Rusia detona bomba contra la guerra contracultural

El fallo de la justicia rusa que condenó a dos años de prisión a tres integrantes de la banda punk Pussy Riot, acusadas de cometer vandalismo motivado por odio religioso en la catedral Ortodoxa de Cristo Salvador en Moscú, es parte de un proceso emprendido por las personalidades políticas más representativas, encaminado a reconstruir las tradiciones culturales y espirituales rusas. Estas ricas raíces, que durante los años del comunismo permanecieron dormidas, son la amalgama para afianzar un resurgimiento autentico del Estado nacional ruso.

Para llevar a cabo esta portentosa tarea, es pública la afinidad entre el gobierno de Vladimir Putin y la Iglesia Ortodoxa rusa, en una convergencia de esfuerzos para librar una verdadera guerra cultural contra lo que se conoce genéricamente como “contracultura” fabricada en Occidente. Un conjunto de creencias falsas y valores ambiguos adecuados por una colección de prominentes ideólogos americanos y europeos, con el objetivo mal disfrazado de facilitar la sumisión de la población de cada país a una estructura supranacional de gobierno mundial. Valores que se muestran en las convicciones aberrantes y en sus formas grotescas de expresarlas, manifestadas en la protesta de las rockeras rusas y demás seguidores, para quienes no existe contradicción entre una frenética búsqueda de su libertad, y el desprecio a la libertad del resto de las demás personas que gozan de los derechos para profesar sus creencias religiosas sin ser moralmente agredidas.

Por otro lado, en el mismo paquete “anticontracultura”, el gobierno ruso prohibió cualquier tipo de manifestación pública en defensa de la homosexualidad, y determino normas rígidas al financiamiento externo de la red de ONG, enganchadas en ese tipo de campañas.

Evidentemente lo que podría servir de ejemplo a los gobiernos occidentales para revitalizar sus propios valores nacionales, fue recibido como una cascada de protestas, dentro y fuera de Rusia. Se tomo como una agresión al orden establecido por más de medio siglo, durante el cual la visión del mundo y la concepción del hombre del hombre, propios del mundo cristiano, han sido sistemáticamente debilitadas. Por eso, las punkeras rusas han recibido un tratamiento de “heroínas de la democracia”, afirmando que su actitud es una sencilla transgresión banal contra los símbolos religiosos cristianos.

En una entrevista divulgada el 17 de agosto, con el selecto grupo de la oligarquía, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) de Nueva York, un investigador del George F. Kennan, Stephen Sestanovich, al impulsar a figuras que puedan engrosar la oposición a Putin, afirmó que en estos momentos en Rusia la cultura se convierte en una “guerra política”. Lamentándose, agrego: “pienso que la mayoría de los rusos no están conscientes de que la representación artística (de las punks) está inspirada en Jacques Derrida y el post estructuralismo. Lo que ven (la población) no es la ironía post moderna sino un sacrilegio, y por eso es posible que este grupo no puede hacer mucho para ampliar la oposición a Putin”. (El filosofo francés Jacques Derrida es precisamente uno de los gurús de la contracultura).

Y cuál sería la suerte para la banda Pussy Riot, si sus protestas fueran realizadas dentro de una Mezquita, en una Sinagoga o en una iglesia tradicionalista de los propios EUA?

Por otro lado, las respuestas desproporcionadas del gobierno de Barak Obama, de sus aliados europeos y de los principales medios de comunicación, muchos de los cuales llegaron al extremo de comprara el juicio a las tres feministas con los procesos políticos de la era estalinista, no está relacionada al hecho en sí mismo. La verdad es que se trata de una forma sustituta para golpear el gobierno de Putin, en castigo por su firme oposición, en alianza con el gobierno China, a una intervención militar en el conflicto de Siria. Demostrando haber aprendido la lección Libia del año pasado, el Kremlin calcula, correctamente, que una intervención y el eventual cambio de régimen en Damasco, implicará una escalada de presiones contra Irán y, posteriormente, contra el propio territorio de la Federación Rusa, como de resto nunca lo han ocultado los estrategas de la geopolítica del poder angloamericano.

Irónicamente, una de las mejores evaluaciones de lo que está en juego la hizo Paul Craig Roberts, exsubsecretario del Tesoro del gobierno de Reagan. Comentando el caso en su blog, el 19 de agosto afirmó:

“Es necesario admirar y apreciar el valor de las jóvenes. Pero es lamentable su ingenuidad. Washington necesitaba de un asunto popular con el cual pudiera demonizar al gobierno ruso, por oponerse a la intención de destruir a Siria, así como Washington destruyó Irak, Afganistán y Libia, y como pretende hacer con Líbano e Irán.

“Al ofender intencionalmente creencias religiosas -que sería considerado un crimen de odio en los Estados Unidos y en el Estado fantoche británico- las talentosas jóvenes violaron una ley rusa. Anteriormente al juicio, el presidente ruso Putin expresó su opinión de que ellas no deberían recibir un castigo muy duro… la juez les dio a ellas, engañadas y traicionadas por ONG financiadas por los estadounidenses, dos años en lugar de siete… Mientras Washington continua asesinando vasto número de personas en todo el mundo, apunta el dedo hacia el destino de Pussy Riot. La prensa vendida occidental dará publicidad a la maldad de Rusia, no a la maldad de Washington y de los Estados títeres de la Unión Europea…”

One comment

  1. El feminismo y el movimiento gay son las dos agendas infiltradas más peligrosas en todos los movimientos anti-neoliberales del mundo, donde estas ideologías liberales destructivas desvían con sus “demandas” los temas importantes sobre la economía y el sistema financiero internacional.

    Felicidades por el artículo.

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