EL BCE y la Fed inyectan más liquidez tóxica al sistema financiero

Los Estados Unidos se encuentran con los niveles de desempleo más bajos desde 2008, con un 7.5%, mientras que la Europa de la zona del euro, por el contrario, tiene los niveles más altos, un promedio del 12.1%, niveles bastante engañosos, ya que países como España y Grecia tienen múltiplos de estos números. Pero ¿será que esto indica que la economía norteamericana está saliendo del pantano de la recesión, mientras que el Viejo Continente sigue en el camino hacia la depresión económica? Si así fuera ¿cuál es la magia estadounidense que los europeos no somos capaces de replicar?

Aparentemente, lo que está ocurriendo del otro lado del Atlántico puede ser un “gran bluff”. Está claro que hay una recuperación efímera y temporal, ocasionada por el “doping” de las inyecciones de liquidez creados por la Reserva Federal. Después de los gigantescos paquetes de rescate motivados por la amenaza del colapso del sistema bancario, a partir de 2008, desde septiembre del año pasado, la “Fed” ha inyectado en los mercados financieros nada menos que 85 mil millones de dólares por mes -esto significa ¡un billón de dólares por año!.

Es una enorme suma, parte de la cual está destinada hacia la compra de títulos como los derivados basados en activos (asset-backed securities o ABS, en la jerga de los mercados), altamente especulativos, para beneficio casi exclusivo de los balances de los bancos. Recuérdese que estos ABS son títulos emitidos en base a otras deudas, debidamente “empaquetadas por separado” y colocados en el mercado con la garantía de solvencia de los títulos originales. Para complicar las cosas, funcionan como multiplicadores de créditos dudosos y están en el origen de la burbuja que causó el colapso financiero.

Otra parte de los fondos han sido utilizados para la compra de títulos del Tesoro estadounidense, para cubrir las nuevas deudas gubernamentales contraídas para financiar los gastos públicos e inversiones. Claro, se necesita mantener, por lo menos, los niveles de consumo de las familias y la creación de puestos de trabajo, aunque, en gran medida, de baja calidad.

Recientemente, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, siglas en inglés), órgano de política monetaria de la “Fed”, reiteró la opción de sustentar tal política monetaria “acomodaticia”, si es necesario. En la práctica, se trata de la eufemísticamente llamada “facilitación cuantitativa” (quantitative easing), que, a nuestro modo de ver, tiene un potencial de desestabilización de todo el sistema económico y monetario internacional, diseminando por todo el mundo sus efectos inflacionarios a mediano plazo. Pero, hoy, en Washington, les importa poco esto y, al contrario, la mayoría presiona por más medidas cosméticas de efecto inmediato, ¡los mayores daños serán compartidos, al futuro, por todas las economías del planeta!

En la estela de la ruta de los EUA, Inglaterra y Japón también están creando liquidez de la misma forma. La Unión Europea (UE), sin embargo, no puede hacerlo porque las regulaciones del Banco Central Europeo (BCE) no lo permiten. En Bratislava, en su más reciente conferencia de prensa, su presidente Mario Draghi, además de anunciar la reducción de la tasa de interés básica en 0.5%, dejó escapar cierto mal humor, debido al hecho de que la “Fed” está usando sus maquinitas impresoras, lo que no está permitido al BCE.

Utilizó la ocasión para resaltar las diferencias entre los EUA y Europa, en lo tocante a la creación de crédito. En el primero, 80% de sus intermediaciones financieras pasan por el mercado, mientras que en la UE, el mismo volumen pasa por el sistema bancario. Por tanto, en una situación de crisis de crédito, como la que enfrenta Europa, especialmente Italia, cuando los bancos cierran las llaves, todo se congela. Y vale la pena recordar, también, que, al contrario de la “Fed”, el BCE no puede comprar títulos de los gobiernos, ni intervenir para estabilizar los balances de los bancos.

Draghi anunció que está estudiando los medios para superar tales limitaciones, para poder operar ABS e inyectar nueva liquidez al sistema, y, consciente de los riesgos inherentes a tales valores mobiliarios, se asegurará que serán escogidos entre los “buenos” y no los “tóxicos”.

En último análisis, es evidente que semejantes enfoques, en los EUA, en Europa y en el resto del mundo, se basan en paradigmas del viejo sistema financiero quebrado. Proponen soluciones de cuño monetarista y continúan creyendo en las maravillas del “dios mercado”. Insistir, todavía, en este camino significa abandonar toda esperanza de una reforma global y compartida del sistema y de una consecuente -y más que urgente- reconstrucción de la economía mundial.

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