Fronteras entre culturas, fronteras entre derechos humanos

Dr. Ján Čarnogurský

 

Nota de los editores- reproducimos a continuación el discurso del ex vice primer ministro y ex ministro de Justicia de Eslovaquia, Dr. Ján Čarnogurský, pronunciado en la Conferencia Anual sobre Diplomacia Cultural, el 17 de diciembre de 2016 en Berlín.  Los subtítulos fueron agregados por la editorial.

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La Historia no debe dar alivio a ningún país que abandone sus compromisos o su conciencia de identidad, de modo que puedan trazar un camino menos exigente.

(Henry Kissinger, El Orden Mundial)

 

Cuando hacemos un discurso, es común que usemos una personalidad como escudo.  He escogido como lema a Henry Kissinger y a una de las afirmaciones de su libro El Orden Mundial.

La conciencia de la identidad de los países se puede expresar, en otras palabras, en la forma de cultura.  Henry Kissinger, un especialista en Historia, nos recuerda mantener nuestras identidades, lo que significa, conservar nuestras culturas.  Podemos encontrar un gran número de ejemplos en la historia de países que no respetan sus propias culturas.

En la literatura, un ejemplo de la convulsión de la Historia es el antiguo Imperio Persa (el actual Irán).  Durante toda la antigüedad, ese imperio era el contrapunto de Roma.  Persia fue conquistada por tribus bereberes venidas del desierto en el siglo VII, y su religión original fue rápidamente sustituida por el Islam.  Al final, Persia adoptó el islamismo de la rama chiita y no sunita, pero nunca más aquella nación volvió a tener su poder e influencia del pasado.  Ese fue el precio que pagó por perder su cultura.  Dicho de forma simple, vale la pena mantener su cultura.

La pérdida de la cultura y de la religión original en Persia fue un proceso ligado a su derrota en el campo militar.  Por desgracia, acontece con frecuencia que la cultura, en especial la lengua, la religión y Estados y naciones enteras, se pierden en razón de derrotas militares.  En la Guerra de los 30 años ambos lados empalaron a sus prisioneros –se puso en práctica una cultura de violencia.

La propia diplomacia que puso fin a la Guerra de los 30 años merece destacarse.  Ambas partes en conflicto, en principio católicos de un lado y protestantes del otro, pero no nada más ellos, sólo llegaron a un acuerdo luego de cinco años de largas y exhaustivas negociaciones.  Como las partes en conflicto se negaban a ocupar el mismo predio para poder dialogar, se escogieron dos ciudades para instalar a cada parte –Münster fue escogida por los protestantes, mientras que Osnabrück fue electa por los católicos, ambas situadas en la actual región alemana de Westfalia.  Los intercambios de mensajes entre cada lado se hacían por medio de correspondencia y embajadores, hasta que se llegó a un entendimiento, la llamada Paz de Westfalia.

Los principios de ese acuerdo sobrevivieron en el actual derecho internacional y es el tratado de paz más citado de la Historia.  Allí se introdujo el concepto de soberanía de los estados nacionales, aplicado hasta el día de hoy.  Gracias a ese concepto, los estados han sido obligados a respetar los derechos humanos en nuestros días.  Pero lo vínculos entre guerra y cultura, en especial, la cultura de la violencia, se ven todavía en la actualidad.

Los prisioneros del Estado Islámico son vestidos, frecuentemente, con trajes color naranja antes de su ejecución, así como los uniformes de los prisioneros de la base militar de Estados Unidos en Guantánamo.  El Estado Islámico decapita a sus prisioneros ante las cámaras, de la misma forma que los soldados estadounidenses posaban con vietnamitas decapitados en la década de los años sesentas, o como los hacían los soldados franceses con sus víctima durante la guerra de independencia de Argelia, en los años cincuentas.

Los documentos históricos, pero también la literatura, prueban que las personas siempre han aceptado que los derechos humanos se deben respetar y asegurar que sean para todos, sin excepciones.  Un ejemplo está en la Iliada, donde Aquiles respeta el derecho del padre de Héctor de enterrar el cuerpo de su hijo muerto en combate, aunque hayan sido enemigos en vida.  La competencia en términos de escalada de violencia, puede llevar a las personas a mejorar, inclusive, los mecanismo que protejan las dignidad y los derechos en las personas en épocas turbulentas.

Las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, llevaron a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, por la Asamblea General de las Naciones, en 1948, que fue perfeccionada posteriormente con diversas convenciones aprobadas en los años siguientes.  El ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter amplió el concepto de derechos humanos al darles un significado político, tal vez por influencia de Zbignew Brzezinski, su asesor de Seguridad Nacional.  Los derechos humanos, de repente, se convirtieron en parte de la política internacional y su observancia fue el principal punto del célebre Acuerdo de Helsinki de 1975.

Otros marcos importantes en ese sentido fueron la Carta 77, la asociación disidente de la antigua Checoslovaquía, que apelaba directamente por los derechos humanos.  Además de esta, es bien conocida la importancia de la obra El Archipiélago Gulag, de Alejandro Solyenitsin, para la caída del comunismo.

Luego de eso, la Guerra Fría había terminado y la protección de los derechos humanos comenzó una segunda vida.  Durante aquel conflicto, los derechos humanos fueron utilizados como instrumento para proteger a los perseguidos por los regímenes comunistas.  Esos opositores apelaban a la Convención de los Derechos Humanos, para que les fuesen respetados, pero, en lugar de eso, eran apresados.  Luego del fin de ese conflicto, la globalización se extendió en el mundo occidental victorioso y un tipo de idea global y unificada de derechos humanos se estableció gradualmente.

El primer problema que interpuso un obstáculo a esa nueva idea de derechos humanos fue la misma definición del concepto.  ¿Serían esos derechos desarrollados a lo largo de siglos, en un cierto ambiente cultural, marcadamente religioso? ¿Será que ese concepto cambiará para unos pocos?

La segunda idea de derechos humanos afirma que ese concepto ha cambiado de significado muy rápidamente, bajo la influencia de la condiciones de los cambios sociales.  E esta la corriente que en la última década pasó a defender el derecho de las mujeres al aborto, a la teoría y a la práctica de la ideología de género y al derecho a transferir su propia cultura a todo el planeta, siempre proclamando defender los derechos humanos.  Esto condujo a consecuencias paradójicas, tales como los tumultos promovidos en su mayoría por jóvenes inmigrantes de países árabes en la fiesta de año nuevo de Colonia, Alemania.  De acuerdo con las leyes europeas, fueron una suma de disturbios, agresiones sexuales, además de otros delitos, que de haber sido cometidos por jóvenes alemanes, habrían sido procesados y, ciertamente, condenados.  Pero, como eran delincuentes del Oriente Medio, alegaron que lo que hicieron era parte de su cultura de origen y que sólo estaban en Alemania en razón de la guerra en su país natal, por invitación de la canciller alemana (Angela Merkel), y que no sabían que estaban haciendo algo malo.  Hasta donde sé, no hubo ningún tipo de investigación penal contra ellos.  La protección de los derechos humanos ganó, súbitamente, una nueva dimensión y aparecieron nuevas cuestiones.

 

Derechos humanos en el mundo unipolar

A principios de los años noventas se creó el mundo unipolar centrado en Estados Unidos, que iniciaron la llamada globalización.  Esto tenía una dimensión política y económica, pero también ideológica, sobre todo, en relación con los derechos humanos.  En las conferencias internacionales sobre los derechos de las mujeres de Pequín (China) y de El Cairo (Egipto), y sin duda en otras reuniones similares, se reforzó el concepto occidental de derechos humanos.  Esto se usó como argumento auxiliar para justificar intervenciones en los asuntos internos de otros países.

Un argumento complementario para justificar la invasión de Afganistán, en 2001, fue la supuesta necesidad de poner en práctica los derechos de las mujeres a la educación en aquel país, además de otros derechos.  Sin duda, todos apoyamos esos derechos de las mujeres, pero la realidad es que hoy, según los principales canales de prensa del mundo, el Talibán sigue dominando la mayor parte del territorio afgano.

El argumento de los derechos humanos, en especial los derechos políticos, fue instrumentado por los países occidentales para dar apoyo a la Primavera Árabe.  Desde el punto de vista de Occidente, los objetivos de las multitudes que protestaban eran correctos, pero los resultados alcanzados por esas revoluciones fueron pobres: Libia se convirtió en un Estado desintegrado; la guerra civil de Siria, todavía en marcha, ya mató a centenas de miles de personas; en Irak, la situación es igualmente desoladora y hay dudas sobre el futuro del país.  En Egipto y en Túnez la situación es la misma que existía antes de las revoluciones, y esta fue la mejor solución.  Los países árabes donde esos movimientos no llegaron, como Marruecos y Arabia Saudita, están en mejor posición.

La globalización adoptó solamente el concepto de derechos humanos desarrollado por los segmentos liberales de las sociedades occidentales.  No obstante, el hecho es que tanto en Europa Occidental como en América del Norte los segmentos conservadores no se identificaron con ese nuevo concepto de derechos humanos, que no era de cuño ni cultural no diplomático.  Todo indica que el arreglo de un orden mundial unipolar condujo a Occidente a un exceso de autoconfianza respeto a su propio concepto de derechos humanos.

Las consecuencias son visibles en esos países:  en muchas naciones occidentales, los partidos calificados como de “extrema derecha” están ganando espacio y no solo rechazan la actual estructura económica y política mundial, sino que se oponen también a esa nueva visión de derechos humanos.  El resultado de las elecciones tiene un carácter simbólico para todo el mundo occidental y tiende a llevar al regreso de la promoción de los derechos humanos, en lugar del uso de medios políticos y militares para promover una diplomacia cultural –lo que sería una opción menos dolorosa.  Sin embargo, ningún otro resultado deberá venir de ese proceso.

 

…Y en un mundo multipolar

El mundo unipolar está cambiando hacia un mundo con al menos tres polos de poder: Estados Unidos, China y Rusia.  Estos dos últimos, ciertamente, no permitirán que Occidente les dicte que conceptos de derechos humanos deberán adoptar, sea por medios culturales o militares.  Podemos citar el ejemplo de Rusia, donde una ley federal se aplica desde hace algunos años para prohibir la promoción de la homosexualidad, para proteger a los niños, y donde no se pueden realizar marchas del orgullo gay.  Es un hecho que China y Rusia están listas para apoyar movimientos que resistan la expansión del concepto occidental de derechos humanos en el mundo, y Siria es el ejemplo más trágico en ese sentido.

Esa es una oportunidad para que el concepto occidental de derechos humanos regrese a sus raíces, para reflexionar sobre la cultura misma en la que fuimos educados.

Los Diez Mandamientos son un concepto crucial en la cultura europea, y fue a partir de él de donde se desarrolló el cristianismo, con la cruz como su símbolo.  Hay muchos ejemplos célebres de mujeres que perdieron sus empleos en países europeos por usar collares con el símbolo de la cruz.  En Francia han tratado de incorporar el legado de la Revolución Francesa a la cultura en los últimos 200 años, con resultados discutibles hasta el momento.

Eslovaquia es un ejemplo más o menos cómico: su Constitución afirma que el Estado no debe adherirse a ninguna religión, de modo similar a lo que pregona la filosofía secular.  Cuando la Unión Europea quiso imponer las cuotas de refugiados a todos los estados miembros, hace un año, el gobierno eslovaco declaró estar dispuesto a recibir solamente refugiados cristianos, ya que no había casos conocidos de ataques terroristas perpetrados por cristianos del Medio Oriente –actitud que desencadenó críticas dentro del bloque europeo.  Otra actitud del gobierno eslovaco tuvo lugar a principios de diciembre de 2016, cuando el Primer ministro, Roberto Fico, invitó a los partidos asociados a la Internacional Socialista a no sustituir sus programas de cuño social con programas fundados en conceptos liberales de derechos humanos.

Hoy, prácticamente, no hay diferencias entre los programas sociales y económicos de los partidos socialistas y conservadores, y muchos partidos socialistas se han esforzado para diferenciarse por medio de la propagación de programas LGTB, de la ideología de género, etc.  En Estados Unidos ya no es políticamente correcto desear Feliz Navidad: ahora debemos desear Felices Fiestas (“Season Greetings”).  Hace cerca de 15 años participé en el Día del Abogado en Alemania, y, dentro de las actividades, hubo un debate sobre si la ley islámica de la sharia debería ser incorporada por la legislación alemana al campo del derecho familiar.  No sé hasta qué punto evolucionó ese debate desde entonces, pero desde el punto de vista de la cultura europea se trata de un debate defensivo.  La verdad es que las fronteras entre las culturas se debilitan, y esto implica el debilitamiento de las fronteras entre las concepciones de derechos humanos.  Hay ejemplos en Alemania de jóvenes forzadas a casarse con alguien escogido no por ellas, sino por sus familias, siguiendo la tradición musulmana.  Este es el llamado multiculturalismo, que se ha ganado un nombre peyorativo entre los alemanes –multi-kiulti-, entre los que hay cada vez más voces que proclaman el fracaso de esa política.

Las conferencias no han debatido las cuestiones de diplomacia cultural y el apoyo a los derechos humanos, ni sobre lo que ha ocurrido en las fronteras terrestres y marítimas del bloque europeo.  Centenas de miles de inmigrantes han llegado, venidos del Norte de África y del Medio Oriente, número inferior al millón de inmigrantes del año pasado –una cantidad de refugiados pequeña ante la capacidad europea de resolver el problema de la inmigración, pero que supera el número de inmigrantes que el bloque está dispuesto a aceptar.

Por un lado, una proyección de Naciones Unidas afirma que 164 millones de inmigrantes deberán entrar a los países ricos de Europa y de América del Norte de ahora a fines del siglo. Por otro, existe el problema del intento de aplicar automáticamente el concepto europeo de derechos humanos en relación a los países del Norte de África y del Medio Oriente, lo que resulta en un aumento de la entrada de inmigrantes a Europa.

Francia violó en 2011 la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la zona de exclusión aérea en Libia y, desde entonces, las olas de inmigrantes venidos de Libia a Europa se multiplicaron.  Occidente desencadenó la guerra contra Irak a partir de datos de espionaje falsos que afirmaban que existían armas de destrucción de masas en el país.  Hasta donde se ve, la guerra de Siria sólo tendrá fin por medio de una política de combate al terrorismo, puesta en marcha por el nuevo presidente de Estados Unidos.  El acuerdo de la Unión Europea con Turquía para frenar la entrada de inmigrantes es muy débil.  Los inmigrantes navegan hacia el continente europeo en embarcaciones precarias y miles mueren anualmente en el mediterráneo.

Los campos de refugiados de Europa, África y Medio Oriente, y los miles de muertos en los mares, traen la discusión de los derechos humanos a un nuevo plano y el debate académico no ha sido suficiente.

Europa, en especial, tiene que hacer lo que fuese preciso para poner fin a las guerras del Medio Oriente y del Norte de África.  Allá se tiene que poner en práctica la diplomacia cultural, con el objetivo de resolver ese problema, no sólo para el exterior, ante culturas y visiones diferentes sobre los derechos humanos, sino también internamente, para volver sobre nuestra propia cultura.  Debemos tratar de esclarecer que los derechos humanos de los migrantes que llegan a Europa tienen que respetarse, para dejar claro que ellos no tienen el derecho de imponer su cultura a los países que los acogen.  Los acontecimientos de Año Nuevo de Colonia no se pueden repetir.

Todo esto es el contenido de nuestras conversaciones sobre derechos humanos.  El mundo observa la evolución de este debate en Europa y cuáles serán nuestras respuestas.  De forma diferente a cómo ha sucedido en otros tiempos históricos, los países europeos no podrán dar una respuesta militar a esa cuestión y la solución tendrá que pasar por la adopción de una decisión cultural.  El mundo verá al bloque europeo pasar por esa decisión y de qué manera administraremos esa cuestión en nuestra sociedad.  Las voces de las pequeñas organizaciones, como la nuestra, también deben tener un papel importante en ese proceso.

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