Economía Mundial: noticias malas y pésimas

Los sombríos pronósticos siguen encapotando el escenario de la economía mundial; claro, que circulan por ahí algunas evaluaciones color de rosa, en especial en torno a una supuesta recuperación del crecimiento de la economía de los EUA.

En septiembre, tres grandes organizaciones multilaterales divulgaron un informe conjunto respecto a las malas perspectivas de los niveles de empleo en el ámbito de las naciones del G-20. En una inusitada iniciativa (que, por si misma, indica la gravedad del problema), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) prepararon un amplio estudio sobre la situación del empleo en el grupo de países que representa cerca del 90% del PIB y el 80% del comercio mundial, además de reunir a dos terceras partes de la población del planeta. Los resultados no son muy animadores.

Según el informe, a pesar de algunas mejoras recientes, la recuperación de la crisis financiera de 2007-2008 todavía es lenta, lo que, para muchas de las economías del G-20, implica un substancial déficit de empleos, que tiende a persistir, por lo menos, hasta 2018, si no hubiese una reanudación concreta del crecimiento económico. En todo el grupo, más de 100 millones de personas están desempleadas y 447 millones viven con menos de 2 dólares equivalentes por día, desempeño que amenaza las perspectivas de recuperación económica, por inhibir tanto el consumo como las inversiones.

“El mensaje básico del informe es que los mercados de trabajo de los países del G-20 todavía están luchando, seis años después del inicio de la crisis, tanto en términos de cantidad como de calidad de los empleos. Así, no hay realmente espacio alguno para la complacencia. Más empleos con mejor remuneración contribuyen a los ingresos familiares que, por su parte, incentivan la demanda de los consumidores. Cuando las empresas ven subiendo la demanda, ellas invierten, creando un círculo virtuoso”, sintetizó la subdirectora general de Políticas de la OIT, Sandra Polaski (OIT, 9 de septiembre de 2014).

Entre las conclusiones de estudio, destacan las siguientes:

-El crecimiento de los salarios ha quedado significativamente atrás del aumento de la productividad, en la mayoría de los países del G-20, al mismo tiempo que las desigualdades de salarios e ingresos permanecen altas o aumentaron.

-Los salarios reales se estancaron o, incluso, cayeron, en muchas de las economías avanzadas del G-20.

-En las economías emergentes del grupo, los altos niveles de subempleo e informalidad están restringiendo tanto la producción como la productividad futura.

El director de Empleos del Banco Mundial, Nigel Twose, complementa: “Nosotros estamos viendo un aumento de los salarios y de los ingresos en muchos países del G-20 y, si el objetivo es un crecimiento más fuerte, sustentado y equilibrado, las desigualdades no pueden ignorarse. Igualmente, la situación de los jóvenes que están fuera del mercado de trabajo es grave y los países que ignoran los problemas de ellos están corriendo serios riesgos. Sabemos que esto puede desatar convulsiones que, por su parte, afectan las perspectivas de empleos y crecimiento. No existe una fórmula mágica para resolver la crisis de empleos, pero sabemos que se requiere de una perspectiva del tipo ‘una gran cantidad de gobierno’, involucrando la colaboración de varios ministerios”.

El informe afirma que la obtención de un crecimiento sustentable, equitativo e incluyente requiere un conjunto de políticas en todos los sectores relevantes para el mejoramiento de los niveles de productividad y salarios, particularmente, para los grupos sociales más afectados por la crisis o más vulnerables.

La creación de empleos de calidad y un crecimiento robusto y equitativo son objetivos entrelazados, concluye el estudio. Intervenciones políticas que tengan efectos tanto del lado de la demanda como de la oferta, en los mercados de trabajo, son esenciales para la reversión del actual ciclo autoreforzado de crecimiento lento, baja creación de empleos y baja inversión. Tales políticas serían mucho más efectivas si fuesen efectuadas de forma colectiva y coordinada, en el ámbito del G-20.”

En síntesis, las tres entidades multilaterales están reiterando con todas las letras lo que se viene diciendo desde el inicio de la crisis global: la salida de la crisis no puede ser confiada a los “mercados” o a los métodos de respuestas siempre iguales, pero requerirá fuertes acciones gubernamentales coordinadas, tanto internas como externas -lo que también exigirá un esfuerzo serio para reglamentar o restringir los excesos de los mercados financieros, que siguen dando las cartas en el juego político. Sin esto, la tendencia de la crisis es la de su profundización, inclusive una implosión del sistema, probablemente con efectos cataclísmicos.

En otro preocupante informe, divulgado a principios de octubre, la OCDE retrata de forma indiscutible los efectos de la “globalización financiera” sobre los niveles de bienestar y justicia social, demostrando que la desigualdad global se remonta a los niveles de la década de ¡1820! (Exactamente, la tercera década del siglo XIX).

El documento titulado “¿Cómo era la vida?”, no deja margen de duda, al observar que la desigualdad se “disparó después de que la globalización se consolidó, en la década de 1980” (Forbes, 3 de octubre de 2014).

Para llegar al resultado, que confirma los trabajos de economistas del calibre de Angus Maddison y Branko Milankovich, los investigadores de la OCDE estudiaron la evolución de los niveles de ingreso en 25 países, remontándose a las primeras décadas del siglo XIX, y los agruparon, para representar al mundo como si fuese un único país. Los números confirmaron que la desigualdad cayó drásticamente, a mediados del siglo XX, en lo que llamaron la “revolución igualitaria”, antes de disparar, en las últimas décadas, la tendencia que consideraron uno de los acontecimientos más “aterradores” de los últimos dos siglos.

A pesar de la cacareada recuperación económica estadounidense, sugerida por el crecimiento del 4.6% del PIB en el segundo trimestre del año, el economista Paul Craig Roberts, ex-subsecretario del Tesoro en el gobierno de Reagan y viejo conocido de los lectores de este boletín, deconstruyó los fuegos artificiales con su lógica implacable:

“¿De dónde viene la tasa de crecimiento real del PIB en el segundo trimestre, divulgada por el gobierno? Viene de una medición subestimada de la inflación y números manipulados. No es un número correcto. Nada ocurrió en la economía, para convertir un declive de más del 2% en el primer trimestre en un crecimiento del 4.6% en el segundo trimestre. Este número de 4.6% fue sacado de una chistera para montar el palco de la elección de noviembre (para el Congreso -n.e.).

En su columna del 2 de octubre, Roberts detona los trucos estadísticos usados por el gobierno para ocultar la realidad socioeconómica del país más poderoso del mundo:

“Es impresionante la manera como el gobierno sigue vendiendo puentes de Brooklyn a un cándido público. Los norteamericanos compran guerras que no necesitan y recuperaciones económicas que no existen.

“La mejor inversión en los EUA es un fondo de inversiones altamente apalancado que invierte apenas en grandes compañías de lo alto de la línea, las cuales recompran sus propias acciones. Muchas de estas firmas están tomando préstamos para jugar hacia la cima con los precios de sus acciones, los ‘bonos de desempeño’ de los ejecutivos y las ganancias de capital de los accionistas. La deuda incurrida tendrá que ser pagada por las ganancias futuras. Esto no es un retrato del capitalismo que esté impulsando la economía con inversiones.

“Tampoco los gastos de los consumidores están moviendo la economía. El “Informe de Ingreso y Pobreza 2013” de la Oficina de Censos concluyó que, en 2013, la media real del ingreso familiar quedó 8% por abajo del nivel de 2007, el año anterior a la recesión de 2008, y que regresó a los niveles de 1994, ¡dos décadas atrás!

“Y aunque el ingreso familiar real no haya retomado los niveles pre-recesión y haya reculado a los niveles de 20 años atrás, el gobierno y la prensa financiera proclaman que la economía está en recuperación desde junio de 2009”.

Roberts concluye con una acusación que, por su parte, remite a uno de los motivos por los cuales el enfrentamiento de la crisis global se vuelve bastante difícil:

“Durante 93% del siglo XX, Washington condujo guerras innecesarias en el exterior, a un costo de billones de dólares. Pero billones han sido gastos, financiando bancos que la desregulación permitió que se volvieran “demasiado grandes para caer””. En los últimos siete años, millones de estadounidenses perdieron sus empleos y sus casas, y las filas de cupones de alimentación llegan a niveles récord. Estos estadounidenses heridos han sido ignorados por los formuladores de la política en Washington. Ciertamente, el gobierno de los EUA, está enfocado en alguna cosa diferente a una economía saludable y el bienestar de los ciudadanos. A esto le llamamos democracia, pero no lo es” (PaulCraigRoberts.com 2 de octubre de 2014).

x

Check Also

A craca neoliberal e o exclusivo “capitalismo sem risco” brasileiro

No final de março, quando já havia certeza sobre o grande impacto da pandemia de ...