En el acuerdo nuclear con Irán ¿quién prevalecerá?

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El anuncio, el pasado 2 de abril, de un entendimiento entre Irán y el grupo P5+1, formado por Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, sobre la imposición de limitaciones al programa nuclear iraní, dejó ver la división interna que existe en el poder anglo-americano.  Un grupo que quizá ya acepta la realidad de que la utilización de la fuerza militar como instrumento de política exterior llega su límite; por el otro, los protagonistas, en cuyo núcleo central  se encuentran los neoconservadores, se aferran a las sangrientas aventuras militares de Estados Unidos, única forma de  mantener la hegemonía estadounidense.

El presidente Barack Obama, con el respaldo de los primeros se mantuvo firme en el apoyo al acuerdo, cuyos detalles se determinarán a finales de junio.  Esta lucha, ciertamente, se está librando dentro de una estructura de poder de antaño.

Uno de los motivos de esta división es el papel crucial que está desempeñando Irán en la lucha contra las hordas del Estado islámico (EI). Sin el apoyo de las fuerzas iraníes, con las cuales las unidades de la coalición encabezada por Estados Unidos han actuado en discreta coordinación (no admitida por ninguno de los dos bandos), los recientes triunfos del Ejército Iraquí contra el EI no hubiesen sido posibles.

Luego del anuncio del acuerdo, en Lausana, Suiza, Obama declaró: “Estoy convencido de que si este acuerdo conduce a un acuerdo final general, hará más seguro a nuestro país, a nuestros aliados y al mundo.  Es un buen acuerdo, un acuerdo que satisface nuestro objetivos centrales”.

En este mismo tono, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa, el país que más se empeñó en el acuerdo, afirmó: “Consideramos que la solución encontrada, desde el punto de vista del reforzamiento del sistema legal de la relaciones internacionales, prueba que los problemas y las situaciones de crisis más difíciles se pueden resolver por medio de esfuerzos políticos y diplomáticos” (AP, 2/04/2015).

Entra la artillería

Del campo opuesto, la respuesta vino de inmediato. Como era de esperarse, el Primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para quien el fustigar a Irán no es más que un modus vivendi de todos los días, bailó sobre la inteligencia del mundo con su descarga inicial: “Un acuerdo fundado en acuerdo-marco amenazaría la sobrevivencia de Israel… Un acuerdo como ese no bloquearía el comino de Irán rumbo a la bomba (atómica).  Este lo pavimentaría” (AP, 2/04/2015).

Netnyahu aprovecho varias entrevistas de la televisión estadounidense del domingo 5 para reforzar su mensaje.  De forma emblemática, recibió el apoyo del secretario de la Defensa –pero no de Israel, sino de Estados Unidos- Ashton Carter, quien, en el programa de la red NBC Today recalcó que ningún acuerdo con Irán eliminará una opción más agresiva. “La opción militar, ciertamente, permanecerá en la mesa. Una de mis tareas es asegurar que todas las opciones estén en la mesa,” rugió.

Los líderes más exaltados del Partido Republicano en el Congreso se apresuraban para demostrar una ferocidad mayor.  Inclusive, aún antes de la divulgación del acuerdo, el ajonjolí de todos los moles, el senador John McCain, como si estuviese hablando de la mayor superpotencia del mundo, llegó a instar abiertamente a Israel a optar por un  ataque militar contra Irán:

“Los israelíes tendrán que trazar su propio camino de resistencia.  Sobre el acuerdo nuclear iraní, podrían tener que salirse del orden legal (go rouge en el original).  Esperemos que sus advertencias no hayan sido pura humareda.  Israel sobrevivió sus primero 19 años sin un apoyo significativo de Estados Unidos.  Ahora todo lo que tiene que hacer es atravesar los siguientes 22 meses, reconocidamente largos”. (Alternet.org, 24/03/2015).

Como era de esperarse, los portavoces de los “neocons” justificaron sus nutridos estipendios con feroces salvas de prensa.  En el New York Times del 26 de marzo, adelantándose una semana al acuerdo, el insuperable John Bolton escribió un artículo con el sugestivo título “Para detener la bomba de Irán, hay que bombardear Irán.”  Su sugerencia:

“(…) Un ataque no tiene que destruir la infraestructura nuclear iraní entera, pero romper las líneas vitales del ciclo de combustible nuclear podría atrasar su programa por tres o cuatro años.  Estados Unidos podrían hacer un excelente trabajo de destrucción, pero Israel solo no puede hacer lo que hace falta.  Una medida así tendría que contar el apoyo vigoroso de Estados Unidos a la oposición iraní, con el fin de buscar el cambio de régimen de Teherán”.

En sólo un párrafo, Bolton, quien fuera embajador en Naciones Unidas y subsecretario de Estado del gobierno de George W. Bush, deja claro que para su facción el programa nuclear iraní es tan solo un disfraz del objetivo real del “cambio de régimen.”  Pero como es más incendiario que ignorante, sabe también que cualquier agresión militar contra el país provocaría la unión inmediata de todas las fuerzas políticas en torno del régimen, además de asegurar el incendio de grandes proporciones de todo el Oriente Medio –ávidamente contemplado por los pirómanos de Washington.

Desde su trinchera en la revista Weekly Standard (4/04/2015), el archi neocon William Kristol escupió un editorial especial titulado “Maten el acuerdo”:

“Los comentaristas han expuesto de varias formas cuán ruin es el acuerdo con Irán, la cuestión, entonces, es matarlo. ¿Por qué? Porque el acuerdo no se puede acordar. Aun si, de alguna forma, el alivio de las sanciones se hiciera de forma más gradual, aun si, de alguna forma, el número de centrífugas (de enriquecimiento de uranio) fuera menor, aun si, de alguna forma, el régimen de inspecciones fuese más estricto –los elementos esenciales permanecerán: Irán logra conservar su infraestructura nuclear, incluyendo sus partes más sensibles.  Las sanciones vencen.  Los inspectores pueden ser expulsados.  Entonces Irán, un estado patrocinador del terrorismo, un enemigo de Estados Unidos, una potencia yijadista agresiva, un régimen dedicado a la destrucción de Israel, se convertirá en un estado a punto de obtener armas atómicas”.

Con un grado mayor de sofisticación, el presidente del selecto club de la crema y nata del poder anglo americano, el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), Richard N. Haass, difundió un artículo por el Project Syndicate (El futuro del acuerdo nuclear con Irán, 3/04/2015), en el que, con un matiz de “moderado,” hizo explícitas algunas líneas que podrán –y que seguramente deberán- estudiarse por parte de los opositores del acuerdo:

“Obama tiene razón: un acuerdo nuclear del tipo delineado es preferible a que Irán obtenga armas atómicas o ir a la guerra para evitarlo. Pero cualquier acuerdo debe, también, generar una confianza generalizada, en Estados Unidos y en la región, de que se pondrá un límite significativo al programa nuclear iraní, y de que cualquier trampa se descubrirá anticipadamente y de que se castigará con firmeza.  Esto no será fácil; lo cierto es que  no exagero al prever que el esfuerzo para generar tal confianza podrá acabar siendo tan exigente como las mismas negociaciones”.

Como el descubrimiento de cualquier “trampa” dependerá de la administración actual de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), influenciada en gran medida por Estados Unidos, no será sorpresa que sus inspectores lleguen a encontrar pruebas de un programa militar, cuya inexistencia los mismos servicios de espionaje estadounidenses han confirmado desde 2007.

En el mismo plano de sofisticación retórica, la revista británica The Economist publicó en su sitio un extenso editorial con el título más que sugestivo de “Negociando con el Gran Satán,” reproducido en varios periódicos del planeta, entre ellos el brasileño O Estado de S. Paulo(6/04/2015) :

“Es posible que un acuerdo contribuya a la moderación progresiva de Irán.  Pero también puede aumentar la inestabilidad de la región. Siempre hay el riesgo de que el gobierno iraní haga trampa, o que los línea dura del régimen quieran probar los límites de los compromisos asumido.  Otra posibilidad es que, escépticos con el acuerdo, los congresistas estadounidenses le impidan a Obama votar por la suspensión de las sanciones, o que su sucesor rechace los términos pactados.

“Libre de las sanciones y posiblemente sin la preocupación de un ataque militar estadounidense (o israelí), Teherán pude resolver ampliar todavía más su influencia regional. (…) Entre los militares israelíes se vuelve a hablar de bombardear las instalaciones atómicas de Irán a la primera señal de violación del acuerdo.  John Bolton, diplomático que trabajo con el gobierno de Bush, sugiere que Israel ataque a los iraníes.

“Es posible que la negociación de un acuerdo venga a ser la parte fácil de la dificultad que Obama tiene enfrente.  Pero quizá sea más difícil convencer a los escépticos, internamente y en la región, de que el pacto es bueno para sus intereses.  Más difícil todavía será, quizá, luchar con las secuelas políticas y militares.

En resumen el camino para la oficialización del acuerdo, el 30 de junio, será tortuoso y lleno de peligros.

2 comentarios

  1. Mais uma destruição a caminho???…

  2. A U.S. Navy teve problemas graves com os Israelis: 1967 o navio «U.S. Liberty» da CIA tinha sido alvo da marina e aviacao do Israel, com o resultado de quasi 200 americanos mortos ou feridos. (Veja: U.S. Liberty ). Na decada 1980, o analista da U.S. Navy, Jonathan Pollard, tinha entregado 200,000 paginas de segredos da U.S. Navy aos Iraelis, inclusive os codicos de comunicao dos submarinos de EUA. Jonathan Pollard tem sido sentenciado a prisao perpetua, e nem Netanyahu podia pressionar para liberacao de Pollard.(Veja: Jonathan Pollard. ) Outro espiao de Israel tem sido sentenciado nos EUA por 12 anos.

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