Los “demasiado grandes para quebrar”: juegos escénicos y lo de siempre

1416249854_deutsche-bank

El Deutsche Bank negoció con las autoridades supervisoras estadounidenses y británicas el pago de una multa de 2 500 millones de dólares, por su participación en el esquema de manipulación de la tasa Libor. A cambio, al megabanco le serán quitadas todas las otras acusaciones que tenía y el proceso criminal será cerrado.

Lo mismo ya se había  dado en noviembre pasado con otros seis bancos “tan grandes para quebrar” –JP Morgan Chase, Bank of America, Royal Bank of Scotland, Citigroup, HSBC y UBS- quienes, por la misma acusación pagaron una multa conjunta de 4 300 millones de dólares.

Como lo hemos escrito anteriormente, la Libor (London Interbank Offer Rate) se basa en información proporcionada por cerca de 20 grandes bancos internacionales que operan en la City de Londres y es determinada diariamente por la Asociación de Banqueros Británicos (British Bankers Association). Ella es una referencia para todas las otras tasas de interés, en un sistema global que registra contratos financieros por una cantidad de 360 billones de dólares. Si aquellos bancos actuaran en cartel y violaran las leyes antitrust,  podrían “retocar” las tasas en su beneficio, para obtener ventajas con ganancias estratosféricas – y ¡eso fue exactamente lo que hicieron!

Al mismo tiempo, a cambio de impunidad total, cinco de estos megabancos –esta vez, el JP Morgan Chase, Citigroup, Royal Bank of Scotland, Barclays y UBS- están haciendo acuerdos con las autoridades estadounidenses, para pagar otra multa billonaria por la manipulación de los mercados de cambios. En realidad, la investigación involucra a por lo menos 15 bancos internacionales “demasiado grandes para quebrar” y la multa final puede llegar a algunas decenas de miles de millones de dólares.

Los mecanismos legales estadounidenses son muy simples. Si el fraude fuera descubierto, el tribunal instruye el caso. Hasta un cierto punto de la investigación, el banco indiciado puede admitir su culpa (plea guilty) y aceptar el llamado Acuerdo de Suspensión del Proceso (DPA, siglas en inglés para Deferred Prosecution Agreement). Con el acuerdo, la acusación es retirada, generalmente a cambio del pago de una multa. De esta forma, los bancos también mantienen la condición de “acreedores preferenciales”, que les permite conseguir capital de forma fácil. ¡Ninguno es acusado de acto criminal alguno y ninguno purga condena!

La admisión de culpa es como un ejercicio de arte escénico. La multa es, de hecho, una “solución pasajera”. El problema es: ¿Cómo se puede tolerar que semejantes comportamientos ultrajantes sean considerados como pequeños incidentes de ruta y castigados apenas con sanciones pecuniarias? Está más que comprobado que algunos de esos bancos se han saciado con las ventas de títulos “tóxicos” como los que causaron la crisis financiera  de 2008, falsificando documentos, envueltos en operaciones de lavado de dinero sucio, evasión fiscal y pirámides financieras especulativas. Además, mientras estaban bajo investigación por el fraude con la Libor, los mismos bancos siguieron con las manipulaciones cambiarias. Sin ceremonias similares se revela el hecho de que el Departamento de Justicia de los Estados  Unidos y los otros órganos supervisores argumentaron que, para ellos,, “la banca no es una operación criminal”. Consecuentemente, los gestores en la cúpula de la pirámide sólo pueden ser personas honestas. Caso contrario, la justicia estadounidense debería haberles aplicado la conocida legislación RICO (sigla en inglés para la ley de Organizaciones Influenciadas por Extorsionistas y Corruptas”, la cual considera como “conspiración” el hecho de que un cierto número de personas estén en colusión para cometer un acto criminal, siendo comúnmente aplicada para desmantelar pandillas mafiosas y del crimen organizado.

Sin embargo, las instituciones gubernamentales estadounidenses –y también las europeas- prefieren recurrir a la aplicación de multas, lo que significa una salida “por la tangente”. En general, un corruptor paga anticipadamente por un negocio ilícito; en el caso de los megabancos, ellos pagan después, para asegurar su impunidad.

Tal comportamiento por parte de las instituciones públicas trasmite un mensaje devastador, en particular, para los jóvenes –el de que en la economía, y no solamente en ella, prevalece la ley de la selva. A nuestro parecer, este aspecto es todavía más grave que las ganancias obtenidas por la corrupción financiera.

El círculo se cierra cuando se observa los intercambios de “tamiz” de posiciones entre la alta administración de los megabancos y los diversos órganos de control. En los EUA, esto es normal considerando que el ex-presidente del Sistema de la Reserva Federal, Ben Bernanke, está ahora al servicio del fondo de riesgo Citadel LLC de Chicago y de Pimco, un gigante de la gestión de fondos mutuos, y el ex-secretario del Tesoro Timothy Geithner, del fondo de activos privados (prívate equity) Warburg Pincus. Todo legal, naturalmente, pero no ayuda a crear un espíritu de confianza en las instituciones.

Esta es la Norteamérica, de la cual algunos quieren imponer el modelo.

x

Check Also

Nuevo 11/9 electoral en Orlando: ¿favorece a Trump o a Hillary?

Alfredo Jalife-Rahme* Existen más aspectos oscuros que claros en la carnicería de 49 jóvenes latinos, ...