Putin da una lección de estadista

El discurso del presidente ruso, Vladimir Putin, pronunciado el en el Kremlin el 18 de marzo ante los miembros del Parlamento, representantes de las regiones y de la sociedad rusa, con la presencia de los dirigentes de la recién independiente Crimea, es de una pieza. En el escenario mundial posterior a la Guerra Fría no es común que un gobernante se atreva a cuestionar abiertamente el orden mundial establecido y, más aún a describir la realidad internacional tal como es, sin adornos retóricos. Pero, para la gran prensa de la mayor parte de Occidente, Putin representa la nueva gran amenaza a la estabilidad mundial, un mero nostálgico que quiere reconstruir la Unión Soviética, como los demostraría su “anexión” de Crimea. “Con una retórica más típica de 1914 que de 2014 – la Rusia de Putin es una potencia revanchista”, afirmó el historiador británico Timothy Garton Ash, uno de los favoritos del poder anglo-americano (O Estado de S. Paulo, 19/03/2014).

Para nosotros es claro que la histeria contra el líder del Kremlin tiene su origen precisamente en el hecho de haber establecido una “línea roja” desde agosto de 2008, en ocasión de la corta guerra contra Georgia, para delimitar un perímetro de seguridad, más allá de la cual no permitirá más avances de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sobre la zona de influencia de la extinta URSS. La periodista Vivian Oswald lo observó, con mucha propiedad, en un artículo publicado en el periódico brasileño O Globo del 19 de marzo:

“(…) Los avances de la OTAN rumbo al Este jamás tomaron en cuenta las susceptibilidades rusas. Y Ucrania, con la conocida fractura de su identidad, fue transformada en la cuerda del tira y afloja. La Unión Europea nunca dudó en tomar partido en las disputas internas -y se apresuró junto con Estados Unidos, a reconocer un nuevo “gobierno,” pesar de las credenciales democráticas más que dudosas de sus integrantes. El presidente depuesto, Viktor Yanukovich, aunque sabidamente corrupto, fue elegido democráticamente -al estilo que le gusta a Occidente. O no tanto, dependiendo del caso”.

Luego cita a Putin:

“Como un espejo, la situación de Ucrania refleja lo que está sucediendo y lo que ha acontecido en el mundo en las últimas décadas. Luego de la disolución de la bipolaridad en el planeta, no tenemos estabilidad. Las instituciones internacionales claves no se están fortaleciendo; por el contrario, en muchos casos, se están degradando. Nuestros socios occidentales, encabezados por Estados Unidos, prefieren no guiarse por el derecho internacional en sus prácticas políticas, sino por la ley de las armas. Creen que en su exclusividad y en su excepcionalismo pueden decidir los destinos del mundo; que tan sólo ellos pueden tener siempre la razón. Actúan a su gusto: aquí y allá usan la fuerza contra estados soberanos, construyen coaliciones fundadas en el principio de “si no están con nosotros, están contra nosotros.” Para hacer que tales agresiones parezcan legítimas, obtienen de manera forzada las resoluciones necesarias de las organizaciones internacionales y, si por algún motivo, esto no funciona, sencillamente ignoran el Consejo de Seguridad de la ONU y a la misma ONU”.

Sin medias tintas Putin señaló el objetivo último del plan anglo-americano: “Entendemos lo que está sucediendo; entendemos que esos actos fueron dirigidos contra Ucrania y contra Rusia, y contra la integración euroasiática. Todo esto mientras Rusia se comprometía en un diálogo con nuestros colegas de Occidente: Estamos, constantemente, proponiendo la cooperación en todos los asuntos claves; queremos fortalecer nuestro grado de confianza, para que nuestras relaciones sean iguales, abiertas y justas. Pero no vimos ningún paso de reciprocidad. Por el contrario, nos mintieron muchas veces, tomaron decisiones a nuestras espaldas y nos presentaron un hecho consumado. Esto ocurrió con la expansión de la OTAN al Este, así como con la movilización de infraestructura militar a nuestras fronteras. Nos siguen diciendo la misma cosa: “Esto no tiene que ver con ustedes.”

Como hemos reiterado en varios artículos publicados en este informativo, Putin y sus colaboradores han hecho propuestas de cooperación con las potencias occidentales, tanto para el establecimiento de una zona de seguridad común, “de Vladivostok a Lisboa,” así como de una zona de integración económica euroasiática, las cuales, de ponerse en práctica de forma plena, podrían representar el inicio de un nuevo proceso para la reorganización política y económica mundiales. La cooperación para un progreso compartido es un concepto inexistente en el plan del poderío oligárquico anglo-americano, que ven el mundo desde la óptica imperial del balance de poder y de la de subordinación absoluta a sus intereses.

Un punto crucial del discurso de Putin fue la justificación del referéndum del 16 de marzo, comparándolo con el precedente de Kosovo, en 2010, y de la misma Ucrania, en 1992:

“Cuando declaró su independencia y decidió realizar un referéndum, el Supremo Consejo de Crimea se refirió a la Carta de Naciones Unidas, que habla del derecho de las naciones a la autodeterminación. De paso, me gustaría recordarles que, cuando Ucrania se separó de la URSS, hizo exactamente lo mismo, casi literalmente. Ucrania utilizó ese derecho, pero este se les niega a los residentes de Crimea. ¿Por qué esto?

“Además, las autoridades de Crimea se refirieron al bien conocido precedente de Kosovo -precedente que nuestros socios occidentales crearon con sus propias manos, en una situación bastante similar, cuando acordaron que la separación unilateral de Kosovo de Serbia, exactamente lo que Crimea está haciendo ahora, era legítima y no necesitaba ningún permiso de las autoridades centrales del país. (…) Por alguna razón, cosas que los albaneses de Kosovo (y tenemos total respeto por ellos) tuvieron permiso de hacer, los rusos, ucranianos y tártaros de Crimea no lo tienen. Otra vez nos preguntamos ¿por qué?

“Seguimos escuchando que Estados Unidos y Europa Occidental dicen que Kosovo es algún tipo de caso especial. ¿Qué los hace tan especial a los ojos de nuestros colegas? Es el hecho de que el conflicto de Kosovo produjo muchas pérdidas humanas. ¿Este es un argumento legal? El Tribunal Internacional no dice nada al respecto. Este no es ni siquiera un caso de dos pesos y dos medidas -es un cinismo impresionante, primitivo y tosco. No se debería tratar de hacer todo de acuerdo con sus intereses, de forma tan cruda, diciendo que la misma cosa hoy es blanca y negra mañana. De acuerdo a esta lógica, tenemos que asegurarnos que todo conflicto produzca pérdidas humanas.

Con un toque de ironía, Putin recordó a los europeos, en especial a los alemanes, algunos hechos que tal vez quieren olvidar:

“Creo que los europeos, principalmente los alemanes, también me entenderán. Permítanme recordarle que en el transcurso de las consultas políticas sobre la unificación de Alemania Oriental con la Occidental, en los niveles más altos, algunas naciones que eran y son aliadas de Alemania no apoyaban la idea de la unificación. Sin embargo, nuestra nación apoyó, inequívocamente, el deseo sincero e imparable de los alemanes por la unidad nacional. Espero que no olviden esto y espero que los ciudadanos de Alemania también apoyen la aspiración de los rusos, de la Rusia histórica, de restaurar su unidad.

Al contrario del gobierno interino de Kiev, que trató de inmediato de reprimir la situación oficial de las lenguas minoritarias de Ucrania, en particular el ruso y el tártaro, Putin recalcó que Crimea independiente respetará todos los derechos de sus minorías ucranianas y tártaras: “Tenemos un enorme respeto por las personas de todos los grupos étnicos que viven en Crimea. Este es su hogar común, su patria, y sería justo -y sé que la población local apoya esto- que Crimea tenga tres lenguas nacionales iguales: ruso, ucraniano y tártaro.”

En otra parte, el presidente ruso explicó el escenario externo en el que las potencias occidentales quieren encuadrar a su país, sin dejar de demostrar que está lejos de estar “aislado internacionalmente,” como algunos gobernantes occidentales porfían:

“Hoy estamos siendo amenazados con sanciones, pero ya experimentamos muchas limitaciones que son bastante significativas para nosotros, pera nuestra economía y para nuestra nación. (…) En resumen, tenemos todas las razones para presumir que la flamígera política de contención (de Rusia), practicada en los siglos XVIII, XIX y XX, todavía continúa. Constantemente están tratando de arrinconarnos porque tenemos una posición independiente, porque la sostenemos y porque llamamos a las cosas por su verdadero nombre, sin recurrir a la hipocresía. Pero todo tiene límites. Y, con Ucrania, nuestros socios occidentales cruzaron la línea en el caso de Ucrania. Al final de cuentas, tenían plena conciencia de que existen millones de rusos que viven en Ucrania y en Crimea. Francamente debieron dejar de funcionar sus instintos políticos y el sentido común para no prever las consecuencias de sus actos. Rusia se vio en una posición en la que no podía dar marcha atrás. Si comprimimos una muelle a su límite, esta descomprimirá con fuerza. Siempre deben recordarlo. Hoy es imperativo acabar con esa histeria, refutar la retórica de la Guerra fría y aceptar el hecho obvio: Rusia es un participante independiente y activo de los asuntos internacionales; como cualquier otro país, como cualquier otro país, tiene sus propios intereses nacionales, que se tienen que tomar en cuenta y respetar.

“Al mismo tiempo, agradecemos a todos aquellos que entienden nuestros actos en Crimea; agradecemos al pueblo de China, cuyos dirigentes siempre consideraron la situación de Ucrania y de Crimea, tomando en cuenta todo su marco histórico y político, y apreciamos mucho la reserva y la objetividad de India.

Las menciones China e India indicarían que los dos socios de Rusia en el grupo BRICS no ven que la reincorporación de Crimea a la Federación Rusa -que sólo depende de la aprobación del Parlamento ruso- un hecho que indique una “nueva Guerra Fría,” como algunos dirigentes occidentales apopléticos y otros comentaristas precipitados se apresuraron a anticipar.





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