La alternativa al sistema del dólar -el papel del oro

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Los groseros intentos estadounidenses para salvara todo costo el papel hegemónico del dólar están llevando a un número creciente de países a trabajar intensamente en la construcción de una alternativa monetaria multipolar. Objetivamente hablando, el papel del dólar como la principal moneda de comercio y de reserva internacional concluyó su ciclo histórico. Conviene tomar nota de esto.

Las desestabilizaciones financieras y las desvalorizaciones monetarias en las economías emergentes, provocadas por las políticas de liquidez “yo-yo” de la Reserva Federal, llevaron a algunos gobiernos a denunciar que había una “guerra cambiaria” en curso. Las caídas “piloteadas” en los precios del petróleo y del oro tienen la intención de constreñir especialmente a Rusia y a Irán, y a los BRICS en general. Al mismo tiempo, los precios de algunas materias primas están siendo manipuladas hacia arriba, produciendo el efecto de “quebrar las piernas” de las políticas industriales y de desarrollo de los países emergentes y, también, de la propia Unión Europea (UE).

Aunque no se quiera, desde hace algún tiempo, muchos países se vieron forzados a concebir y proponer un nuevo sistema monetario, como lo comprueban algunas decisiones recientes. Un ejemplo es la creación del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, que tiene en sí el potencial de convertirse en un organismo monetario alternativo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, ambos representantes del fallido sistema de Bretton Woods. La misma China ha establecido importantes acuerdos con Brasil, Rusia, Japón y Corea del Sur, para el uso de las respectivas monedas nacionales. Son contratos en swaps monetarios (cambios) para permitir el comercio bilateral en monedas establecidas.

Recientemente, se hizo una propuesta semejante a la misma UE. Y gran parte del reciente megacontrato de 400 mil millones de dólares para el abastecimiento de gas natural ruso a China será liquidado en rublos o yuanes.

También vale la pena recordar que, en abril pasado, el gobierno de Moscú anunció que una parte de los contratos internacionales celebrados por grandes corporaciones rusas deberá ser cerrada en rublos. En la reciente cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Pekín, el presidente Vladimir Putin afirmó. “En nuestro comercio con China, haremos un uso siempre mayor de acuerdos y compensaciones en monedas nacionales. Estamos listos para hacer los primeros acuerdos en rublos y yuanes, también en el sector de la energía”. Una comisión intergubernamental ruso-china ya está estudiando otras opciones semejantes. El propio banco Central ruso anunció la intención de crear un “sistema de permutas multilaterales” con sus socios en el BRICS.

Es natural que las repercusiones políticas no podrían faltar. De hecho, en breve, la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), integrada por China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbequistán, tendrá el ingreso de India, Pakistán, Irán, Afganistán y Mongolia. Hasta Turquía, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) parece estar interesada en adherirse al grupo -que podría venir a controlar 20% de las reservas mundiales de petróleo y 50% de las de gas natural.

En este contexto, como se esperaba, el papel del oro vuelve a ser el centro de las discusiones. De forma sintomática, la reciente volatilidad observada en sus precios tiene como objetivo “desincentivar” su uso en un eventual nuevo régimen monetario internacional. Sin embargo, hay noticias de que, en Moscú, se discute la vinculación del rublo al oro. Es fácil percibir que la actual desvalorización del 30% de la moneda rusa es el resultado de la especulación y la manipulación internacional y, ciertamente, no refleja la capacidad económica real y las inmensas riquezas de Rusia. Por esto, la vinculación de la moneda a las reservas de oro tendría un efecto estabilizador sobre las tasas de cambio.

Como se sabe, aparte de una deuda soberana equivalente al 15% de su PIB, Rusia tiene reservas de oro equivalentes al 27% de la cantidad de rublos en circulación. Por su parte, los EUA tienen una deuda púbica del 105% de su PIB, mientras que sus reservas de oro cubren apenas el 2.3% de su oferta de moneda.

No está claro el motivo por el cual muchos especialistas occidentales intentan minimizar un posible papel futuro del oro en el sistema monetario. Estos parecen ignorar el hecho de que, hace algún tiempo, los principales gobiernos europeos, comenzando por Alemania, Holanda, Gran Bretaña y Suiza, están presionando fuertemente para la repatriación de sus reservas de oro actualmente mantenidas en las arcas de Fort Knox, en los EUA.

Sobre este terreno bastante movido y complejo, creemos que el papel de la UE puede volverse más real e incisivo. Una política europea verdaderamente independiente podría facilitar una solución no conflictiva rumbo a un nuevo sistema político y monetario internacional. Una nueva arquitectura monetaria como lo planteamos hace algún tiempo, deberá llevar a la creación de una canasta de monedas, en la cual, evidentemente, estarían el dólar, el euro y otras monedas importantes. 

Es necesario reconocer que, con la caída del Muro de Berlín, el mundo necesita de una estructura multipolar, inclusive, monetaria.

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