Recursos naturales de Iberoamérica y Atlántico Sur en la mira de Washington

Después de la desgracia de sus operaciones militares en Irak y Afganistán y su fracaso diplomático en Siria e Irán, como expresiones del declive estratégico global, los Estados Unidos y sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), buscan redesplegar sus fuerzas, en un designio enmarcado en la proyección de su poder para controlar libremente grandes áreas detentoras de recursos naturales estratégicos. En la mira se encuentran, el continente africano, y las dos márgenes del Atlántico Sur, con sus vastas reservas de hidrocarburos.

Con este afán de dominio las Fuerzas Armadas de los EUA pusieron a funcionar en 2009 el Comando África (Africom, sus siglas en inglés), con sede en Stuttgart, Alemania, y con base permanente en Camp Lemmonier, Djibouti, en cuya expansión los EUA piensan invertir nada menos que 1,4 mil millones de dólares, en un país cuyo PIB no llega al doble de ese valor. Para el Atlántico Sur, lo que está en marcha es un nuevo guión explicitado por el Departamento de Estado, encaminado a mantener la “seguridad energética”, y una poco sutil proyección de la OTAN en tal océano.

De hecho esta maniobra comenzó con la deposición y asesinato del presidente libio, Muammar al-Gaddafi en octubre de 2011, quién a pesar de sus vulnerabilidades era un obstáculo a los planos anglo-americanos para África, además de los enormes yacimientos de la republica norte-africana. La presente situación de inestabilidad en Nigeria deberá entenderse como una parte de esta ambición global anglo-americana.

Será previsible que el “combate al terrorismo” nuevamente sea el pretexto para la intervención de la OTAN y del Africom en el continente. Una prueba que apunta en esa dirección son los hechos que ocurren en Nigeria, que han tenido como respuesta desconfiables ofrecimientos de ayuda militar y de inteligencia al gobierno nigeriano, para combatir al monstruoso grupo terrorista Boko Haram, tras el cruento secuestro de 270 adolecentes a comienzos de abril. Sin embargo, Washington no esconde la importancia del control de los recursos naturales. En un documento oficial del Africom, divulgado en el Senado norteamericano, durante las audiencias con su actual comandante, general David M. Rodríguez, se lee:

“Las reservas de energía y minerales estratégicos del continente africano, son, igualmente, de importancia para China, India y otros países de la cuenca del Océano Índico. La importancia de África para los aliados (de los EUA-ndr) y las potencias emergentes, incluyendo a China, India y Brasil, dan oportunidades para reforzar los objetivos de seguridad de los EUA en otras regiones, mediante el involucramiento en el continente. Aunque la mayoría de los países africanos prefiera asociarse con los EUA en todos los aspectos, muchos se asociarán con cualquier país que pueda aumentar su seguridad y prosperidad. Nosotros debemos analizar adonde tenemos lagunas que otros pudieran ocupar” (Globalresearch.ca, 4-05-2014)

El patio trasero energético

En lo que concierne a Iberoamérica el avance de esta disposición ha sido evidente a raíz de la reforma energética en México, que permite que la oligarquía financiera internacional se adueñe de las riendas del destino del petróleo mexicano tras la privatización nada velada de la empresa mexicana PEMEX, hasta antes un patrimonio nacional inalienable. Después de este decisivo paso el gobierno de Barack Obama admitió por primera vez en público que efectivamente su plan es avanzar al máximo sobre los recursos energéticos de Iberoamérica. Con esto los Estados Unidos pretenden rehacer su diplomacia en el continente a la manera de un patio trasero energético.

El secretario de Estado, John Kerry, en la 44 conferencia sobre las Américas, realizada el 7 de mayo último en el Consejo de las Américas, cuartel general de los intereses Rockefeller, fue claro al afirmar que de lo que se trata es de girar los intereses energéticos de la región del Medio Oriente hacia el Hemisferio Occidental.

Según Kerry, “el nuevo mapa de la energía mundial no se centra ya en el Oriente Medio, sino en el Hemisferio Occidental. En las próximas dos décadas, la región responderá por dos tercios del crecimiento de la oferta mundial de petróleo”. Por eso “creemos en esta futura política energética para este hemisferio, conectando a Canadá, EUA, México y toda la América Latina…”

Por supuesto que la pauta energética también abarca los cambios climáticos y las llamadas energías alternativas.

“Pero el petróleo y el gas son solamente parte del cuadro grande. Y nosotros también sabemos que, aunque muchos de los países del hemisferio son, de manera creciente, productores globales de energía, muchos de los menores están cargando el paquete, en lo que se dice respecto a los precios altos de la energía y los desastrosos impactos de los cambios climáticos (…) Esta iniciativa es sobre incentivar inversiones del sector privado en energías renovables y, en último análisis, proporcionar energía más barata, limpia y confiable a los ciudadanos de toda la región. (…)”, afirmó Kerry.

“Entonces, este hemisferio necesita comprometerse y encabezar al mundo en términos de moverse rápidamente hacia recursos energéticos que sean usados de forma más responsable y sustentable. Y, aquí, entre ustedes, se encuentran los líderes que están haciendo exactamente esto. Por ejemplo, el año pasado, México aprobó una legislación amplia de cambios climáticos, que incluye ambiciosas metas de gases de efecto invernadero. Yo no puedo ser más contundente: si ustedes quieren realmente enfrentar el problema de los cambios climáticos, refuercen la seguridad energética y reduzcan los costos de la energía. Y sabemos exactamente lo que tenemos que hacer. La solución para los cambios climáticos es la política energética. Y tenemos que hacer un trabajo mejor, todos nosotros, en invertir en nuevas tecnologías energéticas limpias y conectar los mercados de energía, de Chile a Canadá”.

La solución del secretario fue:

“Confiamos en esa futura política energética para este hemisferio, ligando a Canadá, EUA, México, a toda América Latina. Y esta es exactamente la idea de un programa que creamos, denominado “Ligando las Américas 2020″ (Connecting the Americas 2022). Esta iniciativa fomenta inversiones del sector privado en energías renovables y en, última instancia, proporciona energía más barata, limpia y confiable”.

A primera vista, la propuesta de interconexión de redes eléctrica tiene sentido, permitiendo la generación y distribución de electricidad entre regiones geográficamente apartadas y sometidas a diferentes condiciones económicas y regímenes climáticos e hidrológicos. No obstante, es difícil imaginar que tal cosa pueda funcionar a escala continental, en el escenario prevaleciente de tratar la energía como una mercancía, dominado por los intereses de las grandes corporaciones del sector y, menos todavía, en un ambiente que favorece las ineficientes y prohibitivamente dispendiosas “energía renovables” -en general, el código nombre para las fuentes eólicas y solares, cuyas conexiones a las redes de generación de base constituyen un contrasentido técnico y económico. Esto para no mencionar cualquier justificativa de tales procedimientos en base a la inexistente influencia humana en la dinámica climática a escala global.

La tentación de disponer plenamente de los recursos energéticos es un plan siempre contemplado por el poder anglo americano desde que la Reserva Federal desquició el sistema financiera mundial a finales de la década de los 1980s. Fue la época en que de México a Brasil, la casta norteamericana impulsaba para el primero, un mercado común energético de México a Canadá, y para Brasil se aventuraba una impensable privatización de Petrobras. Todo indica que ahora se pasara a una nueva fase operativa, otra vez con la vieja idea de un ALCA energética.

En lo que respecta al “libre comercio”, debidamente disfrazado como “integración comercial y económica”, Kerry resaltó los supuestos beneficios del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), en sus palabras, “el mayor paso individual rumbo a la prosperidad compartida en este hemisferio” -afirmación sobre la cual la mayoría de los ciudadanos canadienses, estadounidenses y mexicanos, en especial, estos últimos, ciertamente, comparten opiniones distintas.

En seguida, habló de las ventajas de la pretendida Asociación Transpacífica (TPP), una especie de “Súper-NAFTA” extendida hacia las naciones de la Cuenca del Pacífico, con la cual, junto a la Asociación Transatlántica para Comercio e Inversión (TTIP), orientada hacia la Unión Europea (UE), el gobierno del presidente Barack Obama pretende dejar su marca en el establecimiento de un vasto hipermercado global dominado por las grandes corporaciones transnacionales. Según Kerry, “si conseguimos (implementar) la TPP y la TTIP, cada cual representando 40% del mercado, estamos hablando de cambiar las relaciones comerciales y capacidades de negocios en todo el planeta”.

Evidentemente, el secretario de Estado no explicó cómo el gobierno de Obama piensa superar la férrea oposición que existe en el Congreso Americano, presionado por sus bases que temen con fundamento que el TPP sea un coadyuvante del desempleo, además de la cautela de los principales socios, Japón principalmente.




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