Un poco de historia del papel de los EU en el mundo

A propósito de la altanería respecto a Irán, hace casi 55 años, un antecesor de Donald Trump en la Casa Blanca habló así en la décima octava Asamblea General de Naciones Unidas:

“Es un hecho que Estados Unidos, como una gran potencia nuclear, tiene una responsabilidad especial en el mundo. Lo cierto es que es una responsabilidad triple: una responsabilidad con nuestros propios ciudadanos; una responsabilidad con las personas de todo el mundo, que son afectadas por nuestras decisiones; y con la siguiente generación de la Humanidad. Creemos que la Unión Soviética tiene también esas responsabilidades específicas -y que esas responsabilidades requieren que nuestras dos naciones se concentren menos en nuestras diferencias y más en los medios de solucionarlas pacíficamente. Pues ambas, durante mucho tiempo, hemos aumentado nuestros presupuestos militares, nuestros arsenales nucleares y nuestra capacidad de destruir toda la vida en este hemisferio -humana, animal y vegetal- sin ningún aumento correspondiente en nuestra seguridad. (…)

“Pero yo diría a los líderes de la Unión Soviética y a su pueblo, que, para que nuestros países estén plenamente seguros, necesitamos un arma mucho mejor que la bomba de hidrógeno -un arma mejor que los proyectiles balísticos y los submarinos nucleares- y esa arma mejor es la cooperación pacífica”

Quién pronuncio estas palabras dirigidas no sólo a la URSS sino a todo el mundo, fue el último gran presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy. En aquel momento, el 20 de septiembre de 1963, reiteró lo dicho en un discurso anterior, pronunciado en la Universidad Americana de Washington, sobre la necesidad de poner fin a la Guerra Fría y a la peligrosa escalada bélica, que el año anterior pusiera a las súper potencias al borde del enfrentamiento nuclear en la Crisis de los misiles de Cuba.

Para no quedarse en la retórica, hizo una propuesta concreta: unir los esfuerzos de los dos países para la exploración del espacio cósmico, que empezaría con una misión conjunta a la Luna, con lo que se pondría fin a la carrera en la que ambos estaban empeñados.

“Seguramente deberíamos explorar si los científicos y los astronautas de nuestros dos países -de hecho, de todo el mundo- pueden trabajar juntos en la conquista del espacio, enviando a la Luna, en algún momento de esta década, no a los representantes de una única nación, sino a los representantes de todos nuestros países,” dijo a un público electrizado.

Para desgracia del mundo, Kennedy no pudo materializar sus intenciones, pues, poco más de dos meses después, el 22 de noviembre, fue asesinado. Su sucesor, Lyndon Johnson, abandonó de inmediato casi todo el programa de JFK, que lo puso en colisión directa con los intereses del “establishment” angloamericano.

El magnicidio fue, provocó un cambio en el papel positivo de Estados Unidos en el mundo y consolidó la hegemonía de las estructuras del “gobierno mundial,” las mismas que, más de medio siglo después, no perdieron el tiempo en su búsqueda de dominar al gobierno de Donald Trump, luego de la derrota electoral impuesta por este a su candidata, Hillary Clinton.

Más de medio siglo después, el ultimátum de Trump podrá acabar siendo un vulgar arrojar piedras contra el tejado de la propia hegemonía imperial de Washington, pudiéndose convertirse en el acicate para en un momento futuro retomar el camino de grandeza interrumpido en Dallas aquella tarde de 1963.

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