Elecciones presidenciales en México: ¿otro golpe del TLCAN?

En un intervención precipitada un día después de las elecciones, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama, llamó a Enrique Peña Nieto para felicitarlo como “presidente electo” de México, cuando apenas se había dado a conocer el informe preliminar de la votación. Lo mismo hizo Felipe Calderón, no obstante que el resultado final pueda variar.

El reconocimiento prematuro de Washington a Peña Nieto, repite lo ocurrido en las elecciones de 1988, cuando se iniciaban las negociaciones del TLCAN . Frente a la también cuestionada victoria electoral de Carlos Salinas de Gortari, el New York Times publicó un memorable editorial en el que afirmaba que, entre la opción entre el libre comercio y la democracia “nos quedamos con el libre comercio”.

De hecho millones de mexicanos se vieron avasallados por una vasta maquinaria política e informativa que se precipitó a declarar nacional e internacionalmente como ganador al candidato de la “Alianza por México” formada por el PRI y el Partido Verde.

Por su lado, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato presidencial de la Coalición Movimiento Progresista, no sólo no ha reconocido el triunfo de Peña Nieto sino que anunció su decisión de impugnar la elección presidencial.

“El enorme cúmulo de irregularidades, la compra de millones de votos y el rebase del tope de campaña por parte de Enrique Peña Nieto, por un monto de 5 mil millones de pesos, constituyen argumentos suficientes para impugnar la elección presidencial”, dijo dos días después de la elección.

A reserva de los resultados de la impugnación, es un hecho que la maquinaria que antes, durante y al final de la campaña, se movilizó para imponer a Peña Nieto, lo hizo con un propósito estratégico pactado de antemano que no obedece al interés nacional, sino al nuevo despliegue geopolítico de los intereses financieros angloamericanos. A éstos conviene mantener el control de las políticas económica que se dicten en México, ya que desde los Estados Unidos se tiene diseñado escalar hacia una zona de libre mercado del Pacífico y una nueva ofensiva para establecer finalmente un Área de Libre Comercio de las Américas, que someta a nuestro subcontinente a los designios angloamericanos. Bajo su política de recursos energéticos “a cualquier costo”, por ahora, prefieren terminar de doblegar la voluntad del país por la vía electoral que con el intervencionismo militar como en Irak o Libia.

Por lo pronto y sin esperar siquiera a ser declarado Presidente Electo, Enrique Peña Nieto anunció que su prioridad serán las 4 reformas estructurales pendientes, que son un verdadero eufemismo para darle la puntilla a los ordenamientos constitucionales que amparan a la soberanía mexicana. Se trata de las reformas laboral, energética, hacendaria y la del sistema de seguridad social, que significan una profundización del sometimiento que ya existe al interés usurero angloamericano. Estas reformas han sido frenadas durante años por fuerzas internas nacionales que entienden que éstas erradican los derechos constitucionales laborales y sobre los recursos energéticos de la Nación. Se han aprobado reformas que parcialmente quebrantan el orden constitucional, pero no se ha podido modificar la Constitución a grado tal que se abdique de aquellos derechos fundamentales en que se sustenta la soberanía de la Nación.

En su evaluación sobre las elecciones en México, el oligárquico banco Credit Suisse afirma que Peña Nieto va a cumplir con la agenda de reformas estructurales pendientes y que su optimismo se basa en las “capacidades técnicas” de su coordinador de campaña, Luis Videgaray. Según el Credit Suisse, en México persisten algunas vulnerabilidades macroeconómicas por la incapacidad del país para poner en práctica las reformas estructurales pendientes, por lo tanto esperan que el nuevo gobierno cumpla con “una reforma energética que permita las empresas mixtas y los contratos de riesgo compartido con Pemex”, que están vetados constitucionalmente.

Federico Arreola, prestigiado columnista difundió por Internet el reportaje publicado por el diario Reforma, de la Ciudad de México, en el que los editores del Wall Street Journal elogian, quizá de más, a Videgaray, sobre todo por las señales que éste ha mandado acerca de cómo conducirá la economía el equipo de Peña Nieto.

“Enrique Peña Nieto, el candidato que lidera las encuestas presidenciales en México, le dio a los inversionistas de Wall Street una idea de cómo sería su gobierno cuando llegó a Nueva York acompañado de una sola persona”, dice el citado diario estadounidense.

Y es que “mientras la mayoría de políticos mexicanos viajan con una verdadera corte, Peña Nieto llegó a finales del año pasado acompañado únicamente por Luis Videgaray, su jefe de campaña, asesor más cercano y tal vez el mexicano más influyente cuyo nombre pocos conocen”.

Sigue el periódico financiero: “Ambos respondieron a las preguntas de los asistentes… Pero para algunos la verdadera estrella fue el economista convertido en político sentado a su lado, quién es visto como el cerebro detrás del candidato”.

Para subrayar el poder del coordinador de la campaña, el WSJ cita a un dirigente del PRI: “Peña Nieto tiene cuatro asesores importantes: Videgaray, Videgaray, Videgaray y Videgaray”.

Con la misma quimera de política económica, esgrimida durante los últimos 30 años, de que sólo las dichosas reformas estructurales atraerán al país las inversiones necesarias para lograr el desarrollo nacional, en este 2012 se impone una nueva “alternancia” electoral, a semejanza de la impuesta en el año 2000, cuando por primera vez en 70 años el PRI perdió la Presidencia de la República. Entonces lo dijimos,-a sabiendas de quién era Vicente Fox y su fetichismo sobre el TLCAN-, se trataba de cambiar para seguir con la misma política económica. En ese momento el PRI había perdido la capacidad política de continuar imponiendo el modelo económico adoptado desde Carlos Salinas de Gortari; la estafeta se le entregó al Partido Acción Nacional. Doce años después, y con el hartazgo de la población sobre la misma política, dicha estafeta pasa nuevamente al PRI.

Esto parece explicar la premura con la que se impone el resultado electoral, al grado de que Luis Videgaray, el economista del MIT anunció que tratarán de que estas reformas se aprueben en un periodo extraordinario de la presente Legislatura (en la que él es diputado federal), aún antes de la toma de posesión el próximo 1º de diciembre. Tan se trata de una continuidad que hasta se rumora que, si Videgaray no fuera a la Secretaria de Hacienda, el actual Secretario de ese ramo en el gobierno del panista Calderón y amigo de Videgaray, se quedara en su puesto bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Respecto a los Estados Unidos, Peña Nieto dijo que aspira “el poder construir una relación que permita la integración productiva con América del Norte”. Lo cual explica el entusiasmo por su victoria de parte de los proponentes del anexionismo con los Estados Unidos, como Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín.

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