África sangra

Un estudio recién publicado por los economistas Léonce Ndikumana, director del Departamento de Investigaciones sobre el Desarrollo del Banco de Fomento Africano, y James K. Boyce, de la Universidad de Massachusetts, con el sugerente título de “Cómo extranjeros ricos y africanos codiciosos sangran en continente,” es una radiografía del pillaje a que está sometido África.

Los autores detallan la colusión de intereses externos e internos que, en las últimas cuatro décadas, han extraído de África un monto de recursos que, invertidos en obras de desarrollo, podrían haber cambiado la trayectoria del continente. El estudio estima entre 854 mil millones y un billón de dólares las fugas de capitales ocurridas en África entre 1970 y 2008. De acuerdo a ello, tan sólo la inversión interna de la cifra evadida entre 2000 y 2008 hubiese proporcionado un ritmo medio anual de reducción de la pobreza entre 4 y 6 por ciento mayor, lo que permitiría que la mayoría de los países africanos alcanzase la Meta de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la pobreza en 2015. En lugar de esto, se lamentan, apenas un “puñado de países” alcanzará la meta. Démosle la palabra:

“Las historias de opulencia y de estilos de vida extravagantes de los líderes de los países africanos ricos en recursos ilustran los errores de liderato crítico, donde los dirigentes nacionales roban a sus naciones, en lugar de ayudarlas a su progreso. Estas patologías son perpetuadas por intereses extranjeros cómplices y por orden financiero internacional que opera en las sombras y hace posible que los perpetradores de crímenes financieros queden libres, gracias al secreto bancario.

“Reciben, igualmente, todas las facilidades gracias a la ceguera voluntaria de las instituciones financieras occidentales y gobiernos que han tolerado esa acumulación de riqueza ilícita, a lo largo de los años.

“Este artículo cuenta una historia de pobreza en medio de la opulencia, una historia de captura de recursos por la élite y de expropiación de las personas por aquellos a los que les fue confiado el progreso de los intereses nacionales. Es una historia de alta corrupción endémica, que va mucho más allá de los meros sobornos y de la administración opaca de los recursos naturales. Refleja la disfunción sistemática del sistema judicial y del conjunto regulatorio, que fueron secuestrados por la élite política y los intereses económicos especiales.

“La historia tiene como protagonistas tanto actores locales como extranjeros, que se hacen cómplices en la captura de rendimientos de los recursos naturales y de la transferencia de ellos a los paraísos fiscales. Esto significa que la solución de los problemas requiere que se vaya más allá del sector de los recursos naturales para enfrentar las disfunciones del sistema económico y político entero. Esto requiere que se vaya más allá de cada país africano y se haga frente a la complicidad de las partes extranjeras, en especial de las compañías de exploración de recursos naturales, que se alían con líderes corruptos para apoderarse de riquezas, de los bancos que facilitan las transferencias de fondos adquiridos ilícitamente y de los reguladores de los países ricos, que se hacen de la vista gorda ente las transacciones ilícitas que involucran a las élites políticas y económicas africanas.”

“En las décadas anteriores a la crisis financiera mundial, los países africanos ricos en recursos disfrutaron de una explosión de ingresos por exportaciones, debido a las alzas de los precios de las materias primas y de los alimentos, en especial el petróleo. Luego de la crisis, los precios del petróleo volvieron a subir. La expansión petrolífera promovió un aumento rápido de los ingresos petroleros de los gobiernos de estos países. En 2010, la República del Congo obtuvo más de 61 por ciento de su PIB a través de los ingresos petroleros.”

“La expansión petrolífera sirvió de muy poco para mejorar las condiciones de vida de los pobres. El número de pobres de Nigeria aumentó a la par del aumento de los ingresos petroleros. De 1992 a 2010, el número de nigerianos pobre aumentó de 80 millones a 130 millones, con la multiplicación cercana a cuatro veces de los ingresos petroleros, de 15 mil millones a 58 mil millones de dólares (en dólares de 2010).

“De forma paralela con los altos grados de pobreza, los países ricos en recursos exhiben altos grados de desigualdad. La pobreza es mucho mayor en las zonas rurales que en las urbanas, lo que refleja la preferencia de las ciudades en las inversiones públicas y en la construcción de infraestructura y el ofrecimiento de servicios. En Camerún, 55 por ciento de la población rural son pobres, contra 12 por ciento en las zonas urbanas. En Sudán, la pobreza en el campo es más del doble que la de las ciudades.”

Los autores dan ejemplos de la espantosa evasión de recursos que desangra al continente:

“En las últimas décadas, los países africanos ricos en recursos naturales sufrieron una severa hemorragia financiera, por medio de las fugas de capitales. Estimaciones recientes sugieren que las fugas aumentaron durante el auge de los recursos.

“De 1970 a 2008, Nigeria perdió espantosos 298 mil millones de dólares por las fugas de capitales. Cerca de 71 mil millones de dólares ‘desaparecieron’ de Angola entre 1985 y 2008. Otros países exportadores de petróleo sufrieron también la fuga de capitales en las cuatro décadas pasada: Costa de Marfil (45 mil millones de dólares); República Democrática del Congo (31 mil millones); Camerún (24 mil millones); República del Congo (24 mil millones); y Sudán (18 mil millones).

Una fuente clave de la fuga de capitales es el sector de los recursos naturales. Los dos mecanismos principales son la apropiación directa de los ingresos de las exportaciones por funcionarios gubernamentales encargados de la administración de la explotación y comercialización de los recursos públicos, y la subfacturación de las exportaciones petroleras.”

Para no quedarse tan sólo en las denuncias, los autores hacen la lista de lo que podría hacerse para enfrentar el problema, pero señalan que, además de las correcciones de rumbo internas, nada podrá funcionar sin una reforma del orden financiero internacional. Dicen:

“Los culpables de las fugas de capitales africanos no son nada más los líderes corruptos, sino muchos otros que ganan con flujos financieros ilícitos. Entre estos destacan las compañías explotadoras de recursos naturales, los socios comerciales que facilitan la subfacturación, los bancos de los paraísos fiscales y los intermediaros que facilitan las transacciones. Así, enfrentar el problema de la fuga de capitales y del pillaje de los recursos naturales exige una estrategia de varios frentes que incluya cambios sistémicos para el establecimiento de una cultura de transparencia de la administración de los recursos naturales y el fin de la impunidad de que disfrutan tradicionalmente los políticos y sus socios privados.

“Los países africanos necesitan seguir estrategias que den incentivos a las inversiones internas y reducir los incentivos para que los poseedores de la riqueza privada transfieran sus activos al exterior.”

“Un elemento fundamental de la solución de las fugas de capitales debe ser, por lo tanto, el establecimiento y la consolidación de una forma de gobernar democrática. Para ser honesto, la democracia no es una panacea: puede ser capturada por grupos poderosos. Pero ofrece una mejor herramienta para dar a los pueblos africanos una voz en la administración de los recursos públicos.”

Las finanzas públicas, según los autores, tienen que someterse a auditorías regulares, como ocurre en las grandes empresas del sector privado. Afirman, en particular, que las “deudas públicas externas deberían someterse a auditorías independientes, para establecer su legitimidad y su contribución al progreso nacional.”

“A partir de esas auditorias, los préstamos exteriores que no pasasen la prueba de legitimidad se podrían clasificar como detestables y repudiares unilateralmente.

“Un importante elemento de la estrategia contra la fuga de capitales es una sociedad civil vibrante, en especial una prensa independiente. Una característica común de la cleptocracia descrita arriba es la ausencia de una prensa libre, lo cual ayuda a ocultar los crímenes financieros al escrutinio público.

“Son igualmente necesarias las reformas en el ámbito internacional con respecto a tres actores claves: bancos, corporaciones multinacionales comprometidas en la explotación y el comercio de los recursos naturales y los gobiernos de los países sedes de esos bancos y corporaciones. Los bancos en los centros financieros internacionales deben ser obligados a ayudar a la detección y el rastreo de los flujos financieros ilícitos.”

“Al final de cuentas, un régimen financiero internacional estable y cimentado en la transparencia y en el sentido de la responsabilidad beneficiaría no sólo a África, sino al mundo en su conjunto.”

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