La dignidad del trabajo humano en el centro de un nuevo orden mundial justo

Pbro. José de Jesús Pérez Ochoa*

La siguiente presentación fue una de las efectuadas en la sesión dedicada al trabajo, del segundo encuentro internacional del FORO GUADALAJARA 2014, Las bases para un nuevo orden internacional justo: la política como forma superior de caridad, celebrado el 20 y 21 de octubre de 2014.

El fundamental  convencimiento de que el trabajo humano, atención humano, esto es del hombre, objetivamente hablando, -según una fundamentación de San Juan Pablo II- constituye una dimensión, no solo para personas de credos, sino una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra  Las ciencias que estudian al hombre lo expresan de manera irrefutable. Solo el hombre trabaja.

Es básico entender desde enseñanzas pluriseculares,  expresadas sistemáticamente por la Doctrina Social Cristiana del último siglo; que, si bien las palabras del Génesis, “Procread y multiplicaos, henchid la tierra; sometedla”, (Gn.1, 27) no se refieren directamente al trabajo, si lo hacen indirectamente. En la base, todo ser humano hace que la acción misma del creador del universo se refleje en él. El hombre es digno, porque fue creado a imagen de Dios (Gn. 1, 26)

¿Cómo desaprender cosas que hemos escuchado, o que están en el ADN de nuestro ser, quehacer y entender el trabajo? La realidad es que hay mucho trabajo, sí. Así lo ilustro ayer el joven despierto en su pregunta acerca de que  hay personas, que en lugar de pedir trabajos poco remunerados preferían no hacer nada, o nada hacer para trabajar. El conformismo, no la aptitud, la actitud es esencial. Así pues, vivimos axiológicamente una crisis no del trabajo sino del hombre que trabaja o quiere trabajar. O sea el valor del trabajo. El lema de una organización emprendida por un servidor en la arquidiócesis de Guadalajara a través de la Pastoral del Trabajo es, [email protected] tu trabajo. Ya hay muchos que como nuestra diócesis le están apostando al desarrollo humano en el trabajo y para el Trabajo. El gran obstáculo es que cada uno lo hace como quiere y de forma desarticulada. El trabajo no es un castigo según se podría entender, y si seguimos así, apostando solo al crecimiento de la productividad y la calidad, este será superfluo y desalmado. Darle valor al trabajo es ponerle alma y espíritu, es redimensionar la grandeza y dignidad como base de un orden más justo.  Es  de la persona, el que lo realiza es el hombre, este es su sentido subjetivo. Lo hace el humano y lo  hace más humano.

El reto es avanzar en el pensamiento, pero poner en marcha un mecanismo de transformación de la persona desde el Trabajo   Por esto y otros motivos, dejemos los mapas mentales al que adherimos; las personas, son más que capital humano, y el trabajo es más que mercado. Yo empleo cosas y las utilizo. ¿Quién de ustedes quiere ser empleado? Adelante, tenemos libre albedrío y podemos se colaboradores y socios no de capitales sino de bienes. Pero. Tengamos atención con el lenguaje, nos lo indica en este caso el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia publicado por el ahora santo Juan Pablo II.

El trabajo significa cito, la carta encíclica Laborem Exercens, “todo tipo de acción realizada por el hombre independientemente de sus características o circunstancias; significa toda actividad humana que se puede o debe reconocer”.

Por ahora no hay tiempo para recordar los esfuerzos que hubieron para poner en marcha a principios del siglo pasado la enseñanza de la encíclica Rerum Novarum, pero, podemos afirmar que nos aventaja con creces el activismo de aquellas católicos.

Creo importante señalar un aporte importante del magisterio nacional de los obispos de México con la divulgación del libro Educar para una nueva sociedad.  Conferencia del Episcopado Mexicano del año 2012, con motivos de la reciente reforma laboral en México. Cito, “Las empresas e industrias deben preocuparse no sólo por la capacitación técnica o profesional de sus colaboradores, sino por brindarles oportunidades a ellos y a sus familias para crecer en humanidad. También la empresa, como comunidad de trabajo, debe velar por el desarrollo integral de sus colaboradores”.

¿Cómo hacer el bien? Muchos lo hacen. Hacer el bien, pero en unidad, esta es la oportunidad.  Es nuestra chance. El camino es fatigoso, cuesta arriba, requiere el principio de la encarnación que ayer mencionaba el Lic. Lorenzo Carrasco, se requiere roce, salir fuera, de nuestras posturas, salir a las periferias existenciales.

No resalto adiciones, mas delante lo van a hacer expertos a la nueva Ley Federal del Trabajo de México por ejemplo, en su ultimísima versión, digo por tantas modificaciones.  Si en casos se favorecen aspectos de mayor justicia en el trabajo. Su justeza y puesta para el bien común es siempre el atorón, y obstáculo.

La oportunidad repito, es el resurgimiento de nuevos paradigmas de la ética en el trabajo, como la Responsabilidad Social Empresarial y otras tantas formas, pero siempre decadentes en personas concretas de las organizaciones.  Liberté, Egalité, Fraternité. En las primeras dos se ha avanzado y crecido. De la última quedamos cortos. Pero como decía Lorenzo ayer, no se pasa de la globalización que nos acerca, necesariamente a la fraternidad. Para este última requerimos de hombres y mujeres nuevos. Después de tantas reformas estructurales, sistemas de gendarmería policial, no viene la paz: Pues sin un orden justo o, como decía el ahora beato Pablo VI, sin Justicia no hay paz duradera.

(La fundadora de los Focolares, Chiara Lubich al mirar las favelas de Rio de Janeiro propuso en 1991 a unos empresarios un proyecto pendiente en mucho: La Economía de Comunión, una economía que tiene como centro a la persona y su valor es la gratuidad como principio)

Es preciso advertir tantas subculturas, como la del incentivo por ejemplo, propiamente capitalista y calvinista, de veta protestante ginebriana. Basada ésta, en un pesimismo antropológico que hace al hombre incapaz de salvación. De los hombres no te puedes fiar. Solo se les puede animar, pues están enfermos, heridos, son flojos, haraganes, interesados e incapaces de virtud; entonces hay que certificarlos, premiarlos, incentivarlos.

Invito y exhorto pues a adherir al nuevo proyecto para poner la dignidad del Trabajo humano al centro de un nuevo orden mundial justo. Apostarle al desarrollo que nos propone el papa emérito Benedicto VI en su encíclica Caritas in Veritate, la Caridad en la Verdad. La nueva clave de la cuestión social es el desarrollo. Auguro que este Encuentro abone en este orden de cosas para que vayamos construyendo puentes y lograr la comunión tan deseada y anhelada.

Guadalajara, Jal. 21 Octubre 2014

*Coordinador de la sección Diocesana de la Pastoral del Trabajo de Guadalajara

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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