Agencias de riesgo: "brazo armado" de la finanza especulativa

La prensa italiana, como la mayoría de las demás, acostumbra considerar confiables las agencias calificadoras de riesgo estadounidenses. El caso más reciente es el de Moody’s que, basada en no se sabe qué competencia superior, rebajó la evaluación hecha por la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCEDE), entidad que agrupa a 34 países, incluyendo a las llamadas economías avanzadas. Mientras que la OCDE anticipa un pequeño aumento del 0.5% del PIB italiano en 2014, Moody’s lo coloca en cero, la puerta de la zona negativa.

Todos conocemos muy bien las dificultades económicas del “sistema Italia”, y cuan lenta y difícil ha sido la recuperación de los niveles de producción y empleo. Por tanto, no se trata de pretender caer ilusiones en torno a algunas décimas próximas al cero. Lo que consideramos inaceptable -motivo por el cual volteamos hacia el asunto- es que las agendas calificadoras de riesgo fe los EUA, cuya credibilidad, ellas si, se encuentran por debajo de cero, puedan dictar cátedra sobre las condiciones económicas de los países, sin ninguna protesta de sus fuerzas políticas y económicas y de los medios de comunicación, como ocurre en Italia.

No proponemos una censura, sino que las evaluaciones de Moody’s y de sus sanciones sean consideradas en la justa medida, tomándose en cuenta que su actual credibilidad no es de las mayores, después de haberse involucrado en serios conflictos de intereses, durante la crisis financiera desatada en 2008, y estar sometida a importantes investigaciones todavía en curso.

Cada evaluación de estas debería, por lo menos, estar acompañada de citas de informes oficiales por la más importante comisión de investigación estadounidense. Veamos algunos ejemplos.

El informe de la comisión de sondeos encabezada por Phil Angelides (“Wall Street y la crisis financiera: anatomía de un colapso financiero”), presentado en abril de 2011, afirma. “Consideramos que el fracaso de las agencias de evaluación de riesgo han sido un elemento esencial del mecanismo financiero destructivo. Ellas han sido las principales promotoras del derretimiento financiero, esto es, de disolución sistémica. No habría sido posible vender los títulos hipotecarios que estuvieron en el centro de la crisis sin el sello de aprobación de ellas. Los inversionistas confiaron ciegamente en su juicio. En algunos casos, su calificación era obligatoria. La crisis no podría haber acontecido sin las agencias de riesgo. Entre 2007 y 2008, sus calificaciones hicieron a los mercados subir y, en seguida, con una caída brusca de sus evaluaciones, los hicieron caer.”

Por su parte, la Comisión Levin-Coburg, afirmó que “la crisis no fue un desastre natural, sino el resultado de altos riesgos, productos financieros complejos, conflictos encubiertos de intereses, el incumplimiento de los órganos de supervisión, el papel de las agencias de calificación de riesgo y de los propios mercados, que permitió los excesos de Wall Street. (…) las calificaciones infladas de crédito contribuyeron a la crisis financiera, disfrazando los riesgos reales de los títulos hipotecarios”.

Podemos añadir la investigación del procurador Michele Ruggiero de la procuradoría de Trani (Italia), contra Moody’s, por “manipulación del mercado, en la cual los analistas proporcionaron informaciones intencionalmente tendenciosas y distorsionadas”.

En los Estados unidos, se abrieron muchos procesos judiciales contra Moody’s y otras agencias de riesgo. Uno de ellos es el caso de CalPERS, el mayor fondo de pensiones de los funcionarios públicos de California, que procesó a Moody’s y a Standar & Poor’s, pidiendo un reembolso de mil millones de dólares, por las evaluaciones totalmente erróneas hechas por ambas de determinados títulos comprados por el fondo, que, después, se colapsaron desastrosamente.

Por otro lado, además del optimismo o de los lamentos de nuestro primer ministro, Mateo Renzi, nuestra economía y todo el “sistema Italia” son instados a demostrar al mundo entero, casi diariamente, que las políticas del gobierno de Roma son realistas, alcanzables y efectivamente aplicadas, para obtener la aprobación del Banco Central Europeo, de la Comisión Europea y de tantas otras instituciones internacionales. Por eso, sería honesto y justo aplicar los mismos criterios rigurosos a las agencias de riesgo, que, por desgracia, fueron cómplices y protagonistas en el guión de la mayor crisis financiera global de la Historia.

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