La tragicomedia de la Unión Europea

Carlos Latuff refugees and rebels

Ján Carnogursky

A continuación publicamos un comentario del Dr. Carnogursky Dr. Ján Čarnogurský, ex primer ministro de la República Federal Eslovaca y ex ministro de Justicia. El artículo se publicó inicialmente en el Club de Debates Valdai (17/09/2015);  le precede una introducción de Elisabeth Hellenbroich.

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Desde el estallido de la abrumadora crisis de los refugiados, que ha golpeado con especial fuerza a Europa en agosto y septiembre de este año, aproximadamente un millón de refugiados ha huido de la guerra que azota sus países,  Siria, Irak, Afganistán, o África, pero también muchos procedentes de los Balcanes, en busca de asilo en Europa, o en busca de la oportunidad de un trabajo digno.   El flujo de refugiados que provienen de Turquía, de Grecia y de la costa mediterránea de África ha alcanzado dimensiones tales que países como Hungría, Croacia, Eslovenia, Austria y Alemania están poniendo límites a los más de 20 mil refugiados que cada día tratan de cruzar la frontera con la esperanza de encontrar algún lugar seguro en Alemania, Suecia o en cualquier parte.

En Alemania el número de refugiados, 10 mil o más en los últimos 20 días tan sólo en Múnich, es tan alto que el ministro alemán del Interior, de Maizère, sostiene que para fines de este año el país tendría que recibir 800 mil refugiados, lo cual supera por completo la realidad; hay estimaciones de tomarse en cuenta que hablan de más de un millón de refugiados.

Esta realidad, por su parte, está provocando fuertes tensiones en la Unión Europea.  La mayoría de países de Europa oriental, los llamados estados Visegrád, en particular Hungría, Eslovaquía, la República Checa y Rumania, rechazaron la propuesta que hiciera el comisionado de la UE, Claude Juncker y la mayoría de los ministros del Interior de la Unión para distribuir 120 000 refugiados entre todos los estados de la Unión Europea.  Todo indica que la decisión de esa mayoría no será aceptada en algunos países, una falla más en la Unión Europea.

La forma en la que el problema se agudiza y el temor de que muchísimo más de un millón de personas busque refugio en Turquía, Grecia, Hungría, Austria, Alemania y Suiza no deja lugar a dudas que la UE se enfrenta a su dilema político, económico y moral más grande desde la Segunda guerra mundial; la crisis está acompaña del endurecimiento del lenguaje, como lo muestran las conversaciones entre Hungría y Alemania, y ha obligado a los países que se refieren a su derecho a la protección de su soberanía territorial a construir cercas de acero y a imponer controles fronterizos más estrictos.

La pregunta es: ¿A dónde se dirige este proceso? Por el momento no hay nadie que le esté diciendo a la población europea cuántos millones más están tratando de huir a Europa, y, al mismo tiempo, no hay un debate estratégico en la UE que se dirija a las causas “reales” del drama de los refugiados: las guerras de Siria y de Irak.  A excepción de algunas cuantas voces, los gobiernos siguen los dictados del gobierno estadounidense, el cual, quien podría olvidarlo, inició las guerras, con lo cual hundió todo el Medio Oriente en un caos que todavía cuenta con el respaldo de potencias de la Unión Europea como Gran Bretaña y Francia.  La única solución sensata para detener este drama que se desarrolla en el seno de la UE es poner fin a la guerra con una paz negociada entre el gobierno sirio, Rusia, EEUU, Europa y los estados árabes vecinos.

Elisabeth Hellenbroich

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El flujo de emigrantes de África y del Medio Oriente se ha convertido en una tragicomedia para la Unión Europea –tragedia para los emigrantes y cómica para la Unión Europea. Su número está creciendo sin parar.  El verano del año pasado hubo decenas de miles al mes, ahora llegan por ciento de miles.  La retórica interna de la Unión Europea se concentra en las cuotas obligatorias de cada Estados.

De acuerdo con esta decisión, Bruselas estableció las cuotas de emigrantes que cada Estado está obligado a acomodar en su territorio.  Las cuotas aumentarán a cada mes.  Por ejemplo, Eslovaquia tuvo que recibir unos 500 emigrantes a principios del verano, la cifra se elevó a 1 200.  Nadie puede decir, por el momento, cuantos serán el año entrante.

Los políticos de la Unión Europea, sin embargo, tercamente se niegan a hablar de las causas del flujo de emigrantes: guerras en el Medio Oriente desencadenadas por Estados Unidos y apoyadas activamente por la Unión Europea.  El Primer ministro de Francia, Manuel Valls, calificó el flujo de emigrantes de problema europeo debido a que hay países que no pueden los pueden resolver por su cuenta. Sin embargo, no mencionó que el flujo fue orquestado por Francia en la presidencia de Nicolás Sarkozy, cuando intervino en la guerra civil de Libia de 2011 para derrocar a Muammar Jaddafi y destruir Libia como Estado, y a partir de entonces miles de migrantes se comenzaron a escapar hacia Europa.

El Primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, se atrevió a pedir en la reunión de jefes de gobierno de los Cuatro Visegrád que se llamase a las causas de la emigración por su nombre. Francia, durante el gobierno de Nicolás Sarkozy, fue el único país que abordó el asunto.  Pero no tuvo el valor para referirse a Estados Unidos.  Ningún político europeo en funciones se ha atrevido a decir que el respaldo de Occidente a la guerra civil de Siria es la fuente de la emigración.  Dichos políticos no durarán mucho en el gobierno.

Corregir las causas de la emigración a Europa es el primer paso para resolver el problema.  Estados Unidos fue la causa original de la masiva emigración a Europa, y ahora los mismos Estados Unidos dice que se trata de un problema exclusivamente europeo.  Algunas veces se dirigen a nosotros en comentarios (Hillary Clinton) para decir que Europa habrá de tratar con la emigración.  La incapacidad de Europa de llamar por su nombre a las causas de la emigración muestra su debilidad intrínseca.  El flujo de emigrantes desarmados nunca ha provocado trastornos en la historia de las grandes potencias.  Pero la Unión Europea tiembla ante el torrente de emigrantes, y está  inventando soluciones, como las cuotas, sólo para impulsar más la llegada de emigrantes.  Quizá la UE quiere compensar su papel negativo en la guerra civil de Siria con una mayor disposición a aceptar refugiados sirios. Los emigrantes ya lo comprendieron y están haciendo uso pragmático de ello.  Los refugiados de países de otros países del Medio Oriente se están haciendo pasar como refugiados sirios.

La incapacidad de los políticos de llamar por su nombre a las causas de la emigración se iguala con su incapacidad de liberarse de la ideología, la fuente de la cual, en primer lugar, se puede encontrar la costa este de Estados Unidos.  El mundo, dicta dicha ideología, se tiene que regir de una forma que facilite la difusión de lo más perfecto, es decir, la democracia estadounidense, por todo el mundo.  Se parece al trotskismo, pero de cabeza.  León Trotsky quería extender la revolución comunista a todo el mundo, mientras que los trotskistas modernos quieren propagar la democracia estadounidense a todo el mundo.

Europa ya pagó por permitir una vez el liderato de la ideología.  Antes del inicio de la etapa aguda de la guerra de Yugoslavia, el presidente de Croacia Franjo Tudman y el presidente serbio Slobodan Milošević estuvieron de acuerdo en que Yugoslavia se tendría que dividir de acuerdo a fronteras nacionales y religiosas.  El acuerdo hubiese salvado a Yugoslavia y a Europa de la sangrienta guerra.  Pero a la ideología occidental no le gustó el intento de Yugoslavia de saltarse la línea de las fronteras administrativas existentes, por lo cual el plan no se puso en práctica y la guerra encarnizada comenzó.  El resultado de ello resuena todavía hasta nuestros días.

En medio de la discusión europea sobre las cuotas de emigrantes de cada Estado, el Primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, dijo que Eslovaquia sólo aceptará cristianos del Medio Oriente sean las cuotas que se adopten.  Congenian más en términos culturales con Eslovaquia y se integrarán con mayor facilidad a la sociedad eslovaca.  ¡Sus palabras desataron protestas furiosas de la prensa liberal eslovaca!  Después de todo, Eslovaquia siguió los términos de la línea general de los Cuatro Visegrád, que rechazan el mecanismo de cuotas obligatorias como tales.

Si el mecanismo de cuotas pudiera resolver el problema es algo debatible desde otro punto de vista.  El Primer ministro húngaro, Viktor Orban, tuvo razón al decir en el Parlamento europeo que el problema de la emigración era, por encima de todo, el problema de Alemania, porque todos los emigrantes querían establecerse en Alemania, por ser el Estado con las mejores condiciones de vida.  Ninguno de ellos quiere vivir en Hungría, en Eslovaquia, en Polonia ni en ningún otro Estado.  Si los otros países de la UE los aceptan dentro del mecanismo de cuotas, a la primera oportunidad se moverán para Alemania o, quizá para Gran Bretaña.

Nadie sabe si Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Hungría podrán cambiar el mecanismo obligatorio de emigrantes.  Hasta ahora nadie en la UE ha ofrecido una solución sensata para el problema de los emigrantes.  No obstante, el punto de partida para resolver el problema es obvio.  Las causas de la emigración se tienen que subrayar, en otras palabras, antes que nada, la guerra del Medio Oriente y los responsables de desencadenarla.  Tiene que cesar el apoyo a la guerra civil de Siria y, por el contrario, el régimen legal tiene que recibir respaldo por ser el escudo que nos protege del terrorismo.  El problema de  trasladándose al extranjero.

El realismo, sin embargo, no alimenta mucho las esperanzas de que surja esa valentía de los gobiernos europeos.  El realismo nos obliga a prepararnos para la continuación de la tragedia de los emigrantes de África y del Medio Oriente y de la amarga comedia de los políticos europeos.

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