BIS: cambio en las disposiciones monetarias excesivamente acomodadas

El Banco de Compensaciones Internacionales (BIS) de Basilea anunció que en breve podría haber una cambio de medidas monetarias de los bancos centrales asociados a él, para cerrar el periodo de tasas de interés cercanas a cero. El director del BIS, Jaime Caruana, dijo en Londres, recientemente, que, a pesar de los cinco años transcurridos desde el estallido de la crisis financiera, la recuperación todavía no ocurre y la actividad económica todavía se encuentra hundida en una situación peor que antes de la crisis.

Durante ese periodo, la mayoría de los bancos centrales de los países del G-20 abandonó el criterio fundamental del control de precios, establecido luego de las ondas inflacionarias de los años setentas. En su lugar, adoptaron medidas no convencionales, sino “acomodadas” a la emisión de una cantidad impresionante de liquidez nueva. De acuerdo a Caruana, “se impidió que el sistema financiero estallase, y arrastrara con el la economía real,” pero, también, “se redujo considerablemente la percepción de los riesgos financieros.”

Desde 2007, la deuda total -publica y privada- des sector financiero de los países del G-20 aumentó en ¡más de 30 billones de dólares! Este dato contradice de una forma contundente los múltiples empeños y promesas para la reducción (desapalancamiento) de los niveles de endeudamiento. En el mismo periodo, los activos y balances financieros de los bancos centrales aumentaron en 10 billones de dólares, en gran medida, con la compra e títulos y de una montaña de derivados y otros activos tóxicos. Esto se hizo de una forma que no merece otro calificativo que el de falto de sentido de la responsabilidad; con la impresión de dinero.

El director del BIS observa, atinadamente, que, hasta ahora, esa liquidez se dirigió a las bolsas de valores, para devolver las cotizaciones a sus niveles más altos, como en Wall Street y la City de Londres. Sin embargo, no se puede ignorar que el resultado de esto termine por ser la elevación generalizada de los precios de los bienes y servicios y de los géneros alimenticios, en todo el mundo.

Por desgracia, ante este riesgo, todavía hay quienes reivindican un “activismo más fuerte en la política monetaria,” con una nueva reducción de la tasas de interés y mayores inyecciones de liquidez, en la línea de lo que hace desde hace tiempo la Reserva Federal de Ben Bernanke.

Para Caruna, tal opción es “injustificada”: “Si el medicamento no surte el efecto deseado, no es necesariamente por que la dosis sea demasiado baja. Tal vez, todo el tratamiento y el efecto de los medicamento tengan que reconsiderarse. Quizá sea necesaria otra cosa diferente.

Además de esto, la política de estímulo monetario llevó a todos, instituciones financieras y gobiernos, a proseguir con la práctica de los “negocios como siempre” -lo que aumentó objetivamente el riesgo de la inflación. Aumentaron los flujos monetarios para los países emergentes, con lo que se crearon serios desequilibrios internos, debido al fuerte aumento del crédito no productivo y, también, de la inflación. Se redujeron de forma no justificada los rendimientos de los títulos de los países industrializados, lo que condujo a muchos operadores financieros a buscar ganancias en sectores de alto riesgo. La misma credibilidad de los bancos centrales estaría en juego.

Por todos esto, Caruana sostiene que “las doctrinas monetarias acomodaticias no son eficaces cuando se tienen que reparar los balances del sector privado. Cuando el problema es una deuda muy grande y los actores están dando marcha atrás, no es realista pensar que la política monetaria pueda ofrecer una crecimiento fuerte por medio de la reducción de las tasas de interés.”

Por desgracia, el director de BIS proporciona un análisis preciso del malestar financiero, económico y monetario del sistema, pero no propone ninguna reforma del mismo. Es preciso insistir en que los gobiernos representados en el G-20 deben aprobar reglamentaciones estrictas y obligatorias para el sector financiero, así como el establecimiento de nuevos acuerdos capaces de recomponer la economía mundial y las medidas para el crecimiento, así como revisar la reglas actuales de la Organización Mundial de Comercio (OCM).

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