Un Estado en busca constante de nuevos enemigos

El 15 de septiembre se estrenó en los cines estadounidenses la nueva película del director Oliver Stone, Snowden. En dos entrevistas concedidas a la prensa alemana, una a la revista Die Zeit y la otra al periódico Welt am Sonntag, Stone habló con entusiasmo sobre lo que lo llevó a hacer la película de Edward Snowden, el hoy célebre delator del vasto aparato de espionaje electrónico estadounidense, obligado a exiliarse en Rusia para no enfrentar una dura condena como traidor de su país. En ambas, el director desata sus habituales ataques a la élite gobernante, a la gran prensa y a Hollywood. Hace duras críticas, en particular, a Hillary Clinton, quien, para él, en el caso de elegirse presidente, sería aún más belicosa que Barack Obama, al paso que Donald Trump, con su comportamiento bravucón, la está ayudando a llegar a la Casa Blanca.

Las aseveraciones de Stone, aunque puedan ser muy duras, merecen una reflexión, en especial, si se ven en el marco de las múltiples crisis que ocurren en un mundo sin equilibrio.

Cuando Stone, luego de varias conversaciones personales con Snowden e, inclusive, con el mismo presidente ruso, Vadimir Putin, presentó el proyecto para la nueva película, recibió negativas de todos los estudios de Hollywood. Sencillamente fueron “cobardes,” según él, al contrario de los inversionistas alemanes y franceses que, finalmente, concedieron los fondos para la producción, la cual fue rodada en Múnich, Alemania.

La película cuenta la hoy mundialmente conocida historia de Edward Snowden, un fanático de computadoras altamente calificado, que trabajaba cono analista de información para una empresa contratada por la Agencia de Seguridad Nacional de los EUA (NSA, por sus siglas en inglés) y se convirtió en un delator, al robar y divulgar millares de archivos secretos que demostraron que el gobierno de Estados Unidos está involucrado en la vigilancia masiva de sus propios ciudadanos y de las redes mundiales de comunicación, en particular de internet. Según Stone, la película cuenta la historia de un ciudadano estadounidense “que obedece a su conciencia,” como él mismo, que nunca sigue “las reglas no escritas de la industria cinematográfica” para hacer viables sus películas, manteniendo la boca cerrada como ciudadano, para no “asustar” al público o enfrentarse a problemas.

Stone considera a Snowden como un “héroe,” un joven que a los 29 años de edad, tuvo el coraje moral para “exponer un crimen enorme,” a la manera de Martin Luther King y otros activistas de los derechos humanos. Él lo describe como “un libertario con una profunda creencia en la Constitución de Estados Unidos.” Como Snowden, Stone considera los programas de vigilancia masiva, iniciados por el Departamento de Seguridad Interna del gobierno del presidente George W. Bush (2001-09), totalmente ineficientes. “La vigilancia orientada tiene sentido,” dice en una de las entrevistas. “Pero mucha información no lleva a ningún lugar, como lo muestra el ejemplo de la bomba de Boston: cuanto más ves, menos sabes.”

El mismo Snowden cambió de opinión al respecto cuando percibió que la información que recogía estaba ayudando a la “guerra de los drones” de Bush, que se hizo todavía más intensa en el gobierno de Barack Obama. Percibió que esto provocaría un odio cada vez mayor contra Estados Unidos en los países atacados y se comenzó a sentir culpable.

“La tecnología debe estar en manos de instituciones democráticas,” dice Stone. Y, cuando Snowden reveló su historia, “el mundo, realmente, conoció la verdad y supo con certeza que todo ciudadano está vigilado.”

Para Stone, Obama fue un representante silencioso de la guerra al terrorismo mucho más eficiente que su antecesor… Como él, la vigilancia en masa de la NSA continuó.” Él puede dar la impresión de que es un “buen cuate” pero, en realidad, es “un lobo con piel de cordero… Él es un línea dura y, si Hillary Clinton vence en la elección presidencial, será todavía más línea dura que él.”

El problema es la élite gobernante

A pesar de que Stone afirma que casi siempre votó por los demócratas, él reservó duras palabras para Clinton:

“Hillary Clinton será el siguiente presidente estadounidense, porque (Donald) Trump es, sencillamente, muy extremista. Él ha dicho tantas necedades que ¿cómo es posible confiar en él? Pero, Clinton, creo, es peligrosa. Es una guerrera y parece no tener ningún sentido de autocrítica con respecto a las guerras que ella ha apoyado. Su política en Libia transformó la región en un nido de cobras útil para el Estado Islámico. Apoyó la guerra de Irak. ¿Y Siria? ¿Y su exigencia de aumentar el número de soldados en Afganistán?”.

“En cuanto a Rusia, ella apoya la línea de confrontación, porque, en esencia, ella es una “guerrera fría.” En América latina, también, ella escogió la línea dura, para debilitar la independencia de las democracias. Donde quiera que mires, ella prefiere soluciones militares sin sentido. Clinton gusta de los militares y tiene una buena relación con sus representantes. Sin embargo, esa actitud belicosa no ofrece ninguna solución para Estados Unidos. Estados Unidos debe actuar como un diplomático. Un diplomático inteligente y prudente”.

Para él, el ex presidente Bill Clinton (1993-2001) debe ser responsabilizado por haber creado en Estados Unidos una situación que remite a una guerra civil, con la incriminación de grandes segmentos de la población negra y la superpoblación de las prisiones estadounidenses, mientras que, en paralelo, en los últimos años, la policía ha sido reequipada con vehículos blindados y otros equipos utilizados en la guerra (en 2015, Clinton Lamentó haber firmado la ley que abrió el camino a esto).

Stone cree que hay una profunda insensibilidad en la sociedad estadounidense, cuyos orígenes se remontan a las guerras de Vietnam, de Irak y de Afganistán. “Aceptar bombardeos en masa, ataques de drones e invasiones ilegítimas lleva a una mentalidad de videojuego,” dice él. “Como presidente, Bill Clinton nunca trató de provocar un cambio en esa mentalidad y la guerrera Hillary los intentará todavía menos, para no mencionar a Trump”.

En ocasiones Stone exagera, como cuando sostiene que los “sureños estadounidenses” deberían tener prohibido entrar a la política, ya que algunos de los peores representantes de la política nacional vinieron del Sur, Lyndon Johnson, Rick Perry, George W. Bush. Para él son “grandes bocas cínicas” vinculadas al complejo industrial militar y que “ganan su dinero con sangre, petróleo y guerras. Esto no puede ser el futuro.”

La película sobre Snowden

La película de Stone muestra la rebelión de un individuo contra el sistema impuesto luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Cuando en 2004 el periodista del New York Times James Risen investigó el aparato de vigilancia masiva, el reportaje que preparaba fue bloqueado por el gobierno estadounidense (en 2006, escribió el libro State of War: The Secret History of the CIA and the Bush Administration –Estado de guerra: la historia secreta de la CIA y del gobierno de Bush). En el caso de Snowden, le tocó al periodista Glenn Greenwald y al periódico inglés The Guardian revelar la historia al gran público.

En conversaciones con Stone, Snowden afirmó que “la vigilancia y la recolección de datos en masa no es eficiente, porque nadie consigue evaluar esos datos.” Para ejemplificar citó los ataques terroristas de París de noviembre del año pasado. Los terroristas dejaron varias pistas anteriormente, pero estas no fueron tomadas en cuenta por las agencias encargadas, principalmente, las belgas. De la misma forma, luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001, se crearon 12 nuevas agencias de seguridad y existe hasta un “supervisor” para las 17 agencias de espionaje estadounidenses, pero esto no significa que funcionen mejor ni que cooperen entre sí. “El aparato de los servicios secretos está ‘inflado,’ mucho músculo de anabolizantes. Pero nuestros servicios dejaron pasar muchísimas cosas: una bomba nuclear rusa, la caída del Muro de Berlín, etc.,” destacó Stone.

Stone, siendo él mismo un héroe condecorado de la Guerra de Vietnam, comenzó a cambiar su pensamiento al regresar de la guerra en la selva, en especial, cuando comprendió que la política del conflicto se repitió con la doctrina de Ronald Reagan (1981-1989) en América Central: “En Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala- todos, periodos muy feos.”

Para entender la realidad subyacente a esto, se refirió a su serie de documentales sobre “La historia no escrita de América,” tema que analizó con el historiador Peter Kuznik. Quería descubrir por qué Estados Unidos había gastado tanto tiempo en guerras como la de Irak:

“Iniciamos observando más de cerca el año de 1890, cuando Estados Unidos comenzaron a ampliar su imperio ultramarino a las Filipinas y a Cuba. Estados Unidos entraron a construir su fuerza militar, libraron la Primera y la Segunda guerras mundiales. Descubrí que hay una larga tradición de imperialismo militar, de paranoia y de mentiras, base sobre la que entramos en esas guerras. Y esto se hizo todavía más intenso luego de la Segunda Guerra Mundial”.

La razón de esto, afirma, es que “Estados Unidos nunca fue atacado físicamente,” con la excepción de Pearl Harbor. “Tuvimos suerte, lucramos y dimos algo a cambio al mundo. Pero, al mismo tiempo, nos acomodamos a la idea de que teníamos un impulso de guerra permanente. Hicimos de la Unión Soviética un gran enemigo, lo que condujo a una economía de guerra, de la cual resultó el complejo industrial-militar, Esto ha estrangulado a Estados Unidos.”

“A los ojos del resto del mundo, nos convertimos en un Estado que está buscando constantemente nuevos enemigos,” afirma Stone. Él realiza efusivos elogios al ex canciller alemán Gerhard Schroeder (1998-2005) y al presidente ruso Vladimir Putin, por su firme oposición a la decisión estadounidense de invadir Irak y lamenta que no haya tenido éxito.

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