La nominación de Steven Mnuchin como secretario del Tesoro del futuro gobierno de Donald Trump no es, ciertamente, una señal positiva, como lo temíamos en un análisis anterior.
Mnuchin es una rama de Goldman Sachs, el banco número uno de la gran especulación. Prácticamente nació allí: se sabe que Robert fue socio durante treinta años y Steven trabajó allí durante 17 años, hasta el 2001, llegando a administrar el delicado sector de títulos gubernamentales, obligaciones e hipotecas inmobiliarias. En este período, también tuvo una asociación con el Fund Management de George Soros, el mega-especulador notorio por sus ataques especulativos contra monedas extranjeras, como la libra esterlina y la antigua lira italiana, a la que puso de rodillas en 1992-93.
En 2004, después de la experiencia en Goldman, el futuro secretario del Tesoro decidió volar solo, creando su propio fondo hedge especulativo, el Dune Capital Management, uno de los que han sido llamados “fondos buitre”. El participó en proyectos inmobiliarios de Trump y también invirtió en Hollywood y en la producción de algunas películas de acción.
Fueron los años de desregulación y de gran parranda especulativa, que crearon una burbuja financiera y de la hipotecas subprime, la cual estalló en 2008, con la quiebra de Lehman Brothers.
Para entender mejor las ideas y el modus operandi de Mnuchin, es importante analizar su decisión de la compra del banco de crédito inmobiliario IndyMac, después de su quiebra en 2009. ¿Porqué usted compraría un banco fallido?
Para ganar dinero con una inversión de estas, es necesario ser muy inteligente y no tener escrúpulos. En el caso, su astucia la mostró en la cláusula impuesta por la agencia correspondiente, la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), sobre la “compartición de daños” en casos en que las hipotecas y títulos adquiridos se hubieran vuelto incobrables. Al mismo tiempo, de agresiva forma, miles de familias que ya eran incapaces de pagar las hipotecas vinculadas al banco, fueron desalojadas y sus casas adquiridas por el banco, que había cambiado de nombre a OneWest Bank.
Para Mnuchin, fue un gran negocio. Sin embargo, la FDCIC soportó mil millones de dólares referentes a los préstamos incobrables y, en 2015, el OneWest fue vendido en 3400 millones de dólares, el doble del precio de compra.
Evidentemente, las lecciones aprendidas en Goldman Sachs fueron muy útiles y provechosas para el futuro secretario del Tesoro. Por esto, es oportuno recordar que, en relación a los EUA, y la crisis financiera mundial, el GS fue exhaustivamente investigado por dos comisiones bipartidistas, una del Senado estadounidense y otra independiente, pero formada por peritos nominados por los partidos Demócrata y Republicano. La comisión del Senado, denunciando las acciones de los grandes bancos, principalmente el GS, afirmó en su informe. “Se trata de una destrucción de las bases del sistema financiero”. El propio Trump, durante su campaña electoral, denunció a los ejecutivos de Goldman como la personificación de la elite global que “robó a los trabajadores estadounidenses”.
Mnuchin será el tercer secretario del Tesoro que afiló sus dientes en Goldman. Antes de él, estuvieron Henry Paulson, con el presidente George W. Bush, y Robert Rubin con Bill Clinton. El primero se volvió famoso por autorizar a los bancos a especular a sus anchas hasta la quiebra de 2008 y, después, rescatarlos con dinero público. Rubin se hizo célebre por haber preparado la revocación de la ley de separación bancaria Glass-Steagall.
¿Qué se puede esperar, entonces, del nuevo secretario de Tesoro, si fuera confirmado a inicios de 2017 por una mayoría republicana en el Congreso?
En primer lugar. Se puede dar manos libres a los grandes bancos para que sigan operando “como siempre”. Recuérdese que los intentos del presidente Barack Obama de reformar la alta finanza fueron contenidas y prácticamente derrotadas por el poderosos lobby bancario de los EUA. Ahora los bancos “demasiado grandes para caer” se sienten seguros para neutralizar cualquier tipo de control sobre sus actividades y cualquier intento de moderar sus acciones, incluso aquellas especulativas de alto riesgo.
Es claro que una orientación meramente financiera puede entrar en ruta de colisión con el Trump emprendedor, que dijo querer aumentar las inversiones, incluyendo en infraestructura. Por tanto, no sería saludable para los estadounidenses –y para el resto del mundo- que prevalezca una orientación de canalizar las inversiones hacia los grandes bancos.

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