En Europa avisan de las señales de la crisis sistémica

El más reciente “Panorama económico” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de París, trae una fuerte advertencia sobre la economía mundial: “no se puede descartar el riesgo de una nueva contracción significativa.” Esta sería acompañada del deterioro todavía mayor del mercado laboral, en especial en la zona del euro, y de efectos recesivos de gran peso causados por las duras políticas fiscales y presupuestales en vigor. De acuerdo a la OCDE, las causas de dicha perspectiva serían, principalmente, la crisis de la zona del euro y la desaceleración de la recuperación de Estados Unidos. En nuestra opinión, estas situaciones son efectos, y no las causas del deterioro del escenario.

Es claro que debe ser muy difícil para los analistas de la OCDE, algunos con gran y probada experiencia, como el economista y vice director general, Pier Carlo Paduan, tratar de analizar la situación con el conocimiento de que los integrantes más importantes de la organización, empezando por Estados Unidos, no han hecho lo que deberían para atacar las causas elementales de la crisis financiera y económica mundial. Por ello, desgraciadamente, las propuestas que surgen de los informes se fundan en recetas fracasadas en el pasado, como inyecciones de liquidez nueva y las ineficaces operaciones de estímulo financiero para economías estancadas, como Estados Unidos y las de la vieja Europa.

Se habla también de una nueva reducción de las tasas de interés y de nuevas y más fuertes rondas de “facilitación cuantitativa,” ¡para inyectar más liquidez en todo lugar!

“Las disposiciones actuales de Estados Unidos no son adecuadas,” dice la OCDE. Lo cierto para todos es que no cabe ninguna duda de que la tercera ronda de inyección de liquidez no está produciendo los efectos deseados -tal vez por ser tan adictiva como las drogas.

A nuestro parecer, reformar el sistema financiero internacional, para eliminar las burbujas especulativas, la ausencia de mecanismos de crédito nuevos y más eficaces contra la recesión y destinados a las actividades productivas e innovadoras es, no menos, la miopía de la actitud de “los negocios como siempre” de los gobiernos, la cual se muestra en las inyecciones de liquidez y en las ineficaces y obsoletas medidas lineales de estímulo económico.

En otras palabras, los últimos cuatro años han marcado el fracaso casi total del consenso internacional surgido en 2008 y, en nuestra opinión, todavía absolutamente deseable, necesario e inevitable.

Otra importante institución internacional, el Banco de Compensaciones Internacionales (BIS), de Basilea, cuyo trabajo está más enfocado a cuestiones monetarias y financieras, argumenta que la práctica de las “inyecciones de liquidez” o de los flamígeros “dólares arrojados desde helicópteros,” como dice Ben Bernanke, de la Reserva Federal estadounidense, son las principales causas de los riesgos sistémicos.

El director general, Jaime Caruana, sostiene que esas conductas, de hecho, estimularán más el “apetito de riesgo.” Además de esto, la experiencia nos enseña que “tanta liquidez a bajo costo inyectada en los mercados internacionales puede contribuir a crear una situación de vulnerabilidad del orden financiero, tal vez, en la forma de “efectos de apalancamiento” o de desequilibrios regionales y desigualdades entre monedas y plazos.”

Las tasas de interés cercanas a cero y la norma de inflar los presupuestos de los bancos centrales (balance sheet policy), empujan a los dólares “nuevos” a la adquisición de algunas acciones de las bolsas y para los países emergentes, donde provocarán desequilibrios monetarios y nuevas burbujas especulativas. En Asia, por ejemplo, ciertos valores retornan a los niveles peligrosos de 1998, cuando sucedió la gravísima “crisis asiática.”

En resumen, el BIS argumenta que la liquidez abundante redujo el miedo a los riesgos y los costos de los contratos de seguros vinculados a ellos. Nos es casualidad que las actividades de los fondos de riesgo volviesen a florecer.

El informe del BIS, en esencia, advierte a los gobiernos y a los mercados que “si ciertos factores de riesgo se materializan, al punto del posible choque, podrían producirse cambios bruscos en el comportamiento de las liquidez global.”

Considérense los riesgos asociados al “abismo fiscal” estadounidense (fin de los cortes de impuestos, al lado de nuevos impuestos y reducciones presupuestales) y a la desaceleración de las economías de los países en desarrollo. Todo esto -esperemos que no ocurra- podrá provocar un cambio repentino de las tendencias de riesgo y la consecuente reversión brusca de los flujos financieros -exactamente como ocurrió en 2007-2008.

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