El derribo de un avión de combate ruso por cazas turcos la mañana del 24 de noviembre mostró con toda claridad el doble papel que Turquía, país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ha desempeñado respecto al Estado Islámico (EI), fingiendo combatirlo como parte de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos, al mismo tiempo que apoya la movilización de los yijadistas, en especial contra el gobierno sirio de Bashar al-Assad.
El avión ruso, un Sujoi Su-24 de ataque a tierra, fue derribado por un misil aire-aire disparado por un caza turco Lockheed Martin F-16 cuando operaba en misión de ataque a los rebeldes de la región de Latakia, al norte de Siria. Aunque el gobierno de Ankara haya anunciado que la aeronave habría violado el espacio aéreo, las pruebas muestran que fue alcanzada en territorio sirio, a cerca de un kilómetro de la frontera, para caer a cuatro kilómetros de ella. Los dos tripulantes lograron saltar del aparato, pero fueron ametrallados cuando descendían en paracaídas por los rebeldes (un crimen de guerra según las normas de la Convención de Ginebra), mismos que divulgaron un video de uno de aquellos ya muerto en tierra. El otro logró ser rescatado con vida por comandos rusos unas horas después.
Moscú, por su parte, negó categóricamente que en ningún momento el avión hubiera violado la frontera, y divulgó un video de control del radar de la base aérea de Latakia que muestra las posiciones de todas las naves aéreas que operaban en la zona. Sin embargo, hasta el mismo mapa divulgado por el gobierno turco (véase la imagen) permite constatar que aunque la violación hubiese ocurrido, no podía haber durado más allá de algunos segundo (17 segundos, según el informe turco), lo que no justificaría de ninguna forma el ataque a un avión de un país con el que Turquía no está oficialmente en guerra. Por si esto no bastara, la nota oficial enviada por el gobierno turco al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas afirma que dos aviones “desconocidos” habrían sido advertidos diez veces durante cinco minutos; si las mismas autoridades turcas admiten que la violación territorial habría durado tan sólo 17 segundos, esto significaría que los aviones rusos volaban legalmente sobre territorio sirio –y si esto es así, ¿qué derecho tiene la Fuerza Aérea Turca para hacer advertencias a naves aéreas que vuelan del otro lado de la frontera?
Es decir, más que un acto de defensa de la “soberanía turca,” como alega Ankara, fue una trampa preparada deliberadamente para materializar una provocación contra el país cuya intervención directa cambió la dinámica del conflicto de Siria. Los numerosos videos y fotografías de la caída del avión, que fueron divulgados de inmediato por internet, refuerza la tesis de que se trató de un acto premeditado.
Para el general Tom McInterney, ex vice jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, no hay otra explicación. Según él:
“El avión no estaba haciendo ninguna maniobra para atacar el territorio (turco). Probablemente estaba presionando los límites (fronterizos), esto es razonable. “Pero no se derriba un avión sólo por causa de esto. Yo no creo realmente en lo que está haciendo el presidente (turco Recep Tayyip) Erdogan. Creo que fue una maniobra abiertamente agresiva y, en el comando de la NORAD (Defensa Aeroespacial Estadounidense), no utilizaríamos ese tipo de reglas de comportamiento. Esto tuvo que ser planeado previamente” (RT, 25/11/2015).
Al dirigirse a la prensa en Sochi, luego de una reunión con el rey Abdulá II de Jordania, el presidente ruso, Vladimir Putin, no se anduvo con medias tintas para calificar la intervención turca. Según él, “La pérdida que sufrimos hoy es una puñalada por la espalda dada por cómplices de los terroristas. No hay otra manera de calificar lo que sucedió hoy.”
Putin confirmó que “nuestro avión y nuestros pilotos no representaban de ningún modo una amenaza para la República Turca, esto es obvio. Ellos estaban realizando una operación para combatir el EI en el Norte de Latakia, una zona montañosa donde se concentran militantes, principalmente provenientes de la Federación Rusa.”
Con el dedo señaló la responsabilidad turca en el apoyo a los yijadistas:
“Desde hace tiempo hemos registrado movimientos de una gran cantidad de petróleo y de productos petroleros hacia Turquía provenientes de territorios ocupados por el EI. Esto explica el financiamiento significativo que están recibiendo los terroristas. Ahora, nos están apuñalando por la espalda, al atacar a nuestros aviones, que están combatiendo el terrorismo. Esto está sucediendo, a pesar del acuerdo que hicimos con nuestros socios estadounidenses para evitar incidentes aéreos y, como ustedes saben, Turquía está entre los que supuestamente están combatiendo el terrorismo dentro de la coalición estadounidense.
“Si el EI está haciendo tanto dinero –estamos hablando de decenas o tal vez centenas de millones, posiblemente miles de millones de dólares- con el comercio de petróleo y si cuentan con el respaldo de las fuerzas armadas de un Estado entero, resulta claro por qué están actuando de forma tan audaz y descarada, porqué están matando personas de forma tan atroz, porque están cometiendo ataques terroristas en todo el mundo, en especial en el corazón de Europa”.
La semana pasada, en reunión del G-20 en Antalya, Turquía, Putin afirmó que 40 países, entre ellos miembros del G-20, están financiando a los yijadistas del EI. Agregó a los periodistas que había mostrado a sus socios ahí presentes fotografías de satélite que mostraban las enormes columnas de camiones-tanque del EI que transportan petróleo de Siria a Turquía.
Visiblemente irritado, el líder del Kremlin criticó a Ankara por, en lugar de haber establecido comunicación con Moscú luego del episodio, prefirió convocar una reunión inmediata del Consejo de la OTAN para analizar el incidente, “como si nosotros hubiésemos derribado un avión de ellos, y no al contrario,” reclamó.
“¿Será que pretenden hacer que la OTAN sirva al Estado Islámico? Yo sé que todo Estado tiene sus intereses regionales, y nosotros siempre los respetamos. Sin embargo, no nos haremos de la vista gorda respecto a tales crímenes, como el cometido hoy,” afirmó Putin.
A pesar de que los gobiernos y la prensa occidental decidieron ignorar el asunto, es sobradamente conocido que sin el respaldo directo de Turquía, el EI jamás podría haber alcanzado su dimensión actual, en la que domina un territorio del tamaño de Inglaterra, dividido entre Irak y Siria. La coalición encabezada por Estados Unidos, cuya tolerancia raya en el cinismo, fue lo que permitió que Turquía bombardease a las milicias curdas iraquíes y sirias, que están entre las fuerzas más efectivas en el combate de los yijadistas, y a las milicias del PKK turco, como parte de su campaña permanente contra las posibles pretensiones nacionalistas de los curdos, que tienen grandes comunidades en los tres países.
Otro hecho notorio es que las ventas del petróleo robado de los territorios ocupados por el EI se hacen por medio de Turquía, con la evidente anuencia de Ankara, contra la que hay acusaciones de que altos funcionarios del gobierno se estarían beneficiando de este tráfico.
En entrevista colectiva, el primer ministro Dmitri Medvedev fue categórico al respecto, además de señalar uno de los posibles motivos de la agresión:
“Los actos de Turquía son una protección de hecho del Estado Islámico. Esto no es una sorpresa, si consideramos que tenemos información sobre los intereses financieros directos de algunos funcionarios turcos respecto al abastecimiento de productos refinados de petróleo por refinerías en manos del EI. Los actos descuidados y criminales de las autoridades turcas… provocaron una peligrosa escalada en las relaciones entre Rusia y la OTAN, que no puede ser justificada por ningún interés, ni siquiera la protección de fronteras internacionales” (RT, 25/11/2015).
Así es, la agresión turca ocurrió inmediatamente después de que la aviación rusa comenzó a atacar los convoyes de camiones-tanque del EI que transportan petróleo y productos refinados de Siria a Turquía, donde son embarcados para otros países, en general asiáticos. Como el EI cobra por el petróleo robado cerca de la mitad de las cotizaciones internacionales vigentes, un grupo selecto de intermediarios turcos se han dedicado a ganar con la diferencia. Uno de ellos, según las denuncias surgidas en la misma Turquía, sería el hijo de Erdogan, Bilal, dueño de una de las principales compañías de navegación del país (New Eastern Outlook, 24/08/2015).
Según el premiado periodista investigador inglés Nafeez Ahmed, las ventas de petróleo del EI, facilitadas por Turquía en el mercado negro, superan hasta ahora la marca de los mil millones de dólares.
No obstante, por más lucrativos que sean tales negocios, es improbable que las pérdidas causadas por la intervención militar rusa en la lucha contra el EI haya sido el único motivo del ataque al Su-24. Además de esto, hay que tener en cuenta que Erdogan invirtió mucho en su plan contra Assad y la perspectiva concreta de que el líder sirio no será derrocado por la insurgencia mayoritariamente yijadista, que cuenta con el apoyo de los 40 países señalados por Putin en Antalya, puede haber llevado al “sultán de Ankara” a perder el dominio de sus nervios y autorizar una provocación de altísimo riesgo como el ataque a un avión ruso.

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