2013: La realidad impone decisiones cruciales

A pesar de que la volatilidad del escenario político financiero internacional dificulta cualquier pronóstico, 2013 se presenta como un año decisivo en la definición de las tendencias que transformarán el sistema mundial.

En la esfera político-estratégica, 2013 podría ser el año en que se hunda en el abismo la soñada “Pax Americana”, o sea la perpetuidad de los EUA como una potencia imperial basada en su inigualable -y por ello económicamente insustentable- aparato militar y en el papel exclusivo del dólar como moneda de referencia mundial. En paralelo con el ascenso de nuevos actores regionales, poco dispuestos a aceptar el exclusivismo y los intereses norteamericanos como líneas maestras del orden mundial, Washington se las verá con una inestimable hipertrofia de su brazo militar -responsable por casi el 50% del déficit presupuestal del gobierno federal- y, al mismo tiempo, con los ruinosos efectos de la financierización de la economía, la cual se muestra en la desindustrialización, en los altos niveles de desempleo y en la reducción de la clase media. Por si las dudas, el estratega George Friedman, director de Stratfor, entidad estrictamente alineada a los intereses del “establishment”, apunta al persistente deterioro de los niveles de vida de la clase media como una de las principales amenazas geopolíticas al poderío norteamericano, a mediano y largo plazo.

El año es también significativo, por cumplirse el centenario del Sistema de Reserva Federal, el banco central privado que ocupa el vértice del sistema prevaleciente de finanzas. Por esto, es sintomático que en los EU crezca, lenta pero firmemente, un movimiento a favor de la creación de bancos públicos, como el Banco de Dakota del Norte -no por coincidencia, el único estado que ostenta superávit fiscal y uno de los menores índices de desempleo en los EUA.

En el campo militar, con la nominación del ex-senador republicano Chuck Hagel como el nuevo secretario de Defensa, el presidente Barack Obama pretende, reducir la presencia militar en el exterior, haciéndola compatible con la realidad presupuestaria.

En la economía, el panorama es sombrío. El informe de naciones Unidas acerca de las perspectivas económicas para 2013 (World Economic Situation and Prospects 2013), divulgado a mediados de diciembre, prevé que la recesión global se prolongará por lo menos otros dos años. Anticipando un crecimiento global de 2.4% para el año, el informe afirma que esta tasa “quedará muy lejos de ser lo suficiente para superar la continua crisis de empleos que muchos países todavía enfrentan”. Además, resalta, “con las políticas y tendencias actuales de crecimiento, podría llevar por lo menos cinco años para que Europa y los EUA compensen las pérdidas de empleos causadas por la gran recesión de 2008-2009”.

Por otro lado, los vientos de la realidad han comenzado a calentar a los gabinetes de organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual inició el año con un auténtico mea culpa sobre los resultados de las políticas de austeridad que han impuesto a los países con problemas de endeudamiento. Cuidadosamente publicado como un Working Paper (Borrador)-que no representa necesariamente la postura oficial del FMI-, el documento, escrito por el economista en jefe Olivier Blanchard y su colega Daniel Leigh (Growth Forecast Errors and Fiscal Multipliers), http://www.imf.org/external/pubs/ft/wp/2013/wp1301.pdf admite, cándidamente que los “pronósticos subestimaron significativamente el aumento del desempleo y el declive de la demanda doméstica asociada con la consolidación fiscal”. Sin dar detalles sobre la causa de los “equívocos”, los autores admiten que, como regla general, cada 1% del PIB en recortes presupuestales impuestos a países como España, Irlanda, Grecia, Portugal e Italia, implicó una contracción del 1.5% del PIB, agravando la “espiral de deudas” que han avasallado al continente europeo.

Evidentemente, para no dar su brazo a torcer, los funcionarios del Fondo concluyen afirmando que los resultados no implican que la consolidación fiscal no sea deseable. Virtualmente todas las economías avanzadas enfrentan el desafío de los ajustes fiscales, en respuesta a los elevados niveles de endeudamiento de los gobiernos y las futuras presiones de los cambios demográficos sobre las finanzas públicas. Los efectos de corto plazo (sic) de las políticas fiscales sobre las actividades económicas son solamente uno de los varios factores que necesitan ser considerados en la determinación del ritmo adecuado de consolidación fiscal en cada país.

También, aquí, no es casual que, en agosto último, el FMI haya divulgado un estudio sobre la eventual devolución de la capacidad de emisión de moneda a los Estados nacionales soberanos, separando las funciones monetarias y crediticias de los bancos (“El Plan de Chicago revisado”). Tarde o temprano, una reforma financiera, que es cada vez más apremiante, tendrá que contemplar el hecho de que las economías del siglo XXI, cada vez más complejas, sofisticadas e interdependientes, se muestran incompatibles con los privilegios concedidos a la alta finanza globalizada y sus métodos heredados del Banco de Inglaterra desde finales del siglo XVII.

¡Bienvenidos al 2013!

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