Putin y la negación del "excepcionalismo"

El 11 de septiembre, el periódico estadounidense New York Times publicó un artículo firmado por el presidente ruso, Vladimir Putin, en el que insta al gobierno de Barack Obama a entrar en razón en relación al conflicto interno de Siria. Recibido, previsiblemente, con reacciones inflamadas, tanto favorables como contrarias, la parte más criticada del texto fue, su conclusión, la cual provocó verdadera histeria entre los representantes del poder anglo-americano, en especial de los defensores del uso irrestricto de la fuerza militar como instrumento de política exterior. El motivo fue la contundente crítica hecha por Putin a la ideología del “excepcionalismo” estadounidense, la creencia de que Estados Unidos es un país agraciado con la bendición divina para amoldar el mundo per se.

Dice Putin: “Es extremadamente peligroso incentivar a las personas a verse como excepcionales, cualquiera que sea el motivo de esto. Existen países grandes y pequeños, ricos y pobres, algunos con largas tradiciones democráticas y otros que todavía buscan su camino para la democracia. Su política difiere entre sí. Somos todos diferentes, pero, cuando pedimos las bendiciones del Señor no debemos olvidar que Dios nos creó a todos por igual.”

Lo cierto es que la creencia del “excepcionalismo” no es original de Estados Unidos, sino una herencia de la predestinación calvinista, según la cual Dios mostraría la elección de sus “elegidos” por señales visibles de prosperidad, con énfasis en las conquistas materiales. Llevado a América del Norte por grupos de colonizadores, el calvinismo encontró allí un terreno fértil y se transformó en un conjunto de preceptos ideológicos, con ramificaciones política, económicas y culturales que se han empleado para justificar todas las aventuras excepcionistas de la oligarquía estadounidense desde el siglo XIX, a partir de la guerra que robó a México la mitad de su territorio.

Al cuestionar el “excepcionalismo,” Putin también ataca -aunque no de forma explícita- el núcleo de la estructura de poder hegemónico que controla las finanzas internacionales, a partir de la creación del Banco de Inglaterra, a finales del siglo XVII; su ápice actual es el Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos. Además ese poder centralizado extiende sus tentáculos hacia el control de los flujos comerciales de alimentos, materias primas y recursos energéticos.

La obstinada convicción en el “excepcionalismo” es el símbolo del fracaso de este enorme sistema hegemónico, el cual, visiblemente, llegó al límite de sus posibilidades de expansión.

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