Esta semana está marcada por acontecimientos de gran relevancia en los varios procesos de la crisis global, que tiene como telón de fondo una dinámica entre un orden hegemónico unipolar, agotado, disfuncional y aparentemente dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para preservarse, y otra, multicéntrica y cooperativa, que se articula como reacción al caos resultante de las acciones de otra y lucha por dejar su estado embrionario. Tomando prestadas las palabras de la economista Catherine Austin Fitts, ex-subsecretaria de Desarrollo Urbano de EUA en el gobierno de Bush, se trata de una guerra entre las fuerzas de control y conquista y las fuerzas de colaboración y creación.
“¡OXI!”
El primer acontecimiento es la secuencia del contundente “No” clamado por el electorado griego al nuevo paquete de austeridad impuesto por la “Troika” (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea-Banco Central Europeo), lo cual bloqueó cualquier perspectiva de continuación de un escenario de “negocios como siempre”. La victoria del “Oxi” (se pronuncia “oqui”), por un categórico 61% contra un 39%, otorgó al premier Alexis Tsipras el respaldo político para negociar un acuerdo en mejores condiciones que la sumisión total hasta ahora exigida por la “Troika”, incluyendo una inevitable restructuración de la impagable deuda del país, del orden de los 320 mil millones de euros -177% del PIB. Después de la confirmación del resultado, el ministro de Hacienda, Yanis Varoufakis, que no tenía el favor de los acreedores, dimitió, para facilitar las negociaciones.
Por otro lado, las agrias y pavlovianas reacciones de los líderes europeos demostraron no solamente contrariedad, sino una obstinada determinación de aferrarse al status quo, es decir, la preservación del “Sistema de la Deuda”.
El vice-canciller alemán, Sigmar Gabriel, dio el tono general, al afirmar después del anuncio oficial que Tsipras y su partido Syriza están “conduciendo al pueblo griego por un camino de amargo abandono y desesperanza”. Para el funcionario, el premier “quemó los últimos puentes sobre los cuales Grecia y Europa podrían moverse rumbo a un compromiso”.
El martes 7 de junio, el ministro de Hacienda Wolfang Schäuble, afirmó que Grecia no podría mantenerse en la zona del euro sin un nuevo programa de reformas. “No hay espacio para ayudar al país sin un programa”, aseveró. Por reformas, entiéndase una profundización del draconiano programa de austeridad presupuestaria que el país viene imponiendo desde 2010, con un brutal impacto socioeconómico.
Semejantes presiones intentan esconder el obvio hecho de que ninguna negociación viable será posible sin una decidida restructuración de la deuda griega, ya propuesta por Tsipras y admitida hasta por el mismo FMI, pero rápidamente rechazada por los demás líderes europeos, aunque, como reveló el sitio Wikileaks, la más resistente de estos, la canciller alemana Angela Merkel, ya sabía desde 2011 que los programas de austeridad agravarían la situación de Grecia, en lugar de mejorarla.
El problema es que no quieren abrir lo que consideran un peligrosos precedente: si la deuda griega se reestructura, lo que inevitablemente incluirá un descuento en su cantidad, como ocurrió en otros casos semejantes, otros países sometidos a duros programas de austeridad, como España, Portugal e Italia harían fila para obtener acuerdos semejantes. Una perspectiva casi intolerable para el “Sistema de la Deuda”.
Como el stock de euros de los bancos griegos está prácticamente agotado, si no hay un acuerdo en los próximos años para permitir que el BCE retome las líneas de liquidez hacia el sistema bancario del país, el gobierno se verá obligado a recurrir a soluciones alternativas como la emisión de pagarés y, en última instancia, al abandono del euro. Sea como fuere, la solución tendrá que ser rápida.
Por otro lado, como una señal de los nuevos tiempos que corren, vale registrar que tanto Rusia como China parecen tener alguna participación en las negociaciones. Después del referendo, el primer jefe de Estado con el que Tsipras conversó fue el presidente ruso Vladimir Putin, el lunes 6. Según el boletín de prensa del Kremlin, los dos discutieron el resultado del referendo y “varios asuntos referentes a la profundización de la cooperación bilateral”. En la ocasión, Putin “habría manifestado su apoyo al pueblo griego, en la superación de las actuales dificultades del país” (The BRICS Post, del 6 de julio de 2015).
En el mismo día, Putin habló con la directora-gerente del FMI, Christine Lagarde. Según un portavoz del Kremlin, la conversación no fue sobre una ayuda de Rusia a Grecia”, sino la cooperación de Rusia con el Fondo, en el contexto del referendo. A pesar de que los términos son vagos, el hecho es que, difícilmente Tsipras hablaría con Putin en un momento crítico como este, para discutir la “profundización de la cooperación bilateral”, y el líder del Kremlin hablaría con el jefe del FMI para conversar sobre generalidades, si no hubiese una iniciativa concreta por detrás de todo (Sputnik International, 6 de julio de 2015).
En paralelo, el vicecanciller de China, Cheng Goping, afirmó que el país está conduciendo negociaciones con Grecia y la Unión Europea, sobre la crisis de la deuda griega. El anuncio fue hecho por el propio Cheng, lo que sugiere la relevancia con que Pekín está tratando el asunto (Sputnik Brasil, 6 de junio de 2015).
Durante la semana, el premier chino Li Keqiang estuvo en Europa, donde afirmó a sus anfitriones que Pekín no gustaría de ver a Grecia fuera del euro. Un artículo publicado en el sitio Global Times (“¿Los problemas financieros de Grecia son una oportunidad para una mayor cooperación China-UE?”, 6 de julio de 2015), ofrece algunas pistas de las motivaciones e intenciones chinas:
Lo qué está ocurriendo en Grecia reveló el problema de la UE y de la zona del euro: la retracción económica bloquea el proceso de llenar la laguna entre la Europa Occidental desarrollada y la menos desarrollada Europa del Este y del Sur.
China piensa que estos temas de largo plazo, deben ser sus oportunidades para encontrar más terreno común para la cooperación con la UE. Después de que Jean- Claude Juncker fue electo presidente de la Comisión Europea, en noviembre, el propuso un plan masivo de inversiones de 350 mil millones de euros. Sin embargo, solamente una fracción de las inversiones vendría de la propia UE. El plan de Juncker necesita de fuentes externas para sustentarse.
China piensa que su iniciativa “Un Cinturón. Una Ruta” (también conocida como la Nueva Ruta de la Seda –n.e) puede trabajar con el plan de Juncker, en la medida en que ambos proyectos buscan fomentar el crecimiento económico. China necesita explorar su capacidad en exceso y construir su marca en el mercado global, por medio de sus ventajas en la manufactura de equipos. La UE necesita de más dinero para dirigir sus tecnologías pos-industriales hacia la plena capacidad y beneficiar los estados menos desarrollados con más proyectos de infraestructura.
Aunque China, como un elemento externo, no desempeñe un papel crítico en “salvar a Grecia o a Europa”, esta es una opción para consideración de los europeos. A largo plazo, una comunidad sino-europea más conectada y beneficiándose de una mayor integración económica, volverá más resistente a la UE y a la zona del euro. China necesita de un euro robusto, para mantener la estabilidad del sistema financiero global, y de una UE integrada, para concretizar el equilibrio internacional de poder.
El economista ruso Aleksandr Salitsky, especialista en asuntos chinos del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú, complementa:
“Puedo suponer que programas que se han iniciado muy activamente en las relaciones sino-griegas, relacionadas con el turismo, tendrán continuación, si. Puede haber también una transferencia de unidades de producción industrial de China hacia Grecia. Los chinos pueden contribuir a realizar el deseo de Grecia de volverse uno de los dos puntos importantes de tránsito de hidrocarburos de Rusia hacia Europa (Sputnik Brasil, 6 de julio de 2015).
Aparentemente, las dos potencias líderes del grupo BRICS están posicionando sus cartas para colocar en la mesa una alternativa cooperativa y constructiva al caos creado por el “Sistema de Deuda”. Veamos la manera de responder de Bruselas y, principalmente, de Washington.
Las cumbres de Ufá
La lejana Ufá, capital de la república rusa de Bashkortostán, es la sede de dos cumbres casi simultáneas que simboliza la nueva dinámica de la reordenación mundial en curso. En los días 8 y 9, la de los BRICS; el 9 y 10 de de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO, siglas en inglés); los dos grupos también tendrán una reunión conjunta, el día 9, facilitada por el hecho de que las dos principales potencias de ambos, son las mismas: Rusia y China.
A pesar de no esperarse decisiones o retumbantes declaraciones en ninguna de ellas, su relevancia reside en el mero hecho de estar ocurriendo. En palabras del periodista mexicano Alfredo Jalife-Rahme.
“El mundo se encuentra fracturado y en plena fase de desorden, pero todavía subsisten fractales de reordenamientos, como los nuevos organismo lanzados por el BRICS en su cúpula seminal de Fortaleza, desde el Banco de Desarrollo, pasando por el mini-FMI, hasta el proyecto de crear sus propias agencias de clasificación de riesgo” (La Jornada, 8 de julio de 2015).
En la misma línea, Cynthia Roberts, profesora de Ciencia Política de la Universidad de la Ciudad de New York, afirma que “está cumbre marca una transformación del club de los BRICS en un naciente concierto no occidental de grandes potencias, que se enfocan en sus prioridades, no en aquellas de Washington o de Bruselas (Sputnik News, 8 de julio de 2015).
En el portal Russia Insider, Alexander Mercouris califica a Ufá “una cumbre (en singular) que está rehaciendo al mundo”.
“Lo que estamos viendo en Ufá es la fusión del nuevo centro de poder que está desafiando la hegemonía histórica de los EUA y los Estados europeos. En su núcleo está la alianza (o ‘asociación estratégica’) de China y Rusia, quienes están ahora forjando relaciones de amplio espectro entre sí, cubriendo todos los aspectos: político, diplomático, económico y militar. (…)
“La organización clave de seguridad es la Organización de Cooperación de Shangai. La organización económica clave es la de los BRICS, ahora apoyado por las nuevas instituciones financieras que se está forjando por China. El agrupamiento político interno será la Unión Euroasiática, de la cual China –vía su alianza con Rusia-es una socia no tan secreta. Los vínculos económicos y comerciales que están uniendo el así denominado “espacio interno” euroasiático son la unión euroasiática y la ruta de la Seda.
“Mientas Occidente parece ser incapaz de resolver una crisis de la pequeña Grecia, en Ufá, se está haciendo un nuevo mundo” (Rusia Insider, 7 de julio de 2015).
Sin abrigar la ilusión de que el “modelo BRICS” representa la redención de la humanidad, la consolidación de las iniciativas puestas en marcha por el grupo, serán una contribución crucial para una perspectiva cooperativa y sinérgica en las relaciones internacionales, de lo que el mundo anda tan carente.

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