No olviden la dignidad del hombre y el bien común, papa Francisco

El pasado 1 de mayo, el Papa Francisco envió un mensaje a los trabajadores de todo el mundo, en el que delineó las tareas urgentes que enfrentan las personas que detentan responsabilidades políticas. En su mensaje exigió que “los responsables en términos políticos no se olviden de dos cosas: La dignidad del hombre y el bien común.”

Francisco, desde el inicio de su pontificado, ha destacado la necesidad de la lucha contra la pobreza y en favor del bien común, temas centrales de su reciente exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en la que califica de mala e injusta a la sociedad incapaz de ofrecer oportunidades de trabajo a cada individuo. Una economía tal favorece los abusos de los fuertes sobre los débiles: se trata de una sociedad que mata, de una nueva forma de tiranía que “endiosa” el mercado, y cuya dinámica es determinada por el egoísmo, la especulación financiera y la corrupción -recalcó el Pontífice. Esta nueva tiranía invisible es resultado de personas que traicionan los propósitos reales de la sociedad y que están obcecados con el poder del dinero.

Una reflexión importante sobre el poder destructor de la codicia fue la que brindó en la homilía del Viernes santo el predicador de la casa pontificia, el padre Rainiero Cantalamessa, quien se refirió a la figura de Judas Iscariote, el que traicionara a Cristo y a sus discípulos por dinero. La traición, dijo, fue uno de los “más asombrosos dramas de la libertad humana,” cuyos efectos perduran hasta nuestros días.

Cantalamessa hablo del enorme poder ejercido por el dinero sobre los corazones humanos: “Mamón, dios del dinero, no es tan sólo un ídolo entre muchos: es el ídolo por excelencia -literalmente, un ‘dios derretido’.” Mamón, dice, es el anti dios, porque crea un universo espiritual diferente y lleva a una siniestra inversión de todos los principios. El amor del dinero, de acuerdo a las Escrituras, es “la raíz de todos los males.” Esto se refleja, hoy, en el poder de las drogas, de las mafias, de la corrupción política, de la fabricación y la venta de armamentos y de la crisis financiera que sufre el mundo -todo, en gran medida, debido a la “maldecida hambre de oro.” Lo que hizo Judas, afirmó, es un principio que continúa a lo largo de la Historia hasta nuestros días.

El significado de la canonización de dos papas

En un hecho sin precedentes, el 27 de abril, en presencia del Papa emérito, Benedicto XVI, Francisco canonizó a los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

San Juan XXIII y San Juan Pablo II, como resaltó el Pontífice, no tenían miedo de ver las heridas de Jesús, de tocar sus manos y su cuerpo flagelado: “No tenían vergüenza de la piel de Cristo, no se escandalizaron por él, ni de su cruz; no despreciaron la piel de su hermano, porque veían a Jesús en cada persona que sufre y lucha. Fueron dos hombres de coraje, repletos de la “parrhesía” (franqueza, honestidad, n.e.) del Espíritu santo, que dieron testimonio de la grandeza y de la misericordia de Dios ante la Iglesia y el Mundo.”

En las palabras de Francisco, Juan XXIII, que convocó al Concilio Vaticano II en 1962 considerado el papa de la “apertura al Espíritu Santo,” fue un pastor, un servidor y un líder de la Iglesia, mientras que Juan Pablo II fue “el papa de la familia.”

Tanto Angelo Roncalli, el futuro Juan XXIII, como Karol Wojtyla, el futuro Juan Pablo II, nacieron y crecieron en condiciones extremadamente modestas. El primero era hijo de un campesino de una pequeña ciudad del Norte de Italia (Bérgamo) y el segundo, hijo de un sastre y oficial del Ejército polaco en Wadowice, cerca de Cracovia. Ambos fueron personalidades que “revolucionaron” la Iglesia. Juan XXIII fue durante muchos años diplomático pontificio en los Balcanes y en Turquía, donde utilizó su enorme experiencia en el diálogo con Oriente, en su trabajo como un intelectual que mantenía una mente abierta al diálogo con representantes políticos del Este y de otras iglesias. Su pensamiento se expresa con claridad en la encíclica Pacem in Terris (Paz en la Tierra), publicada en 1963, en respuesta a la Crisis de los proyectiles cubanos de octubre de ese año. En ella destaca que la paz del mundo debe fundarse en el respeto de la “dignidad humana” y en la lucha por el bien común.

Juan XXIII no sólo trató de dar nuevos impulsos a la Iglesia, al convocar al Concilio Vaticano II, sino que mantuvo el corazón abierto a los trabajadores, lo que lo convirtió en un crítico de la Curia; sus oídos se sentía insultados por las voces de los que seguían reclamando que el presente era peor que el pasado. Insistía en que había que resistir a los “profetas del desastre,” que en cada gran crisis profetizan catástrofes y el fin del mundo.

A su vez, Juan Pablo II vivió la ocupación nazi de Polonia, luego de la invasión de 1939, y sufrió los horrores de la guerra, la miseria y la tiranía. Como antifascista consciente, ayudó a muchos judíos, como la pequeña Edith Tzirer, entonces de 11 años, que encontró hambrienta en una calle, luego de haber sido liberada del campo de concentración de Auschwitz, en 1945. Wojtyla socorrió a la niña y luego volvió a encontrarse con ella en 2000 cuando visitó Jerusalén.

Así como Juan XXIII, siempre se orientó por un profundo amor por la paz y por la justicia. En ocasión de la primera guerra del golfo Pérsico, 1990-1991, como observó recientemente el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, “luchó como un león contra ella,” a la que llamó “aventura sin sentido de la responsabilidad” y “masacre sin sentido.” Estaba convencido de que la paz forzada por medio de las armas no resuelve los problemas, sino que provoca una espiral de violencia. Con su pacifismo estricto, se mantuvo solitario entre los líderes de su época, aislado contra la mayoría de los gobiernos occidentales, la mayoría de los países árabes e, inclusive, de las conferencias episcopales de los 39 países involucrados en el conflicto.




x

Check Also

O MPF, a Funai e o fantástico mundo dos “espíritos”

Os indígenas brasileiros poderão agora pleitear indenizações por “danos espirituais” decorrentes de ações dos homens ...