La encrucijada del Mercosur: libre comercio o industrialización

Los países del Mercosur deben aprovechar las oportunidades que proporciona la crisis mundial para convertirse el bloque de naciones en un instrumento efectivo de promoción de la integración regional y del progreso conjunto, de una forma que brinde la reducción de las grandes asimetrías que existen entre ellas. De no hacerse esto, el bloque regional corre el peligro de volverse irrelevante ante las transformaciones que tienen lugar en el mundo. Esta sugerencia, en tono de advertencia, la hace nada menos que el embajador Samuel Pinheiro Guimarães, que acaba de renunciar al cargo de Alto representante general del Mercosur, en el auge de la crisis generada por el impedimento del presidente paraguayo, Fernando Lugo.

El diagnóstico de las condiciones del bloque y el programa que propone Guimarães se encuentran en su último informe dirigido al Consejo de Ministro del Mercosur, dado a conocer a finales de junio, del cual este informativo obtuvo una copia. El mensaje principal del documento, implícito en sus 52 párrafos, es que los Estados que forman el bloque necesitan actuar de forma proactiva y sinérgica, en lugar de limitarse a actuar pasivamente ante las transformaciones mundiales y de las iniciativas de la Unión Europea (UE), Estados Unidos y China para estimular sus economías.

Guimarães recuerda que el Mercosur comenzó sus funciones en 1991 durante el auge de la influencia de las doctrinas neoliberales, cuando los gobiernos de la región estaban convencidos de que la “ejecución de las disposiciones del Consenso de Washington, es decir la desreglamentación, la privatización, la apertura al capital extranjero y la eliminación de las barreras al comercio, bastarían para promover el progreso económico y social.”

Por consiguiente, afirma, el Mercosur fue concebido “para ser un esquema de liberalización comercial, como una etapa de la eliminación ‘virtuosa’ de las barreras al comercio y de plena inserción en la economía internacional.” Por ello no era su intención “ser un organismo de promoción del progreso económico, ni de cada Estado de forma individual ni tampoco en su conjunto.”

No obstante esto, el escenario cambio radicalmente. Hoy, el rápido crecimiento económico de China, son sus vastas exportaciones de productos industrializados y su enorme demanda de productos primarios, agrícolas y mineral, además de las medidas contra la recesión de Estados Unidos y de la Unión Europea, crean las condiciones para un gran flujo de capitales para los países del bloque y “contribuyen fuertemente a la desindustrialización de las economías del Mercosur. Las industrias instaladas sufren la fuerte competencia de las importaciones industriales baratas (no sólo de China). La facilidad de importar productos industriales y la alta demanda externa de minerales y productos agrícolas desestimulan las nuevas inversiones en la industria y atraen mayores inversiones en la minería y en las actividades agropecuarias.”

Este fenómeno, afirma, “pone en peligro el desarrollo de cada una de las economías nacionales y del conjunto del Mercosur,” además de tener “consecuencia sociales profundas.”

El sector industrial, reitera Guimarães, es “estratégico para la generación de empleos y, por tanto, para la reducción de la pobreza, para la estabilidad y para el progreso social.”

Por consiguiente, dice, “es necesario establecer mecanismo que permitan la socialización de los ingresos extraordinarios producto de la valorización de los productos primarios, por medio de la organización de fondos para la aplicación de los recursos excedentes, por encima de la “valorización” normal, en proyectos de industrialización de las actividades de cada sector y del posible respaldo a su renta en caso de caída de los precios internacionales por debajo de ciertos niveles.”

Es imprescindible invertir fuertemente en la infraestructura física: “Las deficiencias de las infraestructuras del transporte, de energía, de salubridad y de comunicaciones en los países del Mercosur y la reducida integración entre las distintas redes de los cuatro países hacen que la inversión en infraestructura sea la tarea primordial. La infraestructura es la base indispensable para la expansión de la actividad productiva y comercial y para la formación de mercados internos nacionales y regionales más dinámicos, capaces de absorber la mano de obra, de agregar valor y de elevar el nivel de ingresos y de desarrollo humano.”

Entre paréntesis, el llamado de Guimarães se suma a la advertencia del economista Roberto Messenberg, coordinador del Grupo de análisis y previsiones del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) de Brasil, sobre el agotamiento de la capacidad nacional de reactivación de la economía por medio de incentivos al consumo. Según él, es hora de que el gobierno federal invierta en infraestructura para respaldar la economía a partir de la parte generada por la caída de los intereses y de una reducción del superávit primario. Lamenta que el gobierno esté cada vez más volcado a medidas de corto plazo, escogiendo los vencedores en la actividades para poder proporcionar los subsidios y despreocupándose de una estrategia para el crecimiento a largo plazo que involucraría el fortalecimiento de la inversión pública (Monitor Mercantil, 4/06/2012).”

Guimarães, a su vez, recalca que el bloque económico de América del Sur “tendrá que formarse a partir de la expansión gradual del Mercosur, con el acceso de Venezuela y con el ingreso de Ecuador, Bolivia, Colombia, Surinam y Guayana. La Unasur (Unión de naciones sudamericanas), afirma, no puede ser la piedra fundamental de este proceso, porque “Chile, Colombia y Perú adoptaron estrategias de inserción internacional que llevaron a la adopción de ciertas normas comerciales de inversión de capital extranjero, de propiedad intelectual, etc., que dificultan y hasta imposibilitan la construcción de directrices regionales de promoción del progreso.”

El diplomático recuerda que, “en un mundo multipolar, en crisis, con gran desplazamiento de poder, no es de interés de ningún bloque ni de ninguna gran potencia la constitución o el fortalecimiento de un nuevo bloque de estados, en especial si estos fuesen periféricos.”

Guimarães finaliza con una vigorosa alerta: “Estoy convencido de que, si no se adoptasen estas medidas y no hubiese un compromiso firme de los presidentes, el Mercosur podrá sobrevivir, pero no sobrevivirá siempre claudicante y no se transformará en un bloque de países capaz de defender y de promover, con éxito, sus intereses en este mundo nuevo que surgirá de las transformaciones y de las crisis que vivimos.”

Lo cierto es que la crisis global coloca el Mercosur en una disyuntiva crucial: la diferencia ente el riesgo de convertirse en una sigla del pasado, como las finadas ALALC (Alianza Latino Americana de Libre Comercio) y la ALADI (Alianza Latino Americana de Integración), y la oportunidad de convertirse en un motor decisivo de progreso integrado dependerá de la visión estratégica y de la voluntad política de sus dirigentes.

x

Check Also

Brasil: a urgência de um “Momento Hamilton”

Após a família Mesquita, no tradicional “Estadão”, coube aos irmãos Marinho utilizarem um editorial de O Globo ...