La ilusión de la gobernanza de liquidez

En las últimas semanas, los bancos centrales y los gobiernos de las economías occidentales más grandes, han tomado una serie de decisiones financieras y monetarias de enorme importancia. Si las analizamos por separado, ellas serán noticias por un período corto de tiempo y, rápidamente, dejadas atrás; pero si las observamos en conjunto, se convierten en una estrategia global con preocupantes consecuencias al futuro.

El Banco Central Europeo (BCE) redujo su tasa básica de interés a 0.25%, lo que la deja al mismo nivel que la de la Reserva Federal estadounidense. Desde la eclosión de la crisis de 2007-2008, las tasas de interés siguen cayendo sin producir efectos significativos sobre la recuperación económica, demostrando que los viejos instrumentos de política monetaria no funcionan más. No se puede ir hacia abajo de cero y, por esto, las tasas solamente pueden subir.

En 2007, los intereses de la “Fed” estaban en el 5.25%, cayendo a 0.25% en diciembre de 2008. En ese entonces, la tasa del BCE estaba en 4.25% y después de consecutivas reducciones, también descendió al 0.25% Así, la teoría de que el bajo costo del dinero pone a las inversiones automáticamente en marcha acabó revelando ser una ilusión.

Sin embargo, la Historia enseña que, por sí solo, el mercado nunca resuelve situaciones de grave recesión o depresión económica. Solamente una profunda reforma de las finanzas, un sistema de crédito productivo para proyectos públicos y privados y grandes proyectos de modernización y desarrollo de varios sectores de la economía real crean riqueza y nuevos puestos de trabajo, incidiendo sobre los niveles de la deuda pública.

Casi de forma simultánea, los bancos centrales de EUA, Unión Europea (UE), Reino Unido, Japón, Canadá y Suiza, decidieron volver permanentes los llamados acuerdos de “swap” para crear una red de seguros para la liquidez monetaria. Los contratos de “swap” temporales (líneas de crédito en moneda extranjera entre los bancos centrales) fueron debidamente presentados, hace seis años como respuesta a la “compresión del crédito” global, que, como se recuerda, afectó a muchos grandes bancos internacionales y amenazó explotar todo el sistema financiero.

En cuanto a esto, la “Fed” decidió mantener sus inyecciones de liquidez en el sistema, de 85 mil millones de dólares mensuales, mientras las considera adecuadas. El 17 de octubre pasado, el gobierno y el Congreso de los EUA acordaron en elevar nuevamente el techo de deuda federal, para evitar el incumplimiento del gobierno. No obstante, el problema se repetirá en febrero de 2014, cuando Washington anunciará un nuevo aumento del techo de deuda o permitir el cierre (shutdown) de algunos sectores de la administración pública federal.

Por esto, es preocupante constatar que los gobiernos y los bancos centrales, en vez de acordar una gran reforma del sistema financiero y el establecimiento de una nueva arquitectura financiera, sigan poniendo en práctica medidas de cuño meramente monetaristas para lidiar con una nueva fase de la crisis mundial -la cual, evidentemente, tienen conciencia de que es inevitable.

Uno de los problemas es la posesión de crecientes cantidades de títulos de deuda norteamericana. Los datos más recientes demuestran que China y Japón -que detentan en conjunto el 43% de los títulos de la deuda en manos extranjeras-no demuestran mucha disposición para mantener sus adquisiciones de papeles del Tesoro de los EUA; en realidad, ya redujeron su stock en conjunto en más de 40 mil millones de dólares.

Todavía más preocupante, es el hecho de que el stock estadounidense de títulos de alto riesgo (junk bonds) podría llegar a final del año a casi un billón de dólares: en 2012 fue de 642 300 millones de dólares y, en 2007, en vísperas del “big bang” llegó a 900 mil millones de dólares -en esencia, se trata de una nueva burbuja financiera.

No queremos hacerle a la Casandra. Pero, ante la ausencia de políticas y reformas virtuosas del sistema económico y financiero, tememos que nuevas tempestades estén a la vista. La aparición de nuevas burbujas especulativas es una clara señal de una nueva posible devastación -perspectiva desgraciadamente apoyada por datos que muestran niveles de riesgo mayores que los de 2007. Por lo tanto, es ilusorio creer que es posible apartarse de una crisis sistémica tan solo porque los bancos centrales acordaron una “gobernanza de liquidez”. El hecho de estar encadenados unos con otros no garantiza la sobrevivencia del sistema. ¡Se viene un tsunami!

Por esto, los países más débiles, que poco tienen que perder, en lugar de seguir tartamudeando, harían mejor en manifestarse de manera unívoca y más firme a favor de propuestas de reformas y programas valientes de recuperación económica.

x

Check Also

A craca neoliberal e o exclusivo “capitalismo sem risco” brasileiro

No final de março, quando já havia certeza sobre o grande impacto da pandemia de ...