Cuba, entre el neoliberalismo y la doctrina social de la Iglesia

“Sí, la maldad y la ignorancia de los hombres no es capaz de frenar el plan divino de salvación, la redención. El mal no puede tanto. No hay motivos, pues, para rendirse al despotismo del mal”. Tales fueron las palabras pronunciadas por el papa Benedicto XVI, en la homilía de las vísperas, celebrada el 26 de marzo en la ciudad de León, México, junto con los obispos de América Latina.

Con eso, el Papa Benedicto XVI alentaba al pueblo de México a resistir en uno de los momentos más turbulentos de su historia, definido por la violencia, el narcotráfico, la pobreza extrema, familias divididas por la migración masiva principalmente a los EUA, corrupción y un futuro incierto, que pone en riesgo la propia unidad nacional.

Al despedirse para continuar el viaje rumbo a Cuba, el Papa enfatizó el tema del mensaje que grabó, su corta pero esplendida visita, a la mayor nación católica del mundo: “Deseo reiterar con energía y claridad un llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro”, exclamó.

Uno de los temas constantes de preocupación de los últimos pontificados ha sido el de elevar el papel que ocupará en el mundo el continente iberoamericano. A pesar de la riqueza evidente, no únicamente en sus recursos naturales, sino también los recursos espirituales, la región no ha conseguido afianzar su destino de manera soberana e independiente. Por lo contrario la mayoría de las naciones que la componen se han dejando arrastrar por la avalancha de la globalización financiera y su componente cultural, el mundo del hedonismo.

En líneas generales el continente aun se desangra entre las dos grandes utopías en crisis, la neoliberal que auguraba el “fin de la Historia” y la comunista que también preconizaba el paraíso terrenal, Por eso la visita del papa Benedicto XVI a Cuba cobra un significado estratégico no únicamente para la nación del Caribe, sino para la región entera.

Sí a los mexicanos, el Papa Benedicto XVI los instó a la valentía por la justicia, en Cuba prometió la ayuda de la Iglesia para transitar por las enormes dificultades, políticas y económicas, que atraviesa. “Cuba, en este momento, particularmente importante de su historia, ya está viendo para el futuro y se esfuerza para renovar y ensanchar sus horizontes”, afirmó el Papa, al agradecer la bienvenida que le dio el presidente Raúl Castro. Pero, anotó firme: “Llevo en el corazón las justas y legitimas aspiraciones de todos los cubanos, donde quiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías… y sus deseos más nobles, de manera especial los de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y de los niños, los presos y sus familias y de los pobres”.

A pesar de la abrumadora tensión histórica entre la Iglesia Católica y el Estado comunista cubano, es innegable que la situación ha mejorado desde 1996, cuando, junto con la Iglesia cubana, el Papa Juan Pablo II, inició una delicada diplomacia para hacer valer el derecho de los católicos a profesar su fe, en un clima de libertad y de respeto a su dignidad humana, bienes de los que deberían gozar los ciudadanos cubanos.

Lo que su sucesor encontró en Cuba fue una Iglesia dispuesta a realizar un gran momento de concordia nacional. Por ejemplo, antes de la misa del Papa el 26 de marzo en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, el arzobispo de Santiago, Dionisio García, se dirigió a los miles de fieles, enfatizando que se debe “avanzar hacia una república incluyente….en un espíritu de reconciliación, somos un solo pueblo”. Y puntualizó que eso se debería lograr sin la intervención de “naciones extranjeras”, es decir como decisión soberana de Cuba, en una alusión a no seguir la geopolítica de la Guerra Fría que todavía mantiene Washington.

Más significativo aun fue lo expresado por el Papa Benedicto XVI, donde al mismo tiempo que afirmaba una verdad contundente, abría todo el camino para buscar una solución superior a la problemática que enfrenta Cuba, cuyas carencias se agudizaron luego del quebranto de la Unión Soviética. En aquella época, los países liberados del comunismo no encontraron por parte del mundo occidental la acogida esperada, ya que se les impuso un modelo económico neoliberal que terminó de desorganizar sus capacidades productivas.

Durante el vuelo que llevaba al Pontífice a la ciudad de León México, el 23 de marzo, en una conversación con los periodistas, afirmó: “Hoy es evidente que la ideología marxista en la forma en que fue concebida ya no corresponde a la realidad… De esa forma ya no podemos construir una sociedad. Nuevos modelos deben ser encontrados, con paciencia y de forma constructiva…Queremos contribuir en un diálogo espiritual para evitar traumas y ayudar a avanzar hasta una sociedad que sea fraternal y justa”.

Es evidente que en el contexto de la crisis sistémica y estratégica global, en que las soluciones deberán ser impregnadas de valores espirituales, la doctrina social de la Iglesia ofrece las bases para salir de esa disyuntiva entre el neoliberalismo y los resabios marxistas. Desde el inicio de su pontificado, el Papa Benedicto XVI se ha esforzado por incentivar al mundo a pensar en nuevos modelos de economía, compatibles con la moral.

La misma disyuntiva se le presenta al “Continente de la Esperanza”. Como afirmó Rafael Navarro Valls consultor del Consejo Pontificio para la Familia, en una entrevista con el servicio de noticias Zenit, el viaje el papa es un mensaje de esperanza para “el continente que, junto con China, marcará el futuro de la humanidad.

En sus palabras: “Por encima de justificaciones oficiales de mayor o menor entidad -el bicentenario de la independencia de México y el 400 aniversario de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba – es claro que el objetivo principal, como se ha dicho, es ‘pagar una deuda pendiente’ con la América hispana. Con esa América en la que vive casi la mitad de todos los católicos del mundo y que, más arriba, en Estados Unidos, se va concentrando una ingente colonia hispana de enorme valor para el catolicismo estadounidense. Si a eso se une que, el catolicismo de trasfondo hispano en América, sufre el doble ataque del sincretismo religioso y de la influencia cada vez mayor del relativismo que llega de Europa, en especial, de España, se entiende que Benedicto XVI quiera con su presencia vigorizar las raíces del catolicismo hispanoamericano”.

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