Al Gore lanza un libro que en el futuro no tendrá lectores

¡Al Gore ataca de nuevo! Después de asustar al mundo con el documental catastrofista que le valió un Oscar y que le ayudó a ganar un Premio Nobel (a pesar de la descalificación de bastantes científicos serios), el ex vicepresidente estadounidense vuelve a la carga. Ahora ofrece una quimérica visión del futuro, tema de su nuevo libro, que acaba de presentarse en Estados Unidos.

En el libro, titulado “The Future: Six Drivers of Global Change” (El futuro: seis motores para los cambios globales), Gore defiende la idea de que el mundo está girando rápidamente fuera de control. Con esto, estaríamos entrando en una nueva era de turbulencias, en las que las nuevas técnicas estarían siendo la causa de crecientes estragos; el planeta estaría cada vez más “atrapado” y las instituciones gubernamentales estarían siendo sobornadas por intereses obcecados por ganancias rápidas, sin preocuparse con la sustentabilidad a largo plazo (Daily Telegraph, 30/02/2013).

Hace explícita en el libro la ideología maltusiana que ha guiado toda su carrera de héroe del medio ambiente, indicando que la “sobrepoblación”, aliada al desarrollo de nuevas tecnologías y al crecimiento económico estaría llevando al agotamiento de recursos naturales vitales, como el agua y los suelos fértiles. Además de esto, el progresivo desarrollo económico de regiones pobres tendría como resultado mayores emisiones del temido bióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, con lo que contribuiría al supuesto calentamiento global antropogénico.

Los seis “motores de cambio” a los que se refiere el título del libro son: una economía más globalizada; comunicaciones electrónicas planetarias y el perfeccionamiento de la robótica; iniciativa económica desplazada de Occidente a Oriente; crecimiento poblacional y uso insustentable de recursos naturales; progreso de las ciencias biológicas, bioquímicas y de materiales; y una relación radicalmente inestable entre civilización y los sistemas ecológicos de las Tierra, en especial la atmósfera y el clima.

Gore ve, además, la evolución de la técnica como una “amenaza” a la clase media de todo el mundo, ya que tal desarrollo estaría conduciendo a la sustitución progresiva del hombre por la máquina en los sectores productivos. Ignora, convenientemente, que el perfeccionamiento de nuevas técnicas lleva a la generación de nuevas actividades profesionales antes inexistentes, muchas de ellas con salarios más elevados, factor que contribuye positivamente al aumento de la productividad de una economía.

De entre las sugerencias de Gore para “resolver” tales cuestiones está la propuesta de abandonar los criterios actuales de medición del Producto Interno Bruto (PIB) de las economías nacionales. Para él es “extraño” que se hagan listas de los millones de barriles de petróleo y de gas natural extraídos como factores positivos para el PIB sin considerar sus supuestos efectos negativos para la atmósfera. A propósito, en una entrevista reciente, en la gira de presentación del libro, afirmó: “Podemos comenzar por eliminar los subsidios gubernamentales para el uso de combustibles fósiles. Eso es un absurdo (San Francisco Chronicle, 17/02/2013).”

En la misma entrevista, Gore elogió la mención del presidente Barack Obama a la cuestión climática, en su discurso de toma de posesión de su segundo mandato. Sin embargo, afirmó que el gobierno “tiene que hacer más,” y agregó que “necesitamos de un precio para el carbono de forma directa o indirecta… necesitamos ampliar rápidamente las técnicas de energías renovables, con el fin de impulsar la curva de costos hacia abajo más ligeramente, de forma que se permita que la electricidad a partir de plantas eólicas y solares sea más barata que la que se produce con petróleo, carbón y gas.”

Este énfasis en el combate al predominio de los combustibles fósiles en la matriz energética, curiosamente, no le impide a Gore hacer negocios con el sector petrolífero. Como bien observó el periodista Robert Colvile, del Daily Telegraph (29/02/2013), no tuvo empacho en vender su red de televisión Current TV a los emires de los hidrocarburos de Catar, también propietarios de la red Al-Jazira. En la entrevista Gore fue furtivo y se limitó a alegar que “está muy claro que ellos (Al-Jazira) establecieron hace mucho tiempo una reputación por la excelencia, integridad y objetividad. Y el panorama de nuestras redes de noticias televisivas necesita de progresos.”
Por desgracia, el ex vicepresidente consiguió atrapar un buen número de incautos, como el mismo

Colvile, que concluye su reseña del libro haciendo una profesión de fe maltusiana: “Sería muy desalentador que el hombre, o la mujer, que luego de leer tan extensa lamentación se atreviese a traer un hijo a este mundo tan fijo en su autodestrucción.”

Como en sus demás obras, el libraco de Gore (592 páginas en la edición original) se debería vender con una advertencia como: “La Secretaría de Salud informa: la lectura de este libro puede ser perjudicial para su salud mental.”

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