La extraordinaria peregrinación del Papa Francisco al Medio Oriente

Shimon Peres (esquerda), Francisco e Mahmoud Abbas (direita)

La peregrinación del Papa Francisco al Medio Oriente (por las ciudades de Amán, Belén y Jerusalén) fue planeada para encontrar una salida para una situación que hace semanas parece estar en un estancamiento total. Durante una misa en Belén, el lugar del nacimiento de Jesucristo, el Papa invito al presidente israelí Shimon Peres, quien -con casi 90 años- terminará su mandato en julio, y al Presidente de Palestina, Mahmoud Abbas, para celebrar juntos una misa por la paz en Roma, en el domingo de Pentecostés.

Durante el viaje, el Papa declaró su deseo de “invitarte, presidente Mahomud Abbas, y a ti, presidente Shimon Peres, a rezar juntos conmigo para pedir a Dios el presente de la paz.” el gesto del Papa fue tan avasallador, que los dos políticos no tuvieron otra opción que aceptar. Y esto sucedió cuando la comunicación entre los dos, desde hace semanas, es nula, luego de que el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, declaró que su misión de paz en Medio Oriente había sido un “fracaso.”

En una situación aparentemente prometedora, el Pontífice trata de dar impulso a un proceso de paz que clínicamente está muerto, apelando al poder espiritual de la oración, que mueve montañas. De forma distinta a los cínicos y a los fatalistas de la política, él se destaca por ser uno de los pocos representantes del mundo que demuestran optimismo.

El mensaje que dio repetidamente al mundo y a las partes en conflicto en su viaje, fue que no hay paz sin perdón ni sin reconocer los propios pecados. La violencia no puede ser derrotada por la violencia. De importancia “simbólica” similar fue la visita sorpresa del Papa al Muro de Cisjordania -una barrera que el gobierno israelí levantó para proteger a su pueblo de la violencia palestina, mientras que para los palestinos es el “muro de una prisión.”

 La paz no se puede comprar

 En la primera etapa de su viaje en Amán, Jordania, Francisco fue recibido de forma muy cordial por el rey Abdullah de Jordania, y por su equipo diplomático. El rey, que desde hace muchos años está vinculado a diversos esfuerzos para promover el diálogo entre musulmanes y cristianos, escuchó agradecimientos del Pontífice por haber dado generoso abrigo a millares de refugiados -entre ellos 600 000 venidos de Siria, además de los que huyeran de Palestina y de Irak. El Papa alertó que los vecinos de Siria no pueden dejarla sola con su crisis, y clamó que el fin del sangriento conflicto que castiga al país pueda ser alcanzado de forma pacífica.

En una misa realizada en el Estadio Internacional de Aman, el 24 de mayo, el Papa destacó que “La paz no se puede comprar: es un don que se debe buscar con paciencia y se debe construir “artesanalmente” por medio de actos, grandes y pequeños, cada día de nuestras vidas. El camino de la paz se fortalece si nos hacemos conscientes de que todos tenemos el mismo origen, y que somos una única familia humana; si nunca olvidamos que tenemos el mismo padre divino y que somos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza.”

Muy emotiva también fue la forma en como el Papa se dirigió a un grupo de niños palestinos refugiados, ocasión en la que destacó la importancia de los niños para la sociedad. Durante la misa en la plaza de Manjedouera, en Belén, a la que asistieron personas provenientes de la Faja de Gaza y de Cisjordania, el Pontífice habló de la infancia de Jesús, el nacimiento en Belén, y destacó el sufrimiento de los niños alrededor del globo terrestre: “Hoy, también los niños son un símbolo. Son una señal de esperanza, una señal de vida, pero también una señal de diagnóstico que indica la salud de las familias, de la sociedad y de todo el mundo. Allí donde los niños son aceptados, amados, cuidados y protegidos, las familias son saludables. La sociedad allí es más vigorosa, y el mundo más humano. Los niños son una señal para la humanidad.”

 El Papa demanda “solución de dos Estados para Palestina e Israel”

 El tema de la búsqueda de la paz fue el foco del discurso del Pontífice ante el Presidente palestino, Mahmoud Abbas. En su profundo aprecio del líder palestino, y en su reconocimiento de la inmensa tragedia que el pueblo palestino sufre todos los días, el Papa destacó que debe haber esfuerzos renovados dedicados a la “creación de condiciones para una paz estable fundada en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de todo individuo; en el encuentro del coraje para ser generoso y creador en el servicio del Bien Común; el coraje de forjar una paz que represente la concientización de todos sobre el derecho a los dos Estados a existir y a vivir en paz y en seguridad, con fronteras reconocidas internacionalmente. (…) La paz traerá incontables beneficios para los pueblos de la región y para el mundo en su conjunto. Y para ello ella debe ser buscada con determinación, aunque cada lado tuviera que hacer sacrificios.”

 El tercer día de su visita, Jerusalén, fue destacado por la ida del Papa al Muro de las lamentaciones; un encuentro con un grupo de rabinos; una visita no planeada al Monumento conmemorativo de las víctimas israelíes del terrorismo; al Monte del Templo y el encuentro con el Gran Mufti; su ida al monumento del holocausto Yad Vashem. En su discurso a los líderes políticos del gobierno israelí (entre ellos el Primer ministro, Benjamin Netanyahu, y Shimon Peres) les pidió a los que ejercen altas responsabilidades que “no dejen una sola piedra intocada en su búsqueda de soluciones igualitarias de los problemas complejos de actualidad, de modo que permitan que los israelíes y los palestinos vivan en paz.” Francisco agregó: “Renuevo el llamado hecho por el Papa Benedicto XVI: el derecho del Estado de Israel de existir y de florecer en paz y en seguridad, con sus fronteras reconocidas universalmente, al mismo tiempo en que se reconozca también el derecho del pueblo palestino a un territorio soberano y a sus derechos a la vida con dignidad y con libertad de movimiento. La ‘Solución de dos Estados’ debe hacerse realidad, y no permanecer tan sólo como un sueño.”

Diálogo entre cristianos, musulmanes y judíos

 Una señal vital por la paz es el esfuerzo por la intensificación del diálogo entre cristianos, musulmanes y judíos. En el Muro de las lamentaciones, el Papa, en otro gesto simbólico, abrazó a su gran amigo de los tiempos de Buenos Aires, el rabino Abraha Skorka, y al académico musulmán y es presidente del Centro Islámico de Argentina, Omar Abboud, en una foto que ha sido llamada “el abrazo de las tres religiones.” El mismo motivo, el deseo de restaurar la comunión entre Roma, Constantinopla y otros patriarcados de la Iglesia Ortodoxa que están divididos desde hace casi 1 000 años, fue el encuentro del Papa Francisco con el Patriarca Ecuménico Batolomeu I, y su oración conjunta en la Basílica del Santo Sepulcro, también en Jerusalén.

La celebración ecuménica fue en conmemoración del 50 aniversario del encuentro entre el Papa Paulo VI y el Pontífice Ecuménico Athenágoras, quien, en 1964, puso las bases para un diálogo amplio por primera vez en la historia desde el cisma de las Iglesias en el año 1054. En una declaración conjunta emitida por el Papa y por el Patriarca Ecuménico, los dos líderes subrayaron la importancia de “defender la dignidad de toda persona humana, en todas las fases de la vida, y de la santidad de la familia fundada en el matrimonio; de la promoción de la paz y del bien común; y de responder a los sufrimientos que siguen afligiendo a nuestro mundo. Reconocemos que el analfabetismo, la pobreza, el hambre y la distribución desigual de los recursos deben abordarse constantemente.”





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