Auténtico y veraz

Hay muchos sitios que podemos encontrar en las redes sociales o en la internet, las cuales con mucha frecuencia son absolutamente intolerables.  La gente pareciera que sólo sabe balbucear.  Además de las noticias y de los escándalos, nos enfrentamos a la intrascendencia, a lo irrelevante o a insoportables discursos de odio.  Internet, Faceboock y Twitter seducen a los usuarios a participar en un tipo de “chateo” (estilo comidilla) neo-barroco constante.

Pero hay sus notables excepciones. Hace un año ya, se publicó un CD especial en You Tube: la grabación del oratorio Christus am Ölberge (Cristo en el Monte de los Olivos) Op. 85 de Ludwig van Beethoven.  En esta grabación, el tenor Fritz Wunderlich interpreta el papel de Cristo.  A sus 27 años, Wunderlich fue acompañado por la Radio Filarmonisch Orkest bajo la batuta del director Henk Spruit.  La grabación se hizo en el año de 1957. Esto es lo sorprendente: Los comentarios escritos por los oyentes, llenos de entusiasmo, indicaban que la grabación de ese entonces delineaba a la perfección la inmensa expresividad del joven tenor Wunderlich, quien tenía la capacidad para satisfacer vocalmente las intenciones musicales de Beethoven.  Fritz Wunderlich fue uno de los más famosos tenores líricos de Alemania.  Esto se demuestra en sus muchas grabaciones de canciones de Schubert y de Schumann con el acompañamiento al piano de Hubert Giesen.  Su primera aparición en el escenario fue en el papel de Tamino, de la Flauta Mágica de Mozart, presentada en 1954.  El eco de la grabación del año 1957 es una demostración vivida de que el anhelo por este tipo de autenticidad permanece integro hasta nuestros días.

El oratorio “Cristo en el Monte de los Olivos” se lo disputan por igual musicólogos y teólogos; sin embargo, no se le considera como una obra exitosa de Beethoven.  El oratorio, cuya composición se inició en 1803, fue la primera gran composición religiosa de Beethoven.  (Beethoven compuso en 1802 seis canciones sobre textos de Chritian Fürchtegott Gellert.  Los poemas son una reflexión sobre temas existenciales como “De la muerte,”  “El amor al projimo” o “La fuerza y la providencia de Dios.”)  El tema principal de oratorio es la agonía de la muerte de Jesús, al acercarse el cumplimiento de su misión redentora, su oración en el Jardín de Getsemaní y su detención.  Su pedido a su Padre: “¡Oh, Padre! … Quiero ser el mediador, yo sólo, de las culpas del hombre ¿cómo podría esta raza humana, sacada del polvo, soportar un juicio –lo cual me arroja a mí, a tu hijo al suelo?  Sufro mucho, Padre… ten piedad de mi… aparta de mí este cáliz de sufrimiento.”  Esas palabras caracterizan las partes fundamentales de la composición.  Beethoven contrapone esto con las palabras reconciliatoria y de exhortación cantadas por el Serafín y el coro de los ángeles… “Tu disfrutarás la bendición, si tienes fe en el amor, fe y esperanza,” escritas por Beethoven en un brillante La mayor.

Pedro, en este oratorio a seis partes, está representado por la voz del bajo, el cual se une en la obra a las voces del tenor y de la soprano, Serafín;  estas voces solistas están acompañadas por el coro de los soldados, los discípulos de Jesús y los ángeles y por la orquesta.

La “introduzione” instrumental se inicia en una tonalidad muy rara, mi bemol menor.  Esta introducción, en tiempo Grave (muy lento), lleva la atención del oyente al momento en el que Jesús se encuentra totalmente abandonado a su pasión.  Wilfried Kirsch (en Beethoven Interpretationen seiner Werke, 1994) señala correctamente el carácter de la tonalidad como la definiera Chr. Fr. D. Schubart (Ideen zu seiner Ästetik der Tonkunst, 1806) según quien la tonalidad expresa “sentimientos de un miedo interior del alma, de desesperación meditativa, de la más negra melancolía, del más oscuro estado de la mente.”  Es sabido que Beethoven tenía conocimiento de las caracterizaciones de Schubart de las tonalidades de y que las apreciaba mucho-  De esta introducción instrumental casi “hablada” emerge la voz de Cristo, totalmente sólo, sin compañía (recitativo).  La tensión emocional entre la misión redentora divina y la agonía humana del Hijo de Dios es tal que esta obra de Beethoven se adentra en uno, y el tenor Fritz Wunderlich es capaz de expresarla con su canto de una manera única.

El texto fue escrito por el renombrado libretista Franz Xaver Huber, con quien Beethoven pudo colaborar bien.  Partes de los textos, reescritos parcialmente, fueron tomados de los evangelios de San Mateo, de San Marcos y de San Lucas.  Algunos versos fueron inventados libremente, lo cual ha sido criticado a lo largo de los años. El editor Breitkopf & Härtel dudó antes de publicarla.  En 1804 Beethoven había comenzado la revisión de la obra, pero esta no se imprimió sino hasta 1811.  La revisión se hizo para mejorar el texto de Huber, al que se le señalaba de ser un libreto “insignificante.”  En realidad sucedía que era difícil para el sentimiento religioso de ese tiempo aceptar la interpretación subjetiva de Beethoven de la persona de Jesucristo como Hijo de Dios y ser humano, en especial en la ciudad de Leipzig, predominantemente protestante, era difícil aceptar la realidad psicológica de Cristo a la manera tan apasionada que la presentaba Beethoven (según el Beethoven de Jan Caevers, 2012).  Cuando Beethoven escuchaba de algún cambio en el texto hacía de inmediato una defensa en cartas incendiarias.  El libreto podría ser malo, decía, pero no cambiaría nada.  Texto y música constituían una unidad y cualquier cambio, aún si fuera el cambio de una palabra, el conjunto quedaría destruido. Breitkpf & Härtel, al principio siguieron las instrucciones, pero luego introdujeron cambios, mismos que fueron rechazados de la forma más violenta;  Beethoven escribió furioso: “En el coro del oratorio lo hemos visto –a pesar de mis notas a favor del texto anterior, prefirieron los desafortunados cambios. ¡Por todos los cielos! ¿Cree la gente de Sajonia que la palabra hace la música?”

Entre los anglicanos parece que todavía era más difícil aceptar la apasionada representación de Cristo como Dios y Humano: en 1874 se publicó en Londres una versión completamente diferente, escrita por Henry Hudson, tomada del Viejo testamento (la persecución de David), sin cambiarse ni siquiera una sola nota, según refiere Caeyers.

La apasionada batalla de Beethoven por la espiritualidad del hombre

Beethoven compuso en 1807 su primera misa, la Misa en do mayor.  En 1815 quiso componer otro oratorio, La victoria de la cruz, a pedido de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena.  Sin embargo, Beethoven no llenaba los requisitos.  Fue hasta después de 1823 cuando Beethoven le presentó al Archiduque Rodolfo la dedicación de la Missa Solemnis, Op. 123, el manuscrito de esta Grosse Messe, la que fue para Beethoven su obra más grande.  Esto subraya que Beethoven a lo largo de toda su vida libró una batalla profunda –más de cualesquiera diferencias confesionales- por la dimensión religiosa del hombre, la fuente de su humanidad.

Esto hace evidente el por qué la interpretación de Cristo de la composición de Beethoven, tan magníficamente presentada  por el gran tenor Fritz Wunderlich (quien desafortunadamente murió prematuramente en1966), tiene tanta fuerza el día de hoy. A pesar de algunos problemas en el oratorio, más relacionados con el texto o con la actuación, la grabación de 1957 refleja el deseo de vivir de acuerdo a algo auténtico y veraz.  Algo que mucha gente de nuestro tiempo anhela con dolor: Comprender la naturaleza semejante a Dios del hombre y la necesidad de actuar de acuerdo con ella.

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