Obama enloquece en la Asamblea General de las Naciones Unidas

El siniestro discurso del presidente Barack Obama en la sesión de apertura de la sexagésima novena Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) puede indicar que el gobernante de la nación más poderosa del planeta sufre un estado clínico de pérdida de la realidad.

No es posible que un gobernante en sus cabales pueda pronunciarse ante sus iguales y ante el mundo con juicios como los siguientes:

“Alrededor del mundo hay señales de progreso. La sombra de la Guerra mundial, que existía en los tiempos de la fundación de esta institución fue superada; la perspectiva de guerra entre las grandes potencias se redujo. (…) Y la economía mundial se sigue reforzando, luego de la peor crisis financiera de nuestras vidas. (…) La misma existencia de esta institución es una conquista única -los pueblos del mundo que están comprometidos a resolver pacíficamente sus diferencias y a resolver juntos sus problemas (sic). Siempre digo a los jóvenes que este es el mejor momento de la historia humana para nacer, pues ustedes tienen más probabilidades que nunca de ser alfabetizados, saludables y libres para perseguir sus sueños.

“Y, todavía más, hay una inquietud difundida en nuestro mundo -un sentimiento de que las mismas fuerzas que nos reunieron crearon nuevos peligros y dificultan que cualquier nación individual pueda aislarse de las fuerzas globales. Al tiempo que nos reunimos aquí, un brote de (virus) de Ébola subyuga los sistemas de salud pública de África Occidental y amenaza con moverse rápidamente a través de las fronteras. La agresión rusa en Europa nos recuerda los días en que las grandes naciones pisaban a la menores al perseguir ambiciones territoriales. La brutalidad de los terroristas, en Siria y en Irak, nos obliga a contemplar el corazón de las tinieblas”.

Al calificar a Rusia como una fuerza imperialista agresora y una de las mayores amenazas mundiales, en el mismo plano que el terrorismo del Estado Islámico (EI), Obama destruye el papel que Moscú viene desempeñando como una fuerza de moderación, en el intento de establecer un marco de soluciones políticas para los problemas que afectan a la gran región del Medio Oriente. Es casi como si fuese una venganza personal -tal vez, inflada por los belicistas que dominan la política exterior estadounidense- por la intervención que condujo al gobierno de Siria a renunciar a su arsenal de armas químicas en agosto del año pasado, para evitar, a última hora, un ataque militar estadounidense- que, finalmente, terminó por ocurrir, con el pretexto de combatir al EI.

Tal actitud, es evidente, revela el visceral odio contra Rusia que acomete a los círculos belicistas de Washington, encolerizados por la determinación de Moscú de resistir a toda extensión del “excepcionalismo” estadounidense en el escenario mundial.

Con semejante estado mental, lamentablemente, el presidente de la nación más poderosa del planeta se convierte, él mismo, en la mayor amenaza para la paz y la estabilidad mundiales. Y no sería sorprendente que ese estado evolucionará, al punto de justificar retirarlo de su cargo, por incapacidad para seguir ejerciendo sus funciones.

Los interesados pueden consultar la transcripción oficial del discurso de Obama en el sitio de la Casa Blanca.

Reacción rusa

Ante las diatribas de Obama, el canciller ruso, Sergei Lavrov, quien estuvo presente en el discurso de Obama, reaccionó con ironía. Para él, Rusia se siente “honrada” de ser considerada la segunda mayor amenaza del escenario mundial, pero resaltó que el discurso del presidente estadounidense “no fue pacífico” (RT, 24/09/2014).

“Me pareció extraño que el presidente de Estados Unidos haya dicho, en repetidas ocasiones, que el mundo se volvió más libre y seguro. Incluso, no estoy seguro de que estuviera hablando en serio. En su época, George Orwell (autor del clásico 1984) inventó el Ministerio de la Verdad; parece que esta idea todavía no es cosa del pasado,” afirmó.

Las ideas de Obama, para Lavrov, son manifestaciones de “una visión estadounidense del mundo.”

En el tradicional discurso de apertura de la sesión inaugural, la presidente Dilma Rousseff también condenó el voluntarismo belicista de Estados Unidos, con lo que reforzó la crítica que había hecho anteriormente en la víspera, a su llegada a Nueva York, a la falta de respaldo de Naciones Unidas a los ataques aéreos en territorio sirio. En sus palabras:

“El uso de la fuerza es incapaz de eliminar las causas profundas de los conflictos. Esto está claro en persistencia de la Cuestión Palestina; en la masacre sistemática del pueblo sirio; en la trágica desestructuración nacional de Irak; en la grave inseguridad en Libia; en los conflictos en el Sahel y en los embates en Ucrania. A cada intervención militar no caminamos hacia la paz, por el contrario, sí, asistimos al agravamiento de esos conflictos.”

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