiones alternativas del mundo.”

Las exportaciones de Brasil son principalmente para

América del Sur y Europa

El senador Requião dijo en su intervención: “En promedio, en los últimos cuatro años, más de 30 por ciento de nuestros productos manufacturados se exportaron a los países del Mercosur. Si a los países de América del Sur sumamos los de América Latina, veremos que 50 por ciento de nuestros productos industriales se exportan al espacio latinoamericano. Es decir, la mitad de lo que nuestra industria produce se consume en América Latina. La Unión Europea consume de hecho 19.5 por ciento de nuestra producción industrial; Estados Unidos, 13.5; China, poco menos de 12 por ciento; y lo demás al resto del mundo.

Podemos observar, a partir de esos números, que emergen dos consideraciones: la primera es que la salida natural para los productos industriales brasileños es el subcontinente latinoamericano, y la segunda que Europa y Estados Unidos son claramente la segunda zona geopolítica mas importante para la gran nación emergente de América del Sur y del grupo de los BRICS”.

Este último nombre despierta la protesta apasionada del profesor Carlos Lessa. “Con el rótulo de BRICS, dice, se agrupan países con realidades totalmente diferentes, que en común tienen tan sólo la gran extensión territorial. Por ejemplo, que tenemos que ver con un país como India, en donde se hablan decenas de lenguas diferentes, se tiene que recurrir al inglés, que es una lengua extranjera?”

Los puntos fuertes de Brasil y el misterio del petróleo

Lessa presentó en seguida algunas características y algunos puntos fuertes de Brasil, con relación a la crisis económica que invadió Occidente. “Nuestro banco central está en manos del Estado. Y de capital público es también nuestra mayor empresa petrolera,” destacó, para agregar que Brasil pudiera estarse revelando como una de las mejores zonas petrolíferas del planeta.

Esta afirmación puede parecer demasiado optimista, pero no sería prudente dejarla de lado. Hace algunas décadas vinieron a Italia prominentes geólogos mexicanos para tratar de convencer a la ENI (Ente Nazionale Idrocarburi, paraestatal petrolífera italiana) para que participara en sus investigaciones, que mostraban la existencia de grandes cantidades de petróleo en el golfo de México. Por desgracia no les creyeron y, gracias a los descubrimientos en México de un año a otro, el volumen de las reservas mundiales comprobadas de petróleo creció de un golpe varios miles de millones de toneladas. Sobre el tema de las reservas de hidrocarburos del planeta, además de los datos oficiales, en realidad la información es por lo menos contradictoria. De los temores del cercano agotamiento de las reservas de petróleo, tan de moda en los años setentas, se pasó a los rumores de que Sudán sería una segunda Arabia Saudita (pero se mantiene a ese país en la “congeladora” con la acusación de ser un “Estado paria”), u otras especulaciones, según las cuales todo el Mediterráneo oriental, de Egipto a Grecia, escondería enormes yacimientos de petróleo y gas. A esto no sería ajena la agitación política que se observa en la región. Y recordemos que en los años setentas, en medio de la crisis del petróleo y de la histeria de la prensa sobre el fin inmediato de los recursos petroleros, escuchamos al ministro de Comercio Exterior, Rinaldo Ossola, murmurar perplejo: “Pero mis amigos estadounidenses me dicen que Italia flota sobre un mar de petróleo. (…)”

Ya cerrados los paréntesis petrolíferos y de vuelta en Brasil, como lo retrata Carlos Lessa para recalcar su singularidad: “Hablamos el mismo portugués, del extremo norte al extremo sur del país, somos una sociedad abierta; no somos, como Estados Unidos, ítalo-americanos, afro-americanos, hispánicos, etc., somos tan solo brasileños. Nuestro país ha asimilado y ‘digerido’ todos los diferentes grupos étnicos en una mezcla unificadora. Somos sudamericanos, no somos BRICS:”

Las raíces latinas de América del Sur

El profesor Lessa habla también, con evidente desenvoltura y envolvimiento emocional, sobre las raíces latinas de la cultura sudamericana, la que diferencia a América del Sur de los países anglófonos del Norte. Una “latinidad” que no es una memoria retórica ni una afirmación abstracta, sino que está incorporada en concreto y se vuelve un elemento político vivo y caracterizador, capaz de establecer un puente natural entre América del Sur y Europa latina.

Con él hace eco Lorenzo Carrasco, quien recalca otras peculiaridades unificadoras de América del Sur; la religión católica y la aspiración a un estado de bienestar social, que va de México a Brasil, de Venezuela a Argentina, y que se expresa en varios movimientos políticos del pasado y del presente, y que tiene en la elección del Papa Francisco un poderoso impulso, testimoniado por más de dos millones y medio de personas, en su mayoría jóvenes, que se reunieron en Brasil para aclamarlo. Pero advierte también: si la esperanza y el entusiasmo de los jóvenes latinoamericanos no tuvieren oportunidades concretas de manifestación en el plano político y económico, perspectiva que sólo la integración de América Latina puede dar, existe el riego de que se transformen en impulsos de protesta.

El camino para la integración

¿Pero cómo alcanzar la integración y el consecuente desarrollo económico? El camino trazado por Darc Costa y sus colaboradores es el de la gran infraestructura continental. “Todos sabemos, observa, que hay una correlación directa entre las inversiones en infraestructura y el desarrollo de la economía, variables que se refuerzan mutuamente, pues una disponibilidad grande y eficiente de infraestructura está en la raíz de la productividad económica del bienestar.

Y América del Sur, agrega, es la prueba de esa correlación en las últimas décadas: el grado de inversión en infraestructura fue acompañado por ritmos de crecimiento más bajos que las del resto del mundo, y las inversiones privadas en infraestructura se volcaron más en la adquisición de negocios ya existentes que en la construcción de infraestructura nueva.

El atraso lo Costa ilustra con una imagen nocturna de nuestro planeta tomada por satélites: el Hemisferio Norte iluminado y el Sur casi completamente oscuro. Para recuperar por lo menos parte de la diferencia, dice, América del Sur necesita de inversiones en infraestructura del orden de por lo menos 6 por ciento del PIB en los siguientes 30 años.

El libro brinda un análisis detallado de esas inversiones necesarias y da algunas orientaciones, como el énfasis en el transporte, esencial para el desarrollo del comercio. Por las carreteras de las región pasa por lo menos la mitad del comercio y, de un total de más de 2.6 millones de kilómetros de la red, menos del 10 por ciento está pavimentada.

Los puertos, en seguida, y la red de navegación potencialmente importante, a través de las cuencas hidrográficas. El agua, además, es una de las grandes riquezas estratégicas de América del Sur, que detenta el 26 por ciento del agua dulce del planeta.

Otro capítulo detalla la integración de la red de energía, en el se analiza la situación y los planes de grandes gasoductos y líneas de trasmisión necesarias para la integración y la interconexión de todo el subcontinente, sin olvidar el sector vital de las telecomunicaciones.

No es posible detallar aquí el espectro completo del estudio, pero no podemos dejar de resaltar el riguroso método de los autores -replicada, además, en un estudio semejante sobre África-, así como la filosofía dentro de él, de que la integración de grandes regiones es la conditio sine qua non del progreso económico y social, y que la llave para la integración es la infraestructura continental. Y que tan solo con el regreso a las inversiones en grandes obras y en la economía real se puede brindar una salida de la crisis creada por la especulación financiera mundial sin frenos y sin reglas.

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