Cambios climáticos al servicio de la buena música

Un reportaje publicado en el periódico brasileño O Estado de S. Paulo el 18 de marzo, titulado “Tecnología y fungos reviven el Stradivarius”, contraría el alarmismo y pesimismo con que actualmente se tratan los cambios climáticos. El tema es una feliz hazaña científico-tecnológica que permitirá, próximamente, la fabricación de violines con una cualidad sonora equivalente, o hasta superior de los famosos violines italianos de Cremona -Stradivarius, Amati, Guarnieri y otros. Fabricados entre los siglos XVII y XVIII, hasta ahora, todos los intentos de reproducción de instrumentos con la misma calidad habían fracasado. La respuesta al dilema se encuentra en el clima de la época.

Las investigaciones han demostrado que la calidad superior de las maderas usadas por Antonio Stradivari y sus colegas luthiers de Cremona se debía la clima frío de la época, causado por la llamada Pequeña Edad del Hielo (o Mínimo de Maunder), que afectó a Europa Central entre los años 1645 y 1715, propiciando el crecimiento lento y uniforme de árboles cuya madera guardaba cualidades acústicas excepcionales.

Para reproducir tal cualidad, en 2003, un grupo de investigadores del Laboratorio Federal Suizo de Pruebas e Investigaciones de Materiales (EMPA) comenzó a desarrollar un proceso de tratamiento de maderas seleccionadas con el fungo Physisiporinus vitreus, en condiciones de temperaturas semejantes a las vigentes durante la Pequeña Edad del Hielo. El papel del fungo es vital, ya que en lugar de dañar o destruir la fibra natural, como la mayoría de ellos, él solamente actúa en algunas estructuras internas de la madera, lo que dota de cualidades tonales excepcionales a los violines fabricados con ella.

Para probar la madera tratada con este proceso, el lutier Michael Rhonrheimer construyó cuatro copias de un Stradivarius de 1711, dos con madera, tratada nueve meses con el proceso del EMPA, y dos sin tratamiento. En septiembre de 2009, los violines fueron sometidos a una prueba comparativa con un Stradivarius original, ante un jurado de alto nivel, apoyado por 180 especialistas. Al final, el clone más perfecto, apodado de Opus 58 (fabricado con la madera tratada) fue escogido como el de mejor sonoridad, por una proporción de casi 3:1, superando incluso al Stradivarius original.

La perspectiva de disponer de instrumentos de tan excepcional cualidad, a un costo inferior al de un Stradivarius original (que por lo general cuestan 5 millones de dólares), es todavía más prometedora con el uso de la tecnología de la tomografía computadorizada, para la creación de moldes tridimensionales del instrumento, de acuerdo con un proceso creado por el Dr. Steve Sirr, radiólogo de la empresa estadounidense FirstLigth Medical System.

Como lo dijo el profesor Horts Heger del Conservatorio de Osnabruck (Alemania), “el violín biológico o de fungo” puede ser una enorme revolución que permita que jóvenes músicos o profesionales puedan adquirir instrumentos de alta calidad.

Así, podemos constatar que los cambios climáticos con los cuales la humanidad ha convivido no siempre traen efectos negativos.

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