14 de septiembre: los sauditas se caen del camello y arrastran al “gobierno mundial”

MSIa Informa, 27 de septiembre de 2019.-El 14 de septiembre de 2019 es quizá una fecha determinante del proceso de cambio de época, pues no todos los días se observa un acontecimiento tan cargado de repercusiones cruciales como el ataque de los insurgentes hutíes yemeníes a dos refinerías de Arabia Saudita.

En las primeras horas de la mañana de aquel sábado, un enjambre de aeronaves no tripuladas “suicidas” alcanzó dos refinerías de los complejos Abqaiq y Jurais, situadas, respectivamente, a cerca de 300 y 150 kilómetros de la capital saudita, Riad. En Abqaiq, la mayor refinería del mundo, los daños fueron tan grandes que el resultado fue la reducción inmediata de 50 por ciento de las exportaciones de petróleo del reino (cerca de 7 por ciento de los flujos mundiales), y las reparaciones tardarán semanas, si no es que meses.

La precisión y la eficacia del ataque sorprendieron a analistas y especialistas de todo el mundo. Aunque los hutíes ya hubiesen hecho muchos ataques con drones, proyectiles crucero y proyectiles balísticos contra blancos sauditas y de los Emiratos Árabes Unidos en la guerra iniciada unilateralmente por Riad en 2015, la dinámica de la operación y los estragos causados denotan un grado de sofisticación y de capacidad militar capaces de infligir daños prohibitivos al reino saudita, en caso de que insista en prolongar la campaña contra Yemen, por no mencionar las repercusiones potenciales para la economía mundial.

Ese mismo día, un portavoz de los Hutíes afirmó que el ataque fue asestado por drones lanzados desde el territorio yemení, a más de 1 000 kilómetros de sus blancos. El gobierno estadounidense afirmó más tarde que por lo menos se habían utilizado 17 ó 19 aeronaves y responsabilizó a Irán del ataque, línea adoptada de inmediato por los sauditas, ambos con el argumento de que los hutíes no tendrían medios para un ataque de ese género. Los sauditas mostraron posteriormente fragmentos de un proyectil de crucero, supuestamente iraní, como prueba “innegable” de la autoría del ataque, nada más que los fragmentos mostrados en una conferencia de prensa que se llevó a cabo en Riad eran de un Quds-1, producido por los hutíes a partir de un modelo iraní que ya fue utilizado en ataques anteriores contra blancos sauditas, pero situados a distancias mucho menores (el alcance del proyectil era del orden de 150-200 km y si fue utilizado en el ataque demostraría que su alcance fue aumentado considerablemente). Por otra parte, es sabido que los hutíes crearon varios modelos de drones, algunos con alcance suficiente para alcanzar las refinerías desde territorio yemení, como los mostrados en una exposición en la su capital, Sana, en julio pasado.

Además del alcance, la sofisticación del ataque quedó demostrada en la selección de los blancos y en la precisión con la que fueron golpeados. Las fotografías divulgadas por el gobierno estadounidense y por la empresa DigitalGlobe muestran que los drones-misiles golpearon unidades claves de la refinería de Abiqaiq, encargadas de la transformación de petróleo crudo para reducir su volatilidad y permitir que sea embarcado en petroleros con menores riesgos de incendio. Esto quiere decir que los planeadores del ataque fueron asesorados por profesionales con profundo conocimiento técnico de las instalaciones, posiblemente dentro de la misma Arabia Saudita, como sugirió un portavoz hutí (los hutíes siguen el zaidismo, una variante chiita del islam, y los sauditas sunitas son notorios opresores de su minoría chiita).

La repercusión geopolítica

Como la mayor parte del equipo militar saudita es de origen estadounidense, Washington se metió en camisa de once varas para explicar por qué la defensa antiaérea no pudo evitar es ataque. El secretario de Estado, Mike Pompeo, que voló a toda prisa a Riad para dictarle la línea de “Irán es el culpable”, apenas pudo decir que “los sistemas de defensa fallan a veces.”

Por si fuera poco, Pompeo y compañía tuvieron que aguantar las burlas de los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Irán, Hassan Rouhani, reunidos en Ankara, con Recep Erdogan, para analizar el conflicto de Siria. En una entrevista colectiva, además de mencionar el Corán, según el cual toda violencia es ilegítima, salvo en el caso de la defensa propia, Putin dijo que los sauditas estarían mejor protegidos con los sistemas antiaéreos rusos, como los S-300 o los S-400.

La eficiencia de los sistemas rusos de casi 100 por ciento en la neutralización de los numerosos ataques de drones desatados por los yijadistas contra las bases de Tartus y de Hmeymin, en Siria, no se debe a ninguno de los dos sistemas, sino a un mecanismo escalonado que incluye la defensa de punto, con el sistema Pansir-S1, y contramedidas electrónicas capaces de desorientar e, inclusive, capturar los drones.

Por otro lado, a pesar de las presiones de los belicistas que sitian a su gobierno, el presidente Donald Trump no parece dispuesto a ningún ataque militar contra Irán, en lo que es secundado por el mismo Estado Mayor Conjunto -que debe estar tomando en serio la anunciada intención de Teherán de devolver cualquier ataque. Es de conocimiento general que los iraníes disponen de misiles y de otros armamentos en número y sofisticación mucho mayores que los hutíes.

El ataque representa un jaque mate para los planes del regente saudita de facto, Mohammed bin Salman (mejor conocido como Mbs), que pretendía utilizar la campaña militar contra Yemen para consolidar la posición del reino como la gran potencia del golfo Pérsico, en una alianza con Estados Unidos e Israel que tiene a Irán como opositor principal. La campaña, iniciada en marzo de 2015, ya ha causado la muerte de 90 mil yemeníes, la gran mayoría civiles, el bloqueo naval contra el país, el más pobre del mundo árabe, y una crisis humanitaria considerada por Naciones Unidas como la más seria de las últimas décadas, que amenaza a millones de personas con la escasez de alimentos y de medicamentos.

Ahora, a pesar de disponer del tercer mayor presupuesto militar del planeta, tan sólo detrás de Estados Unidos y de China (83 mil millones de dólares en 2019), con una fuerza aérea equipada con centenares de cazas Boeing F-15 y Eurofighter Typhoon, y de proyectiles y bombas de última generación proporcionadas por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, los sauditas se muestran incapaces de doblegar a las milicias hutíes. Estas, a su vez, demuestran una enorme eficiencia en la guerra asimétrica que se vieron obligadas a librar, con el máximo aprovechamiento de la asistencia técnica proporcionada por Irán y por Hisbolá en el campo de la fabricación y creación de una tecnología autóctona de misiles y drones. El resultado es una fuerza aérea no convencional y de varios órdenes de grandeza menos costosa, pero más capaz de infligir daños prohibitivos al enemigo -algo a lo que los estados mayores de todo el mundo deben estar prestando la debida atención.

Otro proyecto favorito de Mbs, la oferta inicial de acciones (IPO, por sus siglas en inglés) de la petrolera estatal Aramco, puede haber sufrido un fuerte golpe, pues, según los especialistas, la valorización inicial de la empresa estaría en el orden de los 2 billones de dólares, pero la manifiesta incapacidad saudita de proteger sus instalaciones ya habría derribado su valor a los más o menos 300 mil millones de dólares.

Con esto, Mbs y sus aliados en Washington deben estar, en este momento, buscando una “salida honrosa” del impasse, que sólo puede resultar en negociaciones con los hutíes, pues cualquier intento de proseguir con la guerra será potencialmente suicida para Riad y, según algunos observadores, para la misma familia al-Saud.

Estados Unidos e Israel, igualmente, tienen que poner sus barbas a remojar, pues con una demostración de tan grande eficacia militar de los drones y de los misiles, de los que tanto Irán como Hizbolá disponen en cantidad y calidad suficiente para funcionar como eficientes factores de contención.

Agréguese a esto que la demostración de eficiencia de los sistemas de ataque con tales grados de costo-beneficio representa una amenaza potencialmente mortal para el empleo de medios militares como instrumento favorecido de las relaciones internacionales, en especial de Estados Unidos y de algunos de sus aliados preferenciales.

En la práctica cualquier país, por menor o más pobre que sea, podrá disponer de una eficiente fuerza aérea de bajo costo con capacidad disuasoria contra eventuales candidatos a enemigos.

El debilitamiento -y la desmoralización- de la casa Saud refuerza la posición de Irán, con el cual, tarde que temprano, Estados Unidos tendrán que negociar para superar el empantanamiento causado por su retirada unilateral del acuerdo nuclear de 2015 y, posteriormente, la normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales, de las que la economía de Estados Unidos se beneficia enormemente.

De igual forma, el país persa consolida cada vez más su posición como una de los polos de la germinal integración del bloque euroasiático encabezado por China y por Rusia, al que países como Turquía y Siria pacificada también tienden a integrarse.

Los hutíes derribaron, en esencia, el camello saudita y, con él, buena parte de las estructuras del “gobierno mundial” establecidas en aquella estratégica región del mundo.

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