Alerta entre el poder angloamericano: Habrá otras Ucranias

El principio de soberanía con el cual el presidente de Rusia, Vladimir Putin enfrentó la crisis en Ucrania, puso en jaque el denominado “Nuevo Orden” neoimperialista impuesto al mundo hace 25 años, luego de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración de la Unión Soviética.

La voltereta geopolítica comienza a constatarse con cierto pánico entre las filas del poder anglo americano. Un artículo publicado en varios periódicos del mundo el 20 de abril del historiador británico Timothy Garton Ash, un buen representante del sentir del aquel poder, es una voz de alarma porque la estela que dejaron atrás los eventos ucranianos, puede catalizar el deseo de descolonización que existe en el mundo. Si otros partes del globo terráqueo comenzaran a inspirarse en Vladimir Putin para buscar su libertad, el genio escapara de la botella descontrolado.

Titulado, “El putinismo y sus seguidores”, el artículo publicado en el diario brasileño O Estado de S. Paulo comienza así: “Di cuál es tu Ucrania y te diré quién eres. La crisis de Ucrania es una prueba de Rorschach política no únicamente para personas, sino también para países. Lo que la crisis de Ucrania revela no es nada animador para Occidente: Vladimir Putin tiene más admiradores alrededor del mundo de lo que se pueda imaginar”.

Lo que más asusta es que tales admiradores no se limitan a Siria o a Venezuela, como se constató en la Asamblea General de la ONU que condenó la reincorporación de Crimea a Rusia, sino que, “El hombre fuerte de Rusia recibe el apoyo de potencias mundiales más importantes, comenzando por China e India”. Agrega, “Un amigo mío que acaba de regresar de la India, observa que, con la probable victoria de Narendra Modi y el ascenso del “capitalismo clientelista” de la India, amigos hindús liberales temen que la mayor democracia mundial cultive una versión propia del putinismo”, afirma Garton Ash. De manera que el grupo BRICS, o una parte de las naciones que lo conforman tiene el potencial de adherirse al “putinismo”.

Circunstancia que no es nada lejana ya que, “Lo que el Occidente enfrenta ahora es la desaparición de dos resortes gigantes. Uno es el resorte del descontento de la Madre Rusia por el hecho de que su imperio se está encogiendo en los últimos 25 años. El otro es el resorte de descontento con los siglos de dominación colonial que asume formas variadas en los diferentes países del BRICS y miembros del G-20”.

Su conclusión es: “Evidentemente, ellos no tienen el incansable discurso monolítico de China… pero de una manera u otra, comparten una profunda preocupación con su soberanía, la resistencia al hecho de que americanos y europeos insisten en decirles lo que es mejor para ellos… y cierta satisfacción instintiva en ver al tío Sam humillado por ese ruso agresivo. ¡Viva el putinismo! Obviamente ese problema no es de inmediato en Ucrania, pero es otro asunto desatado por la crisis de Europa Oriental. En ese sentido geopolítico más amplio, no debemos olvidar de que, a medida que avanzamos en el siglo 21, habrá otras Ucranias”.

Por otro lado, de entre las múltiples versiones que circulan en el mundo contra el “putinismo”, llama la atención una. Por antonomasia, ataque cocinado en los centros de inteligencia anglo americana, que se lanza cada vez que aparecen figuras de Estado que toman decisiones de gobierno sin cabida en el ambiente controlado de las categorías permitidas por la ingeniería social del momento. Están fuera de la atmosfera de las etiquetas de los lugares comunes de, derecha, izquierda, democracia, plural, multicultural y otras.

Sin poder encajonar a Putin, los disparos se dirigen en contra lo que se denomina, el “neoeurasianismo”, que identifica como expansionista el programa de largo plazo del Estado ruso, llevado a cabo por Vladimir Putin y la clase dirigente que lo rodea. La realidad es que la Unión Euroasiática, iniciada por él en 2011, consiste en la ejecución de una compleja red de infraestructura, para unir a esa región del mundo, cuyo enorme potencial económico podría ser un coadyuvante de la recuperación económica mundial, e implica un nuevo sistema de relaciones entre los Estados asociados.

“Doctrina radical orienta acciones de Putin en Ucrania”, fue el titulo de una nota publicada en O Estado de S. Paulo el 20 de abril, de su corresponsal en Paris, Andrei Netto, que enumera detalles sobre el origen del “neoeurasianismo”.

“Por tras de la ofensiva de Rusia contra Ucrania hay más que intereses geopolíticos y económicos. Vladimir Putin, estaría siendo influenciado por el “neoeurasianismo”, ideología radical de inspiración nacionalista nacida en los años 20s y reescrita después del desmoronamiento de la Unión Soviética (…) fiel a la tradición y a los valores cristianos ortodoxos, la doctrina reúne principios de extrema derecha y de la extrema izquierda en la lucha contra sus enemigos: los EUA, Europa, Occidente, el liberalismo y la globalización”, dice el corresponsal.

Agrega que, a pesar de ser una creencia antigua, “el renacimiento del euroasianismo ocurrió después de la caída del Muro de Berlín por medio del filosofo Alexander Dugin, hijo de un agente de la KGB. En 2002 creó un partido el Eurasia, y ganó influencia en Putin y de Medvedev. Por eso Putin adoptó el discurso de la tradición que comparte con la Iglesia Ortodoxa y rechaza el multiculturalismo, homosexualismo, género, por ser “valores no tradicionales”, sino de los Estados Unidos.

El corresponsal cita opiniones de especialistas de Francia y de Ucrania, unos más moderados que otras. El ataque más furioso, viene del filósofo de la Universidad Kiev- Mohylz, militante del Movimiento Euromaidan, (que inicio las manifestaciones que derrumbaron al presidente de Ucrania Viktor Yanukovich), afirmando que tal ideología es un peligro para el mundo. “Es una ensalada sin coherencia que busca elementos del comunismo, del socialismo, del nacionalismo, del cristianismo… Putin es un loco y es necesario detenerlo a tiempo”. El poder anglo americano piensa lo mismo.




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