Se agravan las consecuencias del “putsch” neoconservador neofascista

En el momento que escribimos, la situación de Ucrania se muestra cada vez más volátil e incierta, a medida que se van apareciendo las consecuencias del golpe de Estado que derrocara al presidente Viktor Yanukovich y, con el respaldo ostentoso de los ultrabelicistas “neoconservadores” estadounidenses, que pusiera en el poder en Kiev a una precaria coalición de grupos nacionalistas que abrigan entre sus filas a organismos abiertamente fascistas.  El cuadro se hizo todavía más complicado con la rebelión de la región autónoma de Crimea, donde la población de origen ruso es mayoritaria y donde tiene su base la Flota del Mar negro de la Federación Rusa.  Esta población pidió un plebiscito para el día 16 de marzo en el que se decidirá si la región debe continuar ligada a Ucrania o volver a los vínculos con Rusia, de la cual fue parte hasta 1954.  Tanto el gobierno interno Kiev, como Estados Unidos y la Unión Europea (UE) anunciaron que el plebiscito es inconstitucional y amenazaron a Rusia con imponer sanciones económicas y políticas si Moscú no retira sus fuerzas militares de Crimea –donde se encuentran legalmente desde 1954, como parte de los acuerdos establecidos por el régimen soviético y mantenidos luego de la secesión de la URSS en 1992.

Los acontecimiento en torno de la crisis ucraniana, por desgracia, se han convertido en el blanco de una disparatada campaña de desinformación de parte de la prensa occidental –y la brasileña y la mexicana no son la excepción-, que se ha esmerado en pintar la situación como una disputa entre los “demócratas” ucranianos pro occidentalistas y una minoría de saudosistas pro Rusia apoyada por la pretensiones geopolítico-restauracionistas del presidente ruso, Vladimir Putin.

En primer lugar, contra todo lo que se clamado en los últimos días, no hubo ninguna invasión de Crimea por fuerzas militares rusas; hay tan sólo el establecimiento de perímetros defensivos llevado a cabo por elementos de las fuerzas estacionadas en la base naval de Sebastopol. Cuyos efectivos son 16 mil hombres, en cooperación con las fuerzas de seguridad locales, para proteger las instalaciones militares rusas de la zona.  La presencia de los militares rusos, evidentemente, representa una factor eficientemente disuasorio para todo intento de intervención de Kiev en la nueva dinámica política adoptada por la mayoría de esa región.

Otra manifestación de parcialidad de la prensa occidental e la exclusión casi completa de toda mención del carácter neo fascista de algunos de los integrantes del gobierno provisional de Kiev, como el partido Libertad (Svoboda) Y EL Sector Derecho (Pravy Sector).  Esto, por no mencionar la revelación del canciller estón, Urmas Paet, en conversación con la canciller europea, Catherine Ashton, sobre la identidad de los francotiradores que provocaron la matanza de la Plaza Maidan, que victimaron a manifestantes y policías, lo cual fue el detonador para el derrocamiento de Yanukovich.  Según el canciller estón, los francotiradores no eran parte de las fuerzas de seguridad del gobierno, sino ciertos grupos de la oposición.  Dicha información. Potencialmente explosiva, fue ignorada casi por completo por la prensa, que prefirió apuntar las baterías contra Putin y destacar hechos como las  injuriosas declaraciones de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, que comparó a Putin con Adolfo Hitler, o el pedido de renuncia al aire de un presentadora de la red de televisión rusa RT, por discordar de la perspectiva editorial pro rusa de la empresa.

Vale recordar, en dicho escenario, los motivos de las fuerzas políticas que están alimentando la crisis, principalmente en Washington.  En una entrevista a la red RT (6/03/2014), el  comentarista estadounidense Conn Hallinan, de la revista Foreign Policy in Focus, sintetizó:

Hay un bloque de élites políticas y económicas de Estados Unidos que tienen una especie de visión “deconstruida” del mundo, que realmente se asemeja a la Guerra fría.  Y un grupo de ellos son los neoconservadores: la secretaria de Estado Asistente Victoria Nuland, que fue descubierta en aquella conversación con el embajador de Estados Unidos en Ucrania (Geoffrey Pyatt), en la que planeaban en esencia el golpe de Estado y hablaban de la persona que terminó por ser el primer ministro del gobierno golpista (Arseniy Yatseninuk).  Tienen una visión militar económica muy agresiva y, si se pudiera marchar con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) hasta donde están las fronteras rusas, lo que se haría también sería forzar a los rusos a considerar si desempeñarán un constructivo en Irán y en Siria.

Lo cierto es que, como fieles seguidores de las ideas absurdas del filósofo político Leo Strauss  (1899-1973), los “neocons” son adeptos de la máxima de que si no se tiene enemigos externos, hay que crear uno, como la manera más sencilla de asegurar el status quo de las estructuras dominantes.  Así, ante la visible erosión del plan hegemónico del “atlanticismo,” con el cual Estados Unidos ha matenido a Europa a sus riendas estratégicas y militares desde el fin de la Segunda guerra mundial, usando pretextos de la Gerra fría y, luego, de la “guerra al terror,” nada como picarle nuevamente al oso ruso, en especial, en un momento en el que el presidente Putin se destaca como uno de los muy raros estadistas del mundo comprometidos con la reorganización pacífica del perturbado escenario mundial.  Los europeos, por desgracia sometidos al doble cautiverio del programa estratégico de Washington y de las pautas elitistas dictadas por los “eurócratas de Bruselas,” todavía se prestan al deplorable, y peligroso, papel de escuderos de Estados Unidos ante una Federación Rusa que, definitivamente, trazó en el suelo una línea roja contra la expansión de los belicistas trasatlánticos rumbo a sus fronteras.





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