Francisco y las nociones de poder, servicio y proximidad

 

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El número del 23 de mayo de la revista alemana Der Spiegel trae una diatriba contra el Papa Francisco.  Este es el primer ataque abierto publicado en la prensa europea contra el Pontífice, en el que se dice que es muy criticado por amplios sectores de la Iglesia –en especial entre la Curia romana- porque se desconoce a dónde sus varios “esfuerzos de reforma habrán de llevar.

El artículo es una reacción de círculos católicos europeos a los múltiples desafíos que ha anunciado desde el inicio de su pontificado: su pedido de mayor atención a los pobres; su insistencia para que la Iglesia vaya a las periferia; sus críticas a las normas migratoria europeas; y su posición contra las estructuras económicas injustas.  Se agrega a esto su discurso en el Parlamento europeo de diciembre pasado, en el cual se mostró preocupado con una Europa que envejece y se hace indiferente, así como su pedido de reforma de la Curia romana –posiciones que desagradaron a diferentes círculos católicos, corrientes políticas y la gran prensa europea.

El reportaje, titulado “El rebelde de San Pedro,” se debe comparar con los diversos libros sobre Francisco, quiero referirme  a la  edición alemana del libro del propio Bergoglio, “El verdadero poder es el servicio”, publicado por la editorial Herder en 2014.

Este último nos ofrece una visión directa del pensamiento de Bergoglio, con una compilación de homilías, ensayos, reflexiones y discursos pronunciados entre 1999 y 2007, cuando era arzobispo de Buenos Aires.  La introducción de la edición alemana es de la pluma del Dr. Michael Sievernich, S.J., profesor de la Universidad Johannes Gutenberg y de la Escuela de Filosofía y Teología de San Jorge, quien convivió con Bregoglio cuando este estudió en Frankfurt.

Sievernich reflexiona sobre las nociones de “poder” y “servicio.”  “Poder,” en la definición científica clásica dada por Max Weber, significa la capacidad del individuo de hacer concreta su voluntad, incluso contra todas las formas de resistencia.  Este entendimiento describe tan sólo el lado mecánico del poder, pero deja de lado su dimensión cultural, ética y moral, tal y como fue concebida por el filósofo religioso y teólogo italiano Romano Guardini (1885-1968).

Guardini escribió un pequeño ensayo sobre el poder inmediatamente después de la horrenda Segunda Guerra Mundial, al cual tituló “El poder: intento de expulsión”.  De acuerdo a él, el poder es ambivalente, pues puede hacerse bueno o malo.  El poder en sí no es un problema, pero puede convertirse en problema si se pervierte, cuando no hay ningún respeto o ningún sentido de la responsabilidad moral. Si, como subrayó Sievernich, el poder se debe delimitar éticamente y es responsable ante  Dios y ante la conciencia humana, entonces se transforma la obediencia en “servicio.”  De ahí, el poder necesita ser acompañado del sentido de la responsabilidad moral respecto a las personas y a las instituciones.

Sievernich reflexiona también sobre el significado de la palabra “servicio,” que, en la concepción cristiana, está vinculada a la idea de servir a Dios y al prójimo.  Respecto a los recursos espirituales para los ensayos publicados en su libro, Sievernich destacó dos puntos principales: el Evangelio y el trabajo pastoral desarrollado en el espacio urbano.

Se refirió a la biografía de Francisco, en la que destaca su origen en la megalópolis de Buenos Aires, donde crece en la región suburbana de Flores, siendo hijo de inmigrantes italianos y un auténtico porteño.  Tiene una relación familiar con la cultura urbana, se interesa en su música y su literatura, así como en el cine y el futbol. Conoce, además, los problemas urbanos: la lucha de los pobres por la supervivencia, la exclusión social y los problemas de la migración.

Esos factores, según Sievernich, explican sus textos referentes al “espacio urbano,” el significado de “suburbio” y sus influencias culturales en la formación de la identidad del hombre.  La ciudad define el marco en el que existe y actúa la Iglesia.  Sievernich agrega que, desde el inicio del cristianismo hasta la actualidad,  la ciudad ha ejercido un papel muy importante para la evangelización.  Desde el inicio es una religión de ciudad, diseminada por medio de las familias y de los amigos, además de las profesiones de gran movilidad, como mercaderes y soldados.

Otro tema central que constantemente emerge en los textos es el “pueblo,” ya sea la connotación nacional de pueblo de la Argentina, la “patria” o el pueblo de Buenos Aires, o el significado religioso de pueblo de Israel o el Pueblo de Dios, o el significado social, con su sabiduría y piedad.

Sievernich menciona también la escuela de pensamiento argentina moldeada por teólogos como Lucio Gere y el filósofo Juan Carlos Scannone.  Ambos se refieren al “pueblo” como un sujeto, que tiene un ethos cultural común, el cual, a su vez, se hace visible en su propio estilo de vida y de sabiduría popular, cuyo centro es la religiosidad popular.  Ellos hablan de una “teología del pueblo,” que toma en serio el estilo de vida y las expresiones culturales de su pueblo.

Encuentro

Bergoglio, con frecuencia, habla sobre la pastoral del “encuentro.”  De acuerdo con Sievernich, esto significa “encuentro con Cristo,” con la divina lectura del Evangelio, la liturgia d las masa, pero también el encuentro con el pueblo, en particular con los pobres.  El cardenal Bergoglio pide una cultura de encuentro que pueda ser moldeada por los esfuerzos en la educación y la socialización.  Suele referirse a la parábola del buen samaritano, que al responder a la pregunta ¿Quién es mi prójimo? actúa de modo misericordioso, al ayudar al hombre herido, lo que constituye un buen ejemplo de “encuentro” y “proximidad,” que respeta la dignidad del hombre.  La palabra “camino” es otro tema central  de los textos del libro.  “Camino” se convierte en una metáfora para los caminos por los cuales Dios guía a los hombres, pero también para los caminos de la vida del hombre, con sus altibajos.  Está conectado con la noción de peregrinación (por ejemplo, el camino de Santiago de Compostela), pero también para el camino que la misma Iglesia usa en su peregrinar entre los pueblos.  Esto, a su vez, está muy vinculado a la religiosidad popular, como Bergoglio afirma en varios pasajes del libro.

El significado de la educación

En 2006, Bergoglio dio una conferencia en una asociación de educadores argentinos, la cual tuvo el título de “Nuestro pueblo está invitado a ser grande.”

En esa ocasión comparó la terea del educador a la de construir una “ciudad de Dios en la Tierra.” La socialización de los jóvenes es una tarea esencial para la escuela.  Y la vocación del profesor es un trabajo difícil, pues debe inventar todos los días nuevas formas de obtener el reconocimiento de sus alumnos, de amarlos y de promover el respeto mutuo y el amor entre ellos.  “Es llevado a esa tarea por la necesidad de crear relaciones sociales de tal forma que todo individuo se convierta en parte de la comunidad, un pueblo, una nación, dice.

Hace esta observación para reflexionar sobre la noción de “pueblo” y sobre la cuestión del significado de persona.  Al referirse a la historia de Argentina y a las muchas batallas libradas bajo la palabra del lema “El pueblo unido jamás será vencido,” destacó que, independientemente de la forma en que empleemos la palabra “pueblo,” existe la necesidad de redescubrir su significado: “Sólo podemos hablar sobre el pueblo cuando hay un compromiso y una participación. (…) Es más que una palabra: es un llamado a dejar nuestra isla de individualismo, nuestro interés propio y saltar a la corriente principal que constituye la arteria principal de nuestro país.”  El término “pueblo,” según {el, tiene un poder movilizador inherente que se puede usar para el bien o para el mal.

El significado es un llamado “a ser presentado y a comprometerse activamente: aquí estoy; yo tomo parte.”  Otro de los elementos que constituyen el pueblo son su geografía y su historia.  Para explicar esto, Bergoglio hablo sobre la ciudad grande –el espacio urbano, y pidió el redescubrimiento del suburbio:

Como un espacio común, el suburbio incluye una multitud de colores, sabores, imágenes, memorias y sonidos que moldean el día a día de la vida: algo pequeño, casi invisible, que, sin embargo, es indispensable.  Los habitantes del suburbio, los colores de los clubs de futbol, los lugares en transformación, con historia de amor y de amistad, que crecen aquí, en las esquinas y en los puntos de encuentro, las memorias de los abuelos, el ruido de las calles, la música, la luz especial de ese bloque de viviendas o el de aquella esquina –todo esto es la base que define la identidad.  Una identidad personal y colectiva, o, mejor: una identidad personal y, al mismo tiempo, común. (…) Ser pueblo significa vivir en un espacio común.

Francisco nos invita a abrir los ojos a las cosas y a las personas de nuestro día a día.  Particularmente, la escuela es el lugar que establece las nuevas relaciones, crea una identidad social, reúne familias y generaciones y las conecta a la comunidad mayor del suburbio, a las instituciones y a las redes de comunicación que amplían el espacio urbano de la vida.  La dimensión histórica del pueblo no es tan sólo pasado y presente, sino también las cuestiones de responsabilidad para el destino común del futuro: “Él, que nos une y nos da poder de romper con el egoísmo y de reconocernos en el presente, y que ve hacia el pasada, es el origen y la oportunidad de un futuro común.”

Bergoglio concluye con que necesitamos pensar en grande al planear el futuro.  El mejor futuro que se puede soñar debe convertirse en nuestra regla, en la brújula que determina nuestros actos y la cualidad de nuestra contribución.  Otra parte importante de la educación es la necesidad de despertar el interés de las personas en el arte, en la literatura y en la música.  En cierto punto, insta a la lectura del poema épico nacional Martín Fierro:  “Argentina ha dado al mundo escritores mundiales y artistas de gran valor; como clasicistas, ellos fueron capaces de despertar el universo en el corazón de los hombre, aunque sólo hablen de asuntos locales; y esto es verdad para el arte y la cultura popular.”  Esto se debe reconquistar, recalca Bergoglio.  Todas las bellas historia y la belleza artística de la arquitectura se deben usar para “actualizar nuestra cultura nacional” y, de esta forma, recuperar nuestra “identidad como pueblo.”  Esto debe ser también cierto para los pueblos de todo el mundo, que deben encontrar la unidad en la multiplicidad.

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