El segundo viaje del Papa Francisco a Asia: «Profunda compasión» en contraste con «compasión mundana»

Fue este un viaje muy azaroso el que hiciera el Papa Francisco del 12 al 19 de enero a Sri Lanka y a las Filipinas. La recepción dada a esta su segunda visita pastoral a Asia (la primera fue para asistir al Sexto día de la juventud de Asia, en agosto de 2014 a Corea del Sur) fue tan abrumadora que durante su último día en Manila, 6 millones de personas asistieron a la misia pontifical, de pie durante horas y bajo la lluvia. Este es con mucho el número más grande de personas que participan en una misa pontificia.

El viaje del Papa llevó un claro mensaje que causo revuelo, en particular en Europa Occidental. El sencillo pero desafiante mensaje que dio el Papa a millones de personas, especialmente jóvenes de Asia, fue que la gente se debe concentrar en los principios esenciales: el respeto de la dignidad del hombre, el respeto de la libertad de religión y de expresión; el verdadero amor, que es amar al otro -al enfermo, a los huérfanos, a los niños de la calle, a los pobres- y aceptar ser amado. Habló de la necesidad de la vida familiar en la sociedad, fundada en el amor y en el respeto a los hijos. En la conferencia de prensa previa a su llegada a Manila, el Papa respondió cuando se le preguntó sobre su principal mensaje: «El centro, el núcleo del mensaje serán los pobres, los pobres que quieren ir adelante, los pobres que sufren a causa del tifón Yolanda y que sufrirán sus efectos<, los pobres que tienen fe, esperanza en esta conmemoración del quinto centenario de la predicación del Evangelio en Filipinas."

De los límites de la libertad de expresión

El Papa tuvo también palabras claras respecto al tema de la libertad religiosa y de la libertad de expresión. «No se puede matar en nombre de Dios,» dijo el Papa durante la conferencia de prensa (en camino a Filipinas, 15/01). Llamó a esto una aberración y recalcó que lo primero que se debe observar en la libertad de religión es que «se debe hacer con libertad, sin ofender, sin imponer ni matar… porque no sólo se tiene la libertad, el derecho, sino también la obligación de decir lo que piensa para ayudar al bien común.» «No se puede provocar, no se puede insultar la de del otro,» dijo el Papa, y agregó en tono de broma «si el doctor Gasbarri, mi gran amigo, dice una mala palabra de mi madre, ¡se va a llevar un buen golpe! Nadie puede provocar, nadie puede insultar la fe del otro, nadie puede jugar con la fe.» Habló sobre el «legado de la ilustración» y recalcó que «hay un límite, toda religión tiene dignidad, toda religión respeta la vida humana, la persona humana. Y yo no puedo bromear al respecto.»

El Papa tocó un tema que se ha hecho virulento en Europa. En las dos últimas semanas han tenido lugar enormes manifestaciones, en especial en Francia, organizadas en respuesta al horrendo ataque terrorista contra la revista satírica francesa «Charlie Hebdo» que dejó 12 personas muertas.

Muchos de esas manifestaciones se organizaron con el lema «Je suis Charlie,» un signo de fuerte solidaridad con la revista satírica, la cual ha ridiculizado al Profeta Mahoma. A la par de esto, hay un fiero debate en Europa entre los que en nombre de la «libertad de expresión» defienden los principios de Occidente, como el estado «secular,» por un lado, y, por el otro, los que defienden la dignidad del hombre, es decir, el respeto de los principios de las diferentes religiones y la tolerancia religiosa. Artículos aparecidos en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung en los últimos días atacaron al Papa por haber utilizado la expresión «golpear a alguien en la nariz,» argumentando que el Papa hizo una «ruptura» al mostrar desprecio por el «monopolio del Estado para el uso de la fuerza,» lo cual es un elemento fundamental del «Estado ilustrado.»

Visita pastoral a Sri Lanka y las Filipinas

Aunque en Europa el Cristianismo está perdiendo cada vez más su presencia entre los jóvenes, hay, en cambio, un renacimiento del Cristianismo que se puede observar en Asia. Con esto, Asia se convierte en el centro geográfico de atención para el Papa. Este renacimiento se debe en parte a la reacción de la gente que se está apartando de las élites políticas autocráticas y corruptas y que no les importa si son pobres o ricos para buscar una verdad espiritual superior más allá del espacio material. El mensaje que el Papa repitió en si viaje a Asia fue que el amor por Jesús tiene que ser aceptado y dado todavía más. No es sólo dar amor, sino también la capacidad del hombre de «recibirlo» y buscarlo como lo haría un mendigo.

El Papa canonizó en Sri Lanka al gran evangelizador San Joseph Vaz, un misionero del siglo XVI, quien de Goa llegó a Sri Lanka, inspirado por el celo misionero y el gran amor de su gente, con el deseo particular de servir al enfermo que sufría. «Vivió en un periodo de profunda transformación; los católicos eran una minoría, con frecuencia sufrían divisiones y otras veces la persecución,» dijo el Papa durante la celebración de la canonización. Recalcó que la vida de San Joseph Vaz nos enseña que la «genuina veneración de Dios tiene sus frutos no en la discriminación, en el odio y la violencia, sino en el respeto de la santidad de la vida, en el respeto a la dignidad y a la libertad de los otros y en el compromiso amoroso por el bienestar de todos.»

Una parte destacada de la visita del Papa fueron su discurso ante los estudiantes de la Universidad de Santo Tomas (Manila) y los testimonios de varios estudiantes, así como su visita a la Isla Tacloban, devastada hace 14 meses por un tifón. En las peores condiciones climatológicas, el Papa dio su homilía, en la que expresó su profunda solidaridad con el pueblo, el cual en su mayoría perdió todo, están enfermos, perdieron sus familias y sus hogares. Hizo un alto para orar con varios cientos de niños huérfanos y lisiados.

Antes de abandonar Manila el domingo 18, el Papa celebró el Domingo del Santo Niño ante seis millones de personas en Manila. El Domingo del Santo Niño es la forma de referirse a la «imagen del sagrado niño Jesús.» El principal mensaje del Papa fue sobre la necesidad de proteger la familia de los ataques insidiosos. En su discurso puso énfasis en que la familia es el núcleo de la sociedad y que el cuidado de los hijos es determinante. «Tenemos que proteger, guiar y alentar a nuestros jóvenes, ayudarlos a construir una sociedad valiosa por su gran herencia espiritual y cultural. De forma específica, necesitamos ver en cada niño un regalo que tiene que ser bienvenido, querido y protegido. Tenemos que cuidar a nuestros jóvenes, no permitir que se les robe la esperanza y se les condene a vivir en las calles.»

El diálogo con el joven -el peligro de convertirse en «juventud de museo»

En la Universidad de Santo Tomas de Manila, el Papa se dirigió a representantes de los jóvenes. Les habló del significado del amor humano, como elemento central para la construcción de una sociedad justa. En los testimonios dados al Papa, algunos de los jóvenes hablaron de su pasado como niños de la calle, la enorme pobreza que sufrieron entonces, la falta del alimento más elemental, de techo, de abrigo, hasta convertirse en víctimas del abuso y de las calamidades.

Este fue el testimonio, por ejemplo, de Juan Chura, un jovencito de 14 años que fuera niño de la calle; dejó su familia, se alimentó con lo que encontraba en la basura y dormía en las aceras. Gracias a Tulay ng Katabaan, un organismo que se hace cargo de niños de la calle, fue salvado y recibió una educación decente. «Buscaba pedazos de cartón para cubrirme. No sabía tampoco si iba a conseguir comida el día siguiente, así que lo que hacía era espera a que los comensales de un restorán terminaran de comer para pedirles sus sobras. En ocasiones deambulaba en busca de material de desecho que pudiera vender; buscaba botellas de plástico o papel, y, cuando se llenaba mi bolsa, me dirigía a vender lo que había recogido para tener para algo de dinero para comprar comida. También pasaba que tocaba las puertas de los vecinos para pedir comida, pero con frecuencia no tenían nada que darme.» A otros niños de la calle, dijo, sus compañeros les enseñaron a robar y a matar, a usar drogas o inhalar pegamento o abusaron sexualmente de ellos.

Otro estudiante habló sobre la «abundancia de información de internet,» la cual puede usarse hoy, y le pidió al Papa alguna guía en favor de los jóvenes de Filipinas: «En un mundo en el que la juventud está expuesta a la rápida comunicación de internet, a los teléfonos inteligentes, lecturas sin límites, relaciones amorosas al instante y estilos de vida ajetreados ¿cómo se puede tener tiempo para detenerse, reflexionar y escuchar la voluntad de Dios? ¿Y, Santo Padre Eterno, qué es el verdadero amor?»

También habló un joven trabajador de auxilio de los «Sobrevivientes del Tifón Yolanda de Tacloban,» quien informó como él junto con varios estudiantes habían ofrecido su ayuda en Tacloban. Todo se perdió después del desastre, y él y otros estudiantes trataron de ayudar de la mejor forma que podían, no precisamente con la técnica más moderna, sino con lo más sencillo para reparar cosas que le permitieran trabajar a la gente.

La necesidad de compasión y de empatía

En respuesta a esos testimonios, el Papa expresó con franqueza que a la luz de diferentes cuestiones que le habían planteado, como la de Jun Chura, no tenía nada que decir. Sin embargo, agregó que sólo cuando «lloramos» por algunas de las cosas que nos dijeron seremos capaces de acercarnos a responder a esa cuestión. «¿Por qué los niños sufren tanto? ¿Por qué sufren los niños? Cuando el corazón es capaz de preguntarse y llorar, entonces podemos comprender algo.» El Papa Francisco hizo una distinción entre la «compasión mundana,» que conduce a la gente a meter la mano en el bolsillo y darle algo a alguien, contrario a la verdadera y «profunda compasión» que es capaz de llorar. Recalcó que en «el mundo de hoy hay una enorme falta de capacidad de saber cómo llorar. La gente marginada solloza. Los que han sido dejados aparte lloran. Pero esos de nosotros que llevamos una vida regular sin necesidades no saben cómo llorar.»

«Si no aprenden a llorar, no pueden ser buenos cristianos,» dijo el Papa. Lo mismo sería válido respecto a la cuestión de cómo manejar la información abundante que hace que los jóvenes no aprendan, sino que los arrastra peligrosamente a convertirlos en «juventud de museo.» Lo más importante que aprender en la vida es a amar y el «verdadero amor tiene que ver con amar y dejarse ser amados.»

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