El “gobierno mundial” se moviliza para salvar su política indigenista en Brasil

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Por invitación del gobierno, se encuentra en Brasil la relatora especial de Naciones Unidas (ONU) para la situación de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, quien llegó al país el 7 de marzo en una visita de diez días. La programación oficial contempla visitas a Brasilia, Mato Grosso do Sul, Bahía y Pará, con el fin de verificar la realización de las recomendaciones hechas en 2008 por su antecesor en el cargo. Es de esperarse, por su currículo, que las conclusiones vengan a reforzar el plan del aparato indigenista, en defensa de nuevas demarcaciones de tierras indígenas y otras medidas de ése género.

“Aunque la población indígena de Brasil es relativamente pequeña, las dificultades que enfrenta en este momento son inmensas. (…) Espero que esta visita contribuya a revelar algunas de las preocupaciones y ayude a la solución de problemas anteriores. (…) Evaluaré el cumplimiento de las recomendaciones hechas por mi predecesor, en particular el seguimiento del problema (de la tierra indígena) de Raposa Serra do Sol, los estatutos y las propuestas de enmiendas relativas a los pueblos indígenas, la demarcación y la protección de las tierras indígenas, las consecuencias de los proyectos a gran escala, así como las actualizaciones relativas a la salud de los indígenas,” afirmó Tauli-Corpuz sobre su misión (Naciones Unidas de Brasil, 3/03/2016).

Durante su visita, Tauli-Corpuz estará acompañada por representantes de las principales ONGs indigenistas, , entre ellas el indefectible Instituto Socioambiental (ISA), la entidad clave del aparato indigenista de Brasil, ostensiblemente financiada por varios órganos gubernamentales y privados de países

Un perfil sugerente

A pesar de la supuesta exención e imparcialidad que se espera de una representante de Naciones Unidas, el currículo de Tauli-Corpuz indica que el tenor de su informe ya está definido –en favor de la pauta del indigenismo, y, en consecuencia, contra el Estado brasileño.

Los informadores especiales, de manera oficial, forman parte de los Procedimientos Especiales del Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidos, que es el órgano mayor de especialistas independiente del sistema de derechos humanos de Naciones Unidas. Se trata de un mecanismo de investigación y de vigilancia independientes del Consejo que trabaja en situaciones específicas de cada país del globo. Esos especialistas trabajan a título voluntario, no son funcionarios de Naciones Unidas y no reciben ningún salario de la entidad por su trabajo. Formalmente son independientes de cualquier gobierno y de toda organización no gubernamental, y prestan servicios de carácter individual. Sin embargo, Tauli-Corpuz tiene un largo currículo de activista internacional de derechos humanos, habiendo actuado en innumerables iniciativas de creación de movimientos de pueblos indígenas y de promoción de la ideología de género. Ella actuó también como instructora en educación sobre derechos humanos, desarrollo y pueblos indígenas en diversos contextos.

Además, en función de sus vínculos con entidades que integran el escalón superior del aparato ambientalista-indigenista de la estructura del “gobierno mundial,” como el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y la Fundación Ford, se puede suponer que la representante bien puede prescindir del estipendio de Naciones Unidas, en un cargo que más parece pensado para aprovechar la respetabilidad conferida por la entidad mundial.

Según su perfil en el mismo sito de Naciones Unidas, es miembro del Comité de Selección Nacional de la Fundación Ford en Filipinas desde 2002, además de integrar el Grupo de Trabajo sobre Ética de la Ingeniería Genética del CMI.

Nacida en Filipinas, Tauli-Corpuz es fundadora de la organización no gubernamental filipina Tebtebba –Indigenous Peoples’ Internacional Center for Policy Research and Education, con la cual ayudó a la creación de la Der Mundial de Industrias Extractivas y Pueblos Indígenas en 2010. Por medio de la red, la ONG mantiene relaciones con más de 30 organizaciones congéneres de todo el planeta, en especial con el Consejo Indígena de Roraima (CIR), sucursal local del notorio Consejo Indigenista Misionero (CIMI). Es muy difícil encontrar en su sitio de internet menciones sobre sus financiadores, donde se mencionan tan sólo la Fundación Ford y el Christensen Fund, fundación estadounidense dedicada al fomento de actividades de promoción de la “diversidad biocultural.”

A pesar de que la visita de Tauli-Corpuz haya sido producto de una invitación oficial del gobierno brasileño, no sería sorpresa que la iniciativa tuviese por resultado alguna articulación interna de agentes de influencia del aparato indigenista dentro del gobierno. En esencia, la visita se inserta en el marco de una creciente reacción que se manifiesta en el país contra los abusos del indigenismo, reflejados, entre otros ejemplos, en la realización de dos comisiones parlamentarias de investigación (véanse las notas anteriores) y en la tramitación de la Propuesta de Enmienda de la Constitución (PEC) 215, que transfiere al Congreso Nacional la responsabilidad de las demarcaciones de las tierras indígenas. Es evidente que el “gobierno mundial” pretende reforzar sus “tropas de asalto” en el país.

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